Dieta: salir a cenar sin pecar

Estar a régimen no tiene por qué ser una condena. No acabes con tu vida social sólo porque quieres perder peso: se puede comer fuera sin cometer ningún exceso del que te arrepientas en la báscula. Nosotros te decimos cómo.

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Es fin de semana y tus amigos han quedado a cenar. De lunes a viernes has estado a ensalada y pollo a la plancha, así que mejor declinas la oferta, no sea que el sacrificio haya sido en balde. Contenerte no es tu fuerte, porque si por ti fuera te comerías toda la carta del restaurante… No seas radical, alternar y hacer dieta no están reñidos, simplemente no se llevan tan bien como deberían. Todo es cuestión de prepararse, concienciarse, seguir unas reglas y, sobre todo, divertirse. Grábate esto a fuego (aunque sea difícil de digerir): la buena compañía sabe mucho mejor que cualquier tarta de chocolate del mundo.

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Haz las cuatro comidas anteriores No se te ocurra caer en el error de intentar compensar. Eso puedes hacerlo de vez en cuando si quieres mantener el peso, pero no si deseas perderlo. No vale pasarse todo el día a agua para luego meterse una cena de campeonato. Al final lo que consigues es consumir las calorías todas de golpe, con sus correspondientes grasas y azúcares, por lo que engordarás. Lo que debes hacer es seguir la normal de las cinco comidas, para no pasar hambre. Si llegas a la mesa con el apetito justo, te será más fácil evitar la tentación. Desayuno y comidas sanas y fuertes y media mañana y media tarde sanas y ligeras. ¿La cena? A eso vamos.

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Siéntate bien Busca siempre la esquina, pero no la cabecera. Evitarás que los platos pasen continuamente por tus narices. En tu esquina tendrás visibilidad reducida, y ojos que no ven…

Déjate las gafas en casa… o abstente de leer. ¿Por qué vas a seguir leyendo la descripción de la carta si empieza por "Croquetas de…". Ya pueden ser de diurética alcachofa, que si son croquetas, engordan. No sufras más de la cuenta. Haz una lectura superficial y detente en lo que sabes que puedes comer sin arrepentirte.

¡No hay excusa! Siempre habrá algo para ti y tus objetivos. Estés en un italiano, un turco, un mexicano o una fábrica de queso. Igual que abres la boca para comer lo puedes hacer para hablar. La ensalada con rulo de cabra puede ir sin rulo de cabra, en serio. El 'tartar' de atún no tiene por qué acompañarse con una mayonesa de 'wasabi'. Y, obviamente, en cocina les da igual servirte el segundo plato con o sin patatas. Estudia todas las posibilidades.

Pide un entrante No te hagas la dura, no tienes que comer sólo el pescado a la plancha. Además eso es mala idea. Si estás durante una hora viendo cómo tus amigos comparten sabrosos platos, ten por seguro de que o sufrirás o pecarás. ¿Y qué puedes picotear? Un plato de jamón ibérico, lacón a la gallega, 'sashimi', marisco, ensaladas, verduras a la plancha… Rico y saciante.

Cuidado con la copa Ya sabrás que el alcohol no es muy amigo de las dietas, pero tampoco hay que morir de apatía, ¿no? Además, no hay mejor forma de combatir el hambre que la felicidad. Una copita cae. Elige vino tinto mejor que el blanco, que tiene más azúcar. Eso sí, no te pases porque el alcohol desinhibe y no querrás que te desinhiba tanto que acabes rebañando el plato del de al lado.

Postre, postre Pues no. Aquí no hay más remedio que levantarse e ir al baño, a llamar a otra amiga desde la terraza o, incluso, whatsappear con tu jefa. Haz todo lo que sea necesario para no ver lo que te pierdes y recuerda tu recompensa: la satisfacción personal. Ve pidiéndote el 'gin-tonic' para la sobremesa, ¡te lo has ganado!