Todo sobre la intolerancia a la fructosa

Esta nueva intolerancia alimentaria implica numerosas restricciones al comer, como evitar la mayoría de frutas, verduras o el azúcar, lo que dificulta hacer la compra o salir a comer fuera de casa. Te ayudamos a descubrir si la padeces y cómo sustituir estos alimentos.

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Andrea Torres es una de esas personas que padece intolerancia a la fructosa, un problema que le detectaron hace cinco años. "El cambio de alimentación fue muy duro y sobre todo, me hizo abrir los ojos, pues al leer las etiquetas de los productos habituales en los supermercados vi la gran cantidad de aditivos y azúcar que llevaba todo", cuenta. Por eso decidió abrir Amali Stevia, una tienda especializada en alimentos saludables e intolerancia a la fructosa.

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Según el doctor Sergio Suárez Guijarro, experto en Aparato Digestivo e Intolerancias en varios hospitales de Madrid, el número de personas diagnosticadas de fructosa y/o sorbitol únicamente por él ya se aproxima a 4.000, y la cifra aumenta a un ritmo muy rápido.

Qué es y cómo se detecta

"Antes de comenzar por explicar qué es, debemos comenzar por definir lo que es la fructuosa", dice María Elvira Sánchez, dietista-nutricionista de Doctoralia. "Se trata de un azúcar simple que se encuentra de manera natural en las frutas y la miel. Forma parte del azúcar común o sacarosa y está formado por una molécula de glucosa y otra de fructosa. También está presente en algunos vegetales en forma de frútanos, moléculas formadas por una cadena de fructosa", explica. Así, como dice esta experta, "una intolerancia a la fructuosa es aquella en la cual cuando una persona consume alguna frutas/verduras o ingredientes alimentarios (sacarosa o sorbitol), se presentan síntomas digestivos: distensión abdominal inmediatamente después de comer, nauseas, vómitos, diarrea, hipoglucemias (disminución del azúcar en sangre)".

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"Médicamente la llaman malabsorción de fructosa, ya que existe una 'intolerancia hereditaria a la fructosa', que es una enfermedad rara y no se deben confundir", apunta Torres. Y, como añade Sánchez, "la intolerancia a la fructuosa es una deficiencia enzimática que en la gran mayoría de los casos no tiene cura (de momento, pero la ciencia avanza mucho), pero sí tiene tratamiento".

¿Cómo se detecta? Como dice Torres, "de la misma forma que la intolerancia a la lactosa, haciendo un test de hidrógeno espirado". "Ahora están separando la prueba para fructosa de la prueba para sorbitol, pero si sale positivo en fructosa, tampoco se puede tomar sorbitol, así que no haría falta hacerse ésta", añade. Sin embargo, como cuenta Torres, sólo la hacen desde hace un par de años en la Seguridad Social, existe un gran desconocimiento sobre el tema.

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Otras causas

Intolerancia a la lactosa, al gluten y ahora a la fructosa. ¿Es este un problema nuevo debido a la alimentación actual? Para la nutrionista no se trata de un proceso. "La intolerancia a los alimentos, en este caso a la fructuosa, suele deberse a una deficiencia de algunas enzimas durante el proceso digestivo, o también pueden producirse por efectos farmacológicos y otras causas. Que escuchemos más sobre la intolerancia a la fructuosa y otros alimentos es porque se han ido estudiando y desarrollado más y diferentes pruebas diagnósticas", aclara Sánchez.

Otra posible razón de este problema, como apunta Torres, "es que exista un problema que esté dañando las paredes del intestino (como una celiaquía), lo que impediría que se absorbieran bien otras sustancias, como por ejemplo la fructosa". En este caso se llamaría intolerancia secundaria", añade.

Sin embargo, para la propietaria de Amali, la intolerancia secundaria a la fructosa puede aparecer también cuando se consume durante mucho tiempo mucha comida procesada, azúcar, etc., "que acaba dañando el intestino y se deja de digerir la fructosa". Pero, como dice Torres, "cuando se sigue una dieta saludable y se quita la fructosa durante un tiempo, el intestino se recupera".

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Consecuencias para la salud

"Un intolerante a la fructuosa puede llevar una vida normal, evidentemente con un buen asesoramiento nutricional", dice Sánchez. "La fructuosa es el azúcar que aportan principalmente frutas y verduras, así que cuando se realiza una restricción de este grupo de alimentos básicamente estamos disminuyendo el aporte de fibra, vitaminas y minerales", explica esta experta. Por ello, añade, "es importante que las personas con intolerancia a la fructuosa sean correctamente suplementadas nutricionalmente, acorde a sus requerimientos nutricionales".

Para Andrea, "puede llegar a complicarse mucho si la persona padece otros problemas intestinales, pero en principio, si se siguen bien las pautas y se consigue tomar algunas verduras y frutas, el cuerpo se adapta a esa nueva forma de comer". "En los primeros años, hasta que aprendí qué y cómo comer, llegué hasta a perder el conocimiento varias veces por la falta de azúcar", cuenta.

