Aceite, el 'boom' cosmético

Descubre el nuevo 'boom' cosmético.

aceite

Si le recomiendas a una mujer que aplique aceite sobre su pelo, probablemente alegará que no quiere engrasar su melena. Error: hoy las fórmulas cosméticas aprovechan todos los beneficios de este ingrediente y evitan sus posibles perjuicios. Asistimos a un auténtico boom de productos oleosos, ya sean para el cabello, la piel e incluso para crear nuevas propuestas de maquillaje y perfumería. Hay muchas razones que explican este renacer los aceites. La primera es que, «si son de buena calidad y están bien elegidos, resultan muy interesantes por la gran cantidad de activos que contienen», explica María José Martínez Caballero, creadora de Archangela. Otro motivo de su éxito es su enorme afinidad con el tejido cutáneo, ya que sus ácidos grasos son muy similares al manto de la epidermis. «Además, para conservarse no necesitan más que algún antioxidante potente, por lo que se pueden utilizar en su forma casi genuina», añade la experta.

Ildi Guba, directora de Chi Spa, es otra de las defensoras de los aceites: «Funcionan muy bien para transportar los activos de los cosméticos y ayudan a que actúen mejor. Además, suelen estar libres de compuestos químicos o tóxicos para la piel. Y, por supuesto, retienen muy bien la humedad y mantienen la piel hidratada durante más tiempo».

Para el cuerpo
Los tratamientos corporales están entre los grandes beneficiados del auge de los aceites en cosmética. No sólo hidratan y suavizan, sino que además son excelentes para controlar la celulitis, reducir las estrías, reafirmar y aliviar la retención de líquidos. Para sacarles el máximo partido, «lo más adecuado es aplicarlos una vez al día, preferiblemente después de la ducha y con un buen masaje», aconseja Ildi Guba. Los aceites corporales también son perfectos para disfrutar de un baño relajante o, al revés, muy tonificante. Para prepararlo, basta con diluir unas cuantas gotas en una bañera llena de agua y dejar que el calor, la humedad y sus activos se alíen.Pero donde más se utilizan los aceites es en los tratamientos de aromaterapia. Su razón de ser se basa en su capacidad para sanar el cuerpo y la mente a través de la piel y el olfato. Esta ciencia utiliza dos tipos de aceites distintos. Los vegetales, ricos en ácidos grasos esenciales, se obtienen prensando los frutos del olivo, el almendro, la rosa mosqueta o el argán. Los esenciales proceden de las hojas, las flores, la corteza o la resina de plantas aromáticas como la rosa, el incienso, la bergamota o el sándalo. Distinguir entre unos y otros es fundamental para no arriesgar la piel. Los vegetales se pueden utilizar sin problemas, pero los esenciales son tan potentes que hay que disolverlos en aceites vegetales o en alcohol antes de utilizarlos. La única excepción son los de lavanda y del árbol de té, siempre que se empleen en muy pequeña cantidad.

Para perfumarse
Incluso desde antes de la época de los faraones, los aceites se utilizaban para perfumar el cuerpo, bien en estado puro o en forma de ungüentos en los que se mezclaban diferentes variedades. Por eso son una de las materias primas fundamentales en el mundo de la perfumería, donde se emplean, entre otras cosas, para macerar todo tipo de plantas y flores y extraer sus fragancias únicas. Ahora, los perfumes en aceite triunfan como una categoría propia dentro de la gran familia de las fragancias. Tienen la gran ventaja de que, como no suelen llevar alcohol, resultan perfectos para los cutis sensibles, ya que no irritan. Además, se funden lentamente en la piel, lo que les da una gran persistencia.

Para el pelo
Ya sea para conseguir un efecto wet o para preservar la fibra capilar, el aceite se nos ha subido definitivamente a la cabeza. El que se usa en gran parte de las fórmulas capilares es el de argán, al que se han sumado otros como los de camelia, maíz, magnolia, palma... «Los aceites nutren, revitalizan, rellenan, suavizan, protegen, desenredan y magnifican la belleza del pelo», asegura el peluquero Eduardo Sánchez, director de los salones madrileños que llevan su nombre. Existe la creencia generalizada de que los aceites engrasan el cabello, pero no tiene por qué ser cierto. Como explica Eduardo, «gracias a los nuevos avances tecnológicos se pueden utilizar de diferentes maneras y para distintos tipos de cabello, ya que se adaptan al pelo y mantienen su volumen y ligereza. El mejor ejemplo es el aceite de germen de trigo, que contrarresta la producción de sebo gracias a su capacidad para oxigenar el cuero cabelludo y, por tanto, el folículo piloso-». Por eso prácticamente todos los tipos de melenas pueden encontrar una aplicación adecuada a sus necesidades. Desde añadir brillo, peso y sedosidad al pelo grueso hasta rellenar la cutícula de los muy porosos o definir las ondas de los cabellos rizados. Incluso hay fórmulas específicas para que los cabellos más finos y lisos ganen cuerpo.  

Para el rostro
El mayor número de innovaciones en el universo de los aceites se está centrando en los tratamientos cutáneos. Gracias a este desarrollo se está acabando con uno de los grandes mitos que les afectan: el de dejar una sensación pringosa e incómoda en la piel. Nada más lejos de la realidad, siempre y cuando «se utilice el aceite adecuado en función del  efecto que se busque y las características de cada piel», señala la responsable de Chi Spa. Además, no hay que pasarse con la cantidad de producto: bastan cinco gotas, templadas entre la palma de las manos, para cuidar el rostro, el cuello y el escote. Junto a los aceites  más conocidos, como el de almendras o argán, destacan otros por sus sorprendentes propiedades: «El de arroz unifica el tono y tiene acción antienvejecimiento, el de higo de chumbera es una excelente fuente de antioxidantes, el de granada calma la piel y el de lys combate las manchas», describe la doctora Martínez Caballero. Incluso pueden usarse como astringentes. «El de jojoba, por ejemplo, regula las glándulas sebáceas, y los de avellana y de melón de Kalahari controlan la producción de sebo. Y hasta los hay indicados para los cutis acnéicos, como el aceite de papaya», añade la experta. Aplícalos a diario, mañana y noche, si tienes la piel muy seca, o como cura de choque cada dos meses.

Para maquillarse
Los últimos en sumarse a esta tendencia son los productos de maquillaje. En realidad, los aceites (tanto vegetales como esenciales) formaban parte, en pequeñas dosis, de la composición de algunos labiales y fondos de maquillaje desde hace años, pero es ahora cuando han podido presentarse en sociedad con sofisticadas fórmulas íntegramente oleosas.  
La razón de que no se utilicen más es que es muy complicado mezclarlos con pigmentos. Pero una vez que se consigue llega la magia: el color se distribuye uniformemente y aumenta de intensidad a medida que se disuelven. Como explica David Rodríguez, maquillador de Clarins, «los aceites esenciales son capaces de llegar rápidamente a las capas más profundas de la piel sin dejar rastro. Los vegetales, por su parte, se quedan en la superficie, protegiendo, hidratando y reparando. Además, son los responsables de conseguir ese acabado brillante tan apreciado en cosmética».

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'Huile Sublime' (26 €), de Roger & Gallet.

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'Red Musk' (27 €), de The Body Shop.

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'Oil Miracle' (19,95 €), de Schwarzkopf.

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'Chronologiste Le Parfum en Huile' (46 €), de Kérastase. Aceite perfumado para el pelo.

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