10 cosas que he aprendido al teñirme de rubio platino

"¿Quién es esa persona del espejo?"

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En una de las secuencias más famosas de la película 'Vértigo', James Stewart convence a Kim Novak para que se tiña el pelo de rubio, con el fin de hacerla idéntica a la mujer fallecida de la que estaba enamorado (y que también era Kim Novak...). Por algún motivo, esta escena daba vueltas en mi cabeza de camino a mi cita con Quique Sánchez, director creativo del salón Espacio Q, con quien había quedado para someterme al cambio capilar más radical que he sufrido hasta el momento: el rubio platino.

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Nunca había tenido demasiada intención de cambiar mi color de pelo. Una vez superada la adolescencia y las terribles decisiones capilares que la acompañan, apenas he vuelto a teñirme. Y, por supuesto, jamás se me había pasado por la cabeza hacerme un cambio tan drástico... hasta que las palabras 'quiero teñirme de platino' salieron de mi boca de una manera absolutamente kamikaze e inesperada.

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Hay algo en el cabello que lo convierte en un elemento casi mágico de nuestra personalidad. Según el estudio Beauty Insights de Google, el pelo supone un 51% de las búsquedas relacionadas con belleza que se realizan en España. Y, dentro de éstas, la categoría de coloración ha crecido un 45% sólo en el último año. A las españolas les gusta teñirse, aunque yo no terminase de comprender por qué.

Antes y después.

Lo que sí descubrí pronto es una serie de ventajas, desventajas y efectos secundarios de mi nueva condición de rubia:

1. Es un proceso largo

Pero muy largo. En mi caso fueron necesarias dos citas espaciadas por una semana, cada una de ellas de varias horas.

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2. Debes tener cuidado con otros productos que hayas llevado en el pelo

La causa de que el proceso fuera tan largo en mi caso, según me contó Quique, fue debida a que mi pelo tenía restos de henna. A pesar de no haberme teñido en mucho tiempo, hace unos meses me hice un tratamiento con este ingrediente en el cuero cabelludo. Esto fue suficiente para que los pigmentos del producto, muy resistentes, se negaran a desaparecer de mi pelo a pesar de las decoloraciones. Por ello también es importante ponerse en manos profesionales: "Podría haberte puesto una decoloración de 40 volúmenes de peróxido para acabar con los matices de la henna de una vez, pero probablemente también habría acabado con el cabello entero", me aseguró Quique al final de la primera sesión. Una opción poco recomendable.

3. Prepárate para no reconocerte ante el espejo

Literalmente. He tardado varios días en ser capaz de asociar la imagen del espejo con la mía.

4. ... y para que algunos no te reconozcan

¿Saludar a un conocido por la calle y que me devuelva una mirada de 'y tú quién eres'? Mi nuevo deporte favorito.

5. Y para que otros alucinen

El primer día serás el centro de atención de la oficina. Y pasarás semanas presenciando una escena de estupefacción por cada persona que te vea con el pelo teñido por primera vez.

6. El mantenimiento es complicado

Para Quique, el momento adecuado para retocarse el color cuando te has teñido de platino es una vez al mes: "Si la raíz crece demasiado, es más difícil de decolorar". Eso implica una visita a la peluquería al mes (como mínimo), un dato a tener en cuenta por 'beauty vagas' como yo.

7. Es una agresión para el cabello

Decolorar no es otra cosa que arrancar el pigmento de tu pelo. Y esto, como podéis imaginar, no es demasiado bueno para su salud. "Es por ello por lo que apenas se ven melenas largas teñidas de platino", afirma el director de Espacio Q. Salvo que seas Khaleesi, claro.

En mi caso, he pasado de tener el pelo graso a tenerlo bastante seco. Y esto me ha permitido descubrir uno de los grandes misterios del ser humano: cada cuánto lavarse el pelo. Si antes tenía que hacerlo a diario, ahora puedo espaciarlo dos o tres días. Así que tengo un mensaje para aquellas personas que, como mi yo anterior, se ven en la necesidad de lavarse el cabello a diario: no eres tú, es tu pelo.

8. Cuidado con las cosas que destiñen

Es ya clásico el pelo verde a causa del cloro de la piscina, pero Quique me ha prevenido acerca de otros contratiempos a tener en cuenta: "Imagina que entras a clase de bikram yoga con una pinza rosa en el pelo... el color podría transferirse porque la fibra capilar es ahora muy porosa". Nota mental: no usar pinzas.

9. Es adictivo...

Una vez superado el 'shock' inicial del cambio, me acostumbré a mi nuevo color y me pareció la mejor decisión que había tomado nunca. Quizá sea cierto que, como dicen, el rubio crea adicción.

10. Pero te sume en una crisis de personalidad

Superada la etapa de luna de miel con mi pelo, ahora comienzo a pensar si fue una buena idea. A pesar de estar contenta con mi cambio de 'look', empiezo a plantearme si este color está hecho para mi. Un tono tan distinto al habitual supone volver a plantearte qué prendas te quedan bien, qué colores de labios usar... ¿Ese abrigo camel sigue combinando bien con mi estilo? ¿Qué tipo de imagen de mi misma estoy dando? ¿Parezco más profesional o, por el contrario, más inmadura?

Todas estas cuestiones me han servido para entender el verdadero motivo de la fascinación por los tintes de pelo. En esencia, son una manera muy sencilla (y barata) de cambiar el modo en el que otros te perciben. Teñirte de un nuevo color te permite convertirte en quien tú quieras. James Stewart lo sabía y, ahora, yo también lo sé.

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