En busca del aroma perdido

Todo el mundo tiene un perfume de capricho. Todo el mundo se enamora, al menos una vez en la vida, de un perfume. Y lo hace suyo. Tanto, que cuando esa persona se transforma en recuerdo, se mantiene siempre viva a través de su aroma. Ah, ¿que no te ha pasado? ¡Bienvenida al club!

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Siempre he estado frustrada "olfativamente". Nunca me he enamorado de verdad de un perfume o una nota olfativa. Me gustaban muchos olores y no me gustaba ninguno. Y al mismo tiempo, nunca me sentí identificada con ningún perfume. No había encontrado "el amor verdadero".

Puede parecer una tontería, pero el sentimiento de pertenencia no es nuevo. Todo el mundo necesita sentirse identificado con algo: una tribu, un pensamiento, una filosofía… e incluso un olor. Impregnar tu seña de identidad y mantenerla intacta con el paso de los años en un aroma siempre me pareció fascinante. Quizás por la forma en que los olores evocan pensamientos, recuerdos y personas. Por ejemplo, cuando alguien pasa a mi lado y lleva Esencia, de Loewe, mi padre me visita de repente. O Aire, también de Loewe, con la que viene a mi mente una imagen de mi tía con una blusa de lunares azules. El olor a talco, a las tardes de verano en el patio de mi abuela, entre geranios y leche helada. O el olor intenso a pan, a las mañanas de mi infancia, camino del colegio.

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Y es que el terreno de la perfumería se asienta sobre cimientos emocionales. Así me lo hizo entender Jean-Luc Gardarin, perfumista fundador de Le Secret du Marais y la persona que consiguió sacar, de entre todos mis recuerdos y preferencias, el aroma con el que hoy -por fin- me siento identificada.

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Le Secret du Marais es un viaje a París en un rincón de Madrid (C/Hortaleza, 75). Desde que nació en 2005, el concepto evoluciona sin prisa pero sin pausa gracias a todos los que en el fondo, ansían encontrar su alma gemela en un frasco de cristal. Allí encontrarás todos esos aromas en los que prima su autor y el talento que lo ha creado y no un nombre atrayente, un envase comercial o un frasco original. Y no encontrarás dos iguales del mismo modo que no hay dos personas iguales.

Además de la venta de perfumes y cosmética nicho, en Le Secret du Marais realizan perfiles olfativos a los clientes que, como yo, llegan frustrados. No nos engañemos. Estos perfumes no se caracterizan precisamente por ser económicos. Son únicos y la exclusividad tiene un precio. Hacer una inversión para encontrar tu aroma supone estudiarla a fondo y hacerla con cabeza… y sobre todo, con corazón. Si no te enamoras, márchate. Ya llegará tu príncipe perfume "azul".

Acudí a la cita con Jean-Luc en busca del arca perdida y lo que pasó después fue realmente maravilloso. Antes de comenzar el perfil, Jean-Luc me puso sobre aviso de todo lo que allí iba a pasar, de cómo debía realizar esta "cata a ciegas", de lo sincera que debía ser conmigo misma…

Su sistema se basa en una tecnología de recomendación a través de un diagnóstico personalizado: el sistema NOSE.

Durante 3 años, los expertos de NOSE olieron 8.000 fragancias una a una para reconstruir la fórmula de cada perfume y crear una completísima base de datos de notas de entrada, de salida… Para empezar, debes responder 7 sencillas preguntas con las que harán tu retrato olfativo. En mi caso, no respondí a ninguna porque, en realidad, no sabía qué responder. Me había convertido en un lienzo en blanco para ellos.

Sin embargo, la experiencia no les hizo desencaminarse en ningún momento. Acertaron desde que entré por la puerta. Me retrataron tal y como soy y, sí, dieron en el clavo.

Jean-Luc fue eligiendo perfumes en la primera ronda, sin decirme nombres, ni precios. Yo debía ordenarlos desde los que me horrorizaban hasta aquellos con los que podría prácticamente, ducharme.

Me recomendaron salir a la calle para relajar el olfato entre medias. Al comenzar la segunda vuelta, hice un viaje en toda regla a través de mi memoria. La primera, sirvió de puerta de entrada para que me conocieran. Y en la segunda, viajé al verano del 95, a una soleada terraza con ropa blanca tendida, a campos de jazmín blanco y limoneros, a la estantería de mi infancia repleta de muñecos despeinados y hasta al tocador de mi abuela con sus polvos de talco.

Y tras todos esos viajes, Jean-Luc fue capaz de acertar con el olor que, en mi caso, pensaba que era mi alma gemela. Mi seña de identidad. Y fue curioso, porque hasta se llama igual que yo: Blanche, de Byredo.

Salí victoriosa. Pero más que victoriosa, sentía haber completado un nivel de mi vida que se había quedado a medias.

Junto al perfume de Byredo, estas fueron algunas de las otras recomendaciones que Jean-Luc encajó en mi perfil: Aqua Universalis, de Francis Kurkdijan y Teint de Neige, de Lorenzo Villoresi.

Fue casi mágico. Y lo mejor es que cuando los años pasen, espero que mi hija al oler Blanche, piense en mi.

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