Desmontando la 'comfort food'

Por qué ya no te va a servir eso de "es que estoy triste" cuando devores chocolate entre lágrimas.

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¿Quién no ha sufrido alguna vez mal de amores? De sobra es conocido que, cuando uno está triste, una caja de bombones, unas patatas fritas o un pack triple de chocolate es lo mejor que puedes hacer por esa persona. O eso creíamos.

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El psicólogo Arthur Aron centró sus investigaciones en la arquitectura de las relaciones humanas. Sus estudios sobre las funciones cerebrales de personas que habían sufrido una decepción por amor demostraron que nuestro cuerpo sufre las mismas reacciones de abstinencia física que un adicto a la cocaína. Todos hemos sido alguna vez unos "drogadictos amorosos".

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Que se lo digan a Bridget Jones, que dio buena muestra de ello en la primera cinta de la saga, en la que los kilos subían y subían entre chocolate y helado cuando sonaba en la radio la maldita canción.

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Tan gráfico es este ejemplo que hasta los estudios lo han tomado como referencia para denominar a toda esta adicción emocional como el "efecto Bridget Jones".

Lo que creíamos que nos reconfortaba el alma, la llamada 'comfort food', esos alimentos que alivian nuestros sentimientos -o eso pensábamos-… no sirven en realidad para nada más que para engordar.

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Sí, es cierto que el mix que forman los carbohidratos y la grasa libera, a través de procesos hormonales, torrentes de dopamina (responsable de la regulación del placer). Despierta nuestros sentidos de manera intensa pero… ¿acaso crees que lo que está haciendo es curarte el corazón? Pues lo sentimos, pero no. La sensación de alivio temporal no es por otra razón que la mera distracción de paladear la consistencia cambiante de estos alimentos. Sobre todo el momento en el que el chocolate se derrite en la boca. Durante esos instantes de disfrute, todo parece ser mejor. Y tan sólo significa que estás distraída en otro asunto.

Y hay más, dependiendo del tipo de persona que seas, podrás ser más o menos susceptible a la comida consuelo. Así lo demostró Shira Gabriel, de la Universidad Estatal de Nueva York, afirmando que aquellos que confían más en las relaciones sociales son los que más necesitan de su alimento de consuelo cuando algo falla.

Sin embargo, hay algo por lo que podrían salvarse. El efecto relajante y estimulante de los ingredientes juega un papel fundamental. Muchos de ellos tienen triptófano y teobramina. El primero, un aminoácido esencial responsable de la hormona de la felicidad (la serotonina) y la teobramina, presente en el chocolate, produce un efecto similar al que provoca la cafeína. Pero no, no van a solucionar tus problemas sentimentales.

Pensémoslo un momento: una tableta de chocolate o una bolsa de patatas no van a devolverte la paz interior de la noche a la mañana. Y por si aún no te hemos convencido de que la comida consuelo es un engaño, quizás lo haga este experimento, recogido en el libro 'La alimentación es la cuestión', de Melanie Mühl y Diana von Kopp.

Los participantes vieron una película perturbadora y a continuación, unos recibieron su alimento antiestrés favorito, otro grupo recibió un aperitivo que les gustaba, otros una barra de chocolate y un último grupo de control no recibió nada.

¿Cuál fue el resultado? El mismo para todos. Vamos, que su estado de ánimo tras el visionado mejoró con el tiempo, con o sin comida consuelo.

A pesar de que la directora del experimento afirmó que buscar la causalidad en la 'comfort food' es erróneo, aconsejaba comer helado igualmente porque, "no es mágico pero... ¡está rico!".

Consejo que no vale, por otra parte, para los comedores emocionales que probablemente necesitarán otro tipo de ayuda terapéutica, ya que perder el control con la alimentación es bastante peor que una ruptura.

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Una cosa es innegable: es imposible hacer juicios de valor cuando estamos emocionalmente alterados. Y esto, también se ha demostrado.

En otro experimento mostraron a los participantes varios tipos de vídeos. Un grupo vio contenidos felices, otro participó visionando contenidos tristes y un tercer grupo, contenidos aburridos.

Después, los tres grupos debían estimar qué cantidad de grasa tendría una mezcla de leche y nata. Los que vieron películas tristes subestimaron las calorías. Algo que no pasó con el resto de grupos.

Que sí, que ya sabemos que cuando estamos tristes no estamos para nadie (sólo para los helados y el chocolate). Pero recuerda: hay esperanza. Si los estudios han demostrado que la comida consuelo no sirve para nada y que el estado de ánimo mejorará con el tiempo, con o sin ella, mejor hacerlo sorteando los kilos de más, ¿no?

No te conviertas en la próxima Bridget Jones y… ¡a otra cosa, mariposa! 🦋

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