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En casa de Birgitte Rabens

La vivienda de la diseñadora danesa Birgitte Rabens conjuga con soltura la sencillez del estilo nórdico con el exotismo de los detalles asiáticos.

Realización: Susana Ocaña. Fotos: Raúl Candales. Texto: Mar Santamaría. - 11-03-2010

decoración-oriental

Una sugerente mezcla entre la simplicidad nórdica y el exotismo asiático nos da la bienvenida al llegar a la casa de la diseñadora de moda danesa Birgitte Rabens Olrik. Viajera incansable, curiosa por vo­cación y amante de la artesanía, Birgitte ha convertido su tra­bajo y su vivienda en una fiel proyección de sus gustos personales. Desde su fir­ma Rabens Saloner propone una moda fresca, natural y desen­fa­da­da impregnada de detalles con claras reminis­cencias orientales. En luga­res tan fascinantes como Tailandia, Bali o Katmandú encuentra no sólo su ins­­piración sino también multitud de piezas decorativas que Birgitte ate­sora en su casa y comercializa después a través de su firma junto a sus colecciones de moda. “Cada nueva colección nace de un lugar que ha causado una impresión especial en mi. Al volver de cada viaje recuerdo formas, colores, tex­tu­ras... y después las combino y reinvento de mil formas hasta que compongo la nueva co­lección”, nos cuenta Birgitte. Su casa, muy luminosa, amplia y absolutamente aco­ge­dora, se convierte en el escenario perfecto para mostrar la sosegada convivencia en­tre iconos de autor, como las míticas sillas Plastic Chair con patas Eiffel de los Eames, mobiliario de diseño danés, como la silla de Erik Magnussen, piezas de aire industrial, el armario de Fil dé Fer o los sorprendentes detalles orientales: sedosos cojines traídos de Tailandia, serenos budas de piedra procedentes de Bali, lienzos en gran formato del pintor abstracto taiwanés Thaiwijit Puangkasemsomboon...

La casa es­tá estructurada en una sucesión de espacios consecutivos y casi com­pletamente abiertos unos a otros. El salón, escuetamente amueblado pero lleno de detalles sugerentes, da paso al comedor, funcional y con una mezcla de estilos nórdico y oriental, que combina perfectamente con el espíritu industrial de las grandes lám­paras suspendidas sobre la mesa. En la cocina, donde impera la sen­cillez, llaman la atención el mueble de obra para almacenar a la vista una original vajilla de cerámica realizada a mano y los múltiples guiños a la creatividad como el botellero diseñado con dos cajas de madera superpuestas. El dormitorio, un espacio tan luminoso y personal como el resto de la casa, mantiene el lema de menos es más para el mobiliario y reserva la brillantez para detalles inspiradores como las grandes letras metálicas, la colcha blanca de crochet o la colección de figuras orientales. Cada rincón de la vivienda refleja la pasión incondicional de esta diseñadora danesa por la artesanía tradicional asiática: “Tengo una debilidad especial por las cosas que se hacen a mano y estoy muy interesada en promover la sos­tenibilidad en los países de origen. ¡Hay tanta inspiración que recoger de los artesanos locales si uno sabe apreciar sus habilidades personales y respetar sus tradiciones!”, confiesa Birgitte. Los siete u ocho meses al año que pasa fuera de casa le permiten mantener vivo ese espíritu inquieto y atrevido que siempre está buscando nuevas fuentes de inspiración. Sus maletas siempre vuelven llenas de tesoros para nutrir sus colecciones y su vivienda de preciadas adquisiciones llegadas del Lejano Oriente.