¿A qué huelen las piedras preciosas?

La prestigiosa firma Bulgari ha lanzado seis perfumes-joya inspirados en las gemas más icónicas. Descubrimos su fascinante universo olfativo.

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'No podemos decir que la lavanda “huela” a morado o que el iris “huela” a azul, pero, al mismo tiempo, creo que en nuestra mente existe una asociación natural entre los colores y los aromas': las palabras de Daniela Andrier, maestra perfumista y creadora de la colección Le Gemme de Bulgari, resumen así la creación de esta serie de perfumes únicos.

Noorah, Ashlemah, Lilaia, Maravilla, Calaluna y Amarena son los nombres de estas exquisitas composiciones contenidas en auténticos frascos-joya, inspirados en el diseño de una ánfora romana. Cada uno de los seis Eau de Parfum es un himno al color, la luz y la emoción de la piedra a la que rinde homenaje, a través de una composición de ingredientes delicados, opulentos y extraordinariamente lujosos:

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Ashlemah (Amatista): Inspirada en el brillo y la suave armonía de esta gema violeta-azul iridiscente, Ashlemah está elaborada con lavanda, iris y violeta. En contraste con la delicadeza de la lavanda y la suavidad de la violeta, las notas empolvadas y amaderadas del rizoma de iris juegan con las del heliotropo, un arbusto sudamericano de flores azules. La amatista se ha asociado siempre con el poder divino y espiritual: de los faraones, los druidas y los brahmanes.
Es también la piedra del anillo de los obispos. A los budistas les gusta por sus propiedades esotéricas: favorece la meditación y la intuición.

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Noorah (Turquesa): Un aspecto “cálido y frío” con un carácter muy oriental y alegre, donde las notas de gálbano, cardamomo, iris, resina de benjuí, tabaco y roble se responden entre sí. Símbolo de valor y confianza, se dice que las turquesas son capaces de absorber la energía negativa, protegiendo el cuerpo como un escudo.

Amarena (Turmalina): esta fragancia se declina en forma de un potente trío: la violeta con sus facetas florales y afrutadas, el sensual nardo “cristalizado” y la seductora rosa centifolia. El filósofo griego Teofrasto atribuyó cualidades espirituales a esta gema. Su amplia paleta cromática se extiende desde el verde más profundo hasta el rosa más rojo.

Lilaia (Peridoto): un aroma muy verde con almáciga, una exquisita y elegante planta mediterránea similar al árbol del pistacho, y gálbano, cuyas notas resinosas amaderadas son únicas en la naturaleza. Los faraones empleaban el peridoto para decorar sus sarcófagos más lujosos, ya que lo consideraban un símbolo de vida y regeneración.

Maravilla (Citrino): el radiante y alegre chipre es literalmente transportado por el limón que aporta su carácter intenso y festivo. Esta fragancia está sublimada por un ingrediente puro y raro, el acetivenol, producido a partir de acetato de vetiver. Los griegos llevaban el citrino en anillos o colgantes por su energía creadora y su fuerza protectora, y también se dice que para purificar la piel y calmar la ansiedad.

Calaluna (Piedra luna): una sinfonía de notas de madera de sándalo, cardamomo y heliotropo tierno y almendrado. Estrechamente unida a Venus, los romanos denominaban a esta piedra la Espuma de la Luna, como homenaje a su feminidad misteriosa, magnética y sensual.