Jabones naturales: manual de uso

Los jabones naturales, en pastilla de toda la vida, le están comiendo el terreno al gel de ducha e incluso al body milk. Son 100% naturales, vegetales, muchas veces orgánicos, y aptos para todo tipo de pieles, incluidas las secas y/o sensibles.

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“No es cierto que los geles sean más higiénicos. Los jabones en barra se conservan perfectamente sin la presencia de bacterias u hongos de forma natural, mientras que los líquidos precisan de una gran cantidad de conservantes artificiales para mantenerse libres de microorganismos dañinos para la piel. Por otro lado, además de un sinfín de sustancias sintéticas, como perfumes artificiales y colorantes, en los geles el agua supone más de un 90% de la composición total, por no hablar del impacto medioambiental que provocan simplemente con sus espumas, que no son biodegradables, como si lo es la de los jabones naturales Premium, fabricados a través de cold process”, reivindica Tahone Jacobs, creadora de la firma de cosmética natural Per Purr (www.perpurr.com).
Además, no solo limpian la piel, también la tratan –luchan contra el envejecimiento y el sol, a base de antioxidantes naturales-, la calman, la hidratan, la nutren, la revitalizan, la detoxifican, la relajan y la protegen de bacterias y radicales libres. También mejoran el ánimo, la circulación y hasta los dolores musculares. Y están hechos con ingredientes botánicos, aceites vegetales esenciales naturales, puros y de alta calidad, compatibles y respetuosos con la piel, incluso con las sensibles y reactivas. Al final son una muy buena opción para la salud de la piel y el medio ambiente.
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Pero, que no te den gato por liebre porque no todos los jabones son iguales. Los hay industriales y sintéticos, o artesanales y naturales. Tú decides:
Regla nº1. No deben contener detergente sintético –sodium lauroyl isethionate, olefin sulfonate-, alcohol, ni perfume, “porque irritan y agreden las pieles sensibles y/o con tendencia a la sequedad”, según Jacobs.
Regla nº2. Tampoco grasa animal o aceites de origen animal –castor oil o aceite de ricino-, sino aceites vegetales y ser posible esenciales.  “Los aceites animales a ras de la piel, con el tiempo, también provocan obstrucción de los poros, pudiendo desencadenar reacciones alérgicas y activar, en personas con tendencia, brotes de acné. Además, la piel acaba por perder elasticidad y luminosidad”, asegura la experta.
Regla nº3. La glicerina tiene que ser 100% natural, no sintética, para que sea humectante, emoliente y protectora de la piel. “Es clave para hidratar y equilibrar el pH dérmico y contrarrestar el efecto del jabón, que se lleva parte del manto hidrolipídico de la piel”, advierte Jacobs. Sin glicerina natural los jabones resecan mucho la piel y la hacen más propensa a sufrir reacciones alérgicas.
Regla nº4. Elaborados artesanalmente por procesamiento en frío –cold process-. Que supone no calentar los aceites vegetales más allá de los 50º C para mantener intactas sus propiedades. “En los procesos industriales fácilmente se superan los 200º C, de forma que si se incorporan aceites vegetales perderían su eficacia y propiedades por exceso de calor”, apunta la fundadora de Per Purr.
Regla nº5. Deben “madurar” naturalmente durante cuatro semanas –parecido al proceso de “curación” del jamón o el vino-. “Lo que implica renunciar a los procesos de fabricación rápida y a gran escala. En la industria masiva se recurre a técnicas para acelerar los procesos con el objetivo de disminuir el tiempo de producción y reducir los costes”, concluye Jacobs.

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