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A Torres su intolerancia a la fructosa la llevó a investigar sobre ingredientes, absorción y digestión, "ya que no había información fiable relacionada con la fructosa. "Todo esto me hizo también abrir los ojos ante los productos que estamos comprando habitualmente: al leer las etiquetas vi la gran cantidad de aditivos y azúcar que llevaba todo", cuenta. Andrea decidió cambiar las grandes superficies por tiendas ecológicas u obradores tradicionales, lo que le sentaba mejor. Pero fue precisamente la dificultad de encontrar todo en un mismo lugar y el hecho de tener que pasar horas leyendo si quería probar algo nuevo, lo que la llevó a abrir Amali, un espacio de referencia para las personas aquejadas por este problema y la única tienda en España especializada en intolerancia a la fructosa y/o sorbitol.

Sin embargo, según Torres, "el desconocimiento en el mundo médico y hostelero sigue siendo enorme, salir a comer fuera de casa es una odisea". "Las nuevas corrientes 'sin azúcar' y de alimentación saludable son muy cercanas a la idea de Amali, pero todas esas posibilidades de alimentos son incompatibles con las restricciones de la intolerancia", apunta Andrea.

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Ni frutas, ni verduras ni edulcorantes

Pese a que por su nombre parece que afecta sólo a las frutas, la realidad de la intolerancia a la fructosa es muy distinta. Como explica Torres, "no se pueden tomar la mayoría de frutas ni la mayoría de verduras, los productos con azúcar, los "sin azúcar", por los edulcorantes utilizados, y la comida preparada, por los aditivos.

Para Sánchez, el problema es algo más complejo, ya que "ser intolerante a la fructuosa no siempre supone no comer ni frutas ni verduras o dulces, en mi opinión se trata de conocer cuál es tu nivel de tolerancia a la fructuosa, ya que creo que existen diferentes niveles de tolerancia y cada persona que sufre una intolerancia a la fructuosa lo conoce".

"Al principio, dice Torres, hay que llevar una dieta muy estricta, sin frutas ni verduras durante un tiempo para limpiar el intestino de los posibles restos de fructosa que queden, y después se tienen que ir introduciendo poco a poco frutas y verduras de un listado de aptas para ver cuáles tolera uno personalmente y cuáles no".

Pero además, quienes padecen este problema deben estar muy atentos a los edulcorantes y aditivos, por lo que, como dice Sánchez, "se debe estar muy pendiente de la composición de los alimentos que consumimos". "Uno de los aditivos a evitar, por ejemplo, es el E420 (el sorbitol y jarabe de sorbitol), ya que existe una vía metabólica a través del hígado que lo transforma en fructuosa", apunta esta nutricionista, quien nos señala otros endulzantes a evitar:

- Miel de caña y miel de abeja.

- Confituras, dulces de membrillo y frutas pasas, desecadas o glaseadas (sobre todo ciruelas desecadas, ajo molido, uvas pasas y melocotón, pera).

- Zumos naturales y comerciales de ciruela, manzana, melocotón y pera. Los zumos comerciales de otras frutas pueden tener añadido fructosa y sorbitol.

- Dulces artificiales: caramelos, chicles, gominolas, galletas helados y bollería, chocolate y turrones.

- Medicamentos: jarabes antitusivos, descongestivos y otros medicamentos. La pasta dental tiene sorbitol.

- Licores de frutas, jarabes de maíz.

Torres también señala que hay que tener cuidado con la mayoría de edulcorantes de diabéticos porque son polialcoholes (acaban en -ol), como el maltitol, manitol, etc, y fibras como la inulina. "De todas formas, cuantos más aditivos tienen, más posibilidades hay que de no se digieran bien", concluye.

Los dulces, el punto débil

Para Andrea, antes de abrir su tienda, el tema de los dulces era el punto débil. "Todos los productos habituales contenían azúcar, los "sin azúcar", edulcorantes que no servían, y los ecológicos contenían ingredientes que se descomponen en alguno de los anteriores, así que la única posibilidad era hacerlos en casa. Y con el ritmo de vida que llevamos era sacrificado y no siempre encontraba tiempo para ello", cuenta esta emprendedora como otra de las razones que la llevó a abrir Amali.

¿Cómo se puede sustituir entonces el azúcar? "Para quienes toleren el azúcar, pueden tomarlo pero en cantidades controladas, y si no, no hay muchas posibilidades", dice Torres. "La estevia es una buena opción (para mí la mejor), otra sería, por ejemplo, el sirope de arroz, dentro de los edulcorantes naturales; si hablamos de químicos, la sacarina o el aspartamo y alguno más se toleran, pero yo no los recomendaría para consumir de forma habitual".

Lo famoso en Amali (porque es lo más complicado de encontrar) es lo que se encuentra en el apartado "Para disfrutar" de la web, y son chocolates, galletas, barritas y postres. Aparte de esto encontrarás toda una gama de productos para el día a día, como mermeladas ecológicas con stevia, bebidas vegetales, cereales, pasta, embutidos artesanos, tortitas de cereales, chips de verduras (aptas) que suelen gustar mucho también a personas sin intolerancias, infusiones ecológicas, estevia y otros edulcorantes, y bolsas de golosinas para los cumpleaños de los niños. Además, muchos productos son también sin gluten y sin lactosa.

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