¿Por qué masajearse con ventosas?

El atleta Michael Phelps ha sorprendido a más de uno mostrando unas curiosas marcas circulares en la espalda en las olimpiadas de Rio. Antes que él, algunas 'celebrities' ya habían mostrado estas llamativas marcas que asomaban por sus vestidos de alfombra roja. ¿Abducción extraterrestre? No, un curioso masaje milenario que, según algunos, puede tratar diversas condiciones.

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<p>Gwyneth Paltrow y Jennifer Aniston lo han probado, a tenor de las marcas en la espalda que ambas han mostrado en alguna ocasión sobre la alfombra roja. La técnica de masajearse con ventosas recibe el nombre de 'Cupping' y no es algo nuevo: se trata de una práctica milenaria que tiene sus raíces en la medicina tradicional china. </p>

<p>Esta técnica emplea una especie de copas de cristal que se calientan con fuego y se aplican sobre la espalda del paciente, succionando la piel. Pero esta 'terapia peligrosa' ha sido adaptada a los tiempos que corren con sistemas de succión que hacen innecesario el uso de fuego y pueda utilizarse en otras partes del cuerpo.</p>

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En el balneario de Villa Padierna Thermas (Málaga) confían en los masajes con ventosas de la firma Piroche: "Se trata de un masaje vibratorio aplicado con aparatología de la marca, que mediante la succión y bombeo que ejercen unas ventosas de cristal permite la movilización de toxinas", afirman. Esta terapia sería útil para relajar los músculos, eliminar líquidos o reducir la celulitis. La parte negativa de este tratamiento serían las marcas que pueden ocasionar en la piel como consecuencia de la ruptura de capilares por succión.

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A pesar de que esta práctica no está respaldada de forma científica, grandes atletas como el nadador estadounidense Michael Phelps confían en ella. Y el gimnasta Alex Naddour, también estadounidense, asegura que la técnica del 'cupping' le resulta más efectiva a la hora de tratar problemas musculares que las inyecciones de cortisona o los masajes convencionales. Mientras la ciencia debate si estamos ante una técnica solvente o un mero efecto placebo, los atletas de Río parecen disfrutar ya de sus ventajas.