Desear una cocina de diseño puede aumentar tus probabilidades de comer más

Hay caprichos que pasan factura a tu body.

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¿Quién no ha soñado nunca con una cocina en la que pudieras patinar por ella, esconderte en sus armarios, que estuviera repleta de encimeras de mármol y paredes pizarra…? Sí, esas que guardas en tu tablero de Pinterest.

Quizás te replantees soñar con otro tipo de cocina cuando conozcas el síndrome de "La Cocina-trofeo".

Según The Sage Encyclopedia of Food Issues y recuperado por Melani Mühl y Diana von Kopp en el libro 'La alimentación es la cuestión' (Ed. Planeta), una cocina-trofeo se distingue por sus muebles de acero inoxidable, sus acabados en mármol, granito o cuarzo, equipos de cocina pro y electrodomésticos pequeños y selectivos, como las máquinas de café espresso. Además, disponen de islas e iluminación cenital, tipo escenario, sobre vitrinas de cristal y aparatos de última tecnología.

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Pues bien, estas cocinas no están diseñadas sólo para cocinar. Como su propio nombre indica, son un símbolo de estatus que refleja el estilo de vida de la persona que "habita" en ella. Y escribimos "habita" entrecomillado porque sí: HABITA. No cocina, ni come solamente. Vive casi las 24 horas en ella de lo bien que se está. Para que te hagas una idea, hablamos de cocinas como la que eligió la directora Nancy Meyers en 'Cuando menos te lo esperas' (2003), en la que Jack Nicholson y Diane Keaton pasan horas y horas coqueteando entre armarios blancos y encimeras de piedra.

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Pero no todo son arco iris y purpurina en esta historia. En 2007, el New York Times publicó un estudio que demostraba que tras la reforma de un piso, con la cocina ya impecable… surgía una "depresión post-reforma". Algo así como el síndrome del nido vacío que surge cuando los hijos se marchan de casa. Y hay más: desear tener esta cocina puede hacer que aumenten las probabilidades de engordar.

¿Por qué? Porque cuanto más cómodos nos sentimos en nuestra cocina, más tiempo pasamos en ella y más probabilidades hay de abrir la nevera o los armarios (y ten en cuenta que en estas cocinas hay MUCHOS armarios y cabe MUCHA comida).

Todavía hay quien estira este concepto de cocina un poco más. Es el caso del autor de 'Delgado por diseño', Brian Wansink. Para él, estas cocinas son una expresión de la sociedad actual y sus malos hábitos o, lo que es lo mismo, que come sin orden ni concierto.

La idea de Wansick ha causado tanto revuelo que es una estrella de las conferencias y de las cocinas. La gente le llama para que les asesore sobre cómo reformarlas.

¿Que tienes una buena luz en la cocina? MAL. ¿Que tienes allí el cargador del móvil? PEOR. Wansick te hará sacarlo todo. Tranquila, tampoco dejará tu cocina vacía del todo porque al primer golpe de hambre ira por tener tu cocina convertida en un desierto triste y solitario, te bajarás al bar más cercano a por el pincho más grasiento y calórico que veas en la barra. Y Wansick se enfadará después.

Por ejemplo, el autor te aconsejará pintar tu cocina en un tono distinto al blanco (hola diseñadores, se acabó lo bueno). Afirma que este color estimula el apetito. En su lugar, recomienda que sea en tonos verdes, azules o calabaza.

Melanie Mühl y Diana von Kopp han sacado sus propias conclusiones sobre este tema en su libro y claro, tras todo este panorama… ¿a quién le va apetecer ahora tener una cocina de Pinterest, si te va a hacer engordar sin control? Para las autoras, la cocina sigue teniendo un papel fundamental en las relaciones sociales. Es un lugar de reunión, de intercambio y hasta de encuentros románticos así que, diseñar una nueva cocina en tonos neón repleta de coles y pepinos por todas partes… tampoco es la solución.

Conclusión: nos gusta comer, nos gustan las cocinas bonitas… estamos perdidos.

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