Una casa made in France

Oh là là..!

...Eso dijimos cuando descubrimos esta casa escondida en una villa francesa. Aquí reinan el color y el humor, y todos los juegos y travesuras están permitidos. Su propietaria, la estilista Anne Millet ha creado este refugio hippy chic. ¡Prohibido aburrirse!

Realización: Tina Holm/Living Agency. Fotos : Jean-Marc Wullschleger/Living Agency. Texto: Ana Rodríguez. - 09-05-2014

Si pensabas que todo el mundo se muere por vivir en París, te sorprenderá saber que hay quien toma la carretera en dirección contraria. Así lo hizo la estilista de moda infantil Anne Millet, quien cambió una vida trepidante en la Ciudad de la Luz por otra en la apacible Clisson, una encantadora villa medieval cercana a Nantes, en la costa oeste de Francia. Este lugar ¡de cuento! le pareció ideal para construir con Yorick, su marido holandés, su particular nido, al que después llegarían, Reina y Niels.

Estilista, blogger (mymobilhome.blogspot.com) y fotógrafa, Anne es una virtuosa a la hora de elegir las piezas justas para componer espacios bellos. Y ha conseguido hacer de esta casa, construida en 1890 y abandonada durante años por sus antiguos propietarios, un espacio desbordante de color y alegría, a la medida de sus hijos, plasmando en él todas sus ideas y hallazgos. Por profesión y afición, es una viajera empedernida y una fan de los años 50. Adora rescatar tesoros y piezas vintage de anticuarios y mercadillos en diversos puntos del globo. En esta casa se rodea de todos los que la hacen sentirse feliz a ella y a su familia. 
Un aire bohemio y travieso se respira en rincones llenos de sorpresas: Anne ha puesto 
salvamanteles de ganchillo como lámparas, pañuelos y cometas en la pared a modo de 
cuadros, se ha atrevido a pintar de amarillo rabioso la encimera de su escritorio comprado en un anticuario; en el salón, ha puesto en el suelo una colchoneta enfundada en telas 
de Bangkok, y ha convertido el dormitorio de su hija en la “cabaña privada” más divertida. 

Probablemente el “síndrome del nido” habrá tenido que ver, el caso es que Anne hizo las dos reformas durante sus embarazos. La primera, hace seis años, cuando esperaba a Reina; 
y la segunda, cuando esperaba a Niels. En la primera reforma, y con la ayuda de artesanos locales, Anne cambió de arriba abajo el diseño y el tamaño de las habitaciones, eliminó tabiques para abrir espacios, instaló baños en la planta superior, pintó paredes y techos... En la segunda remodelación abrió la casa al exterior, ampliando el salón hacia el jardín, con cristaleras que atraen la luz. Una genialidad fue la creación de una habitación extra sobre el garaje, destinada al cuarto de juego de los niños y a la vez dormitorio-cabaña de Reina. 
Y lo mejor: sus cristaleras que permiten disfrutar de los árboles que rodean toda la casa.

“Adoro combinar piezas de los años 50 con artesanías del extranjero y modificar los interiores constantemente. Las paredes cambian de color y los sofás se visten con 
mezclas de telas en una permanente experimentación de tonos y texturas”, confiesa Anne. En esta casa se respira libertad por los cuatro costados: aquí, lo áspero se mezcla con lo terso, lo suave con lo tosco, lo viejo con lo nuevo... El glamour dialoga con la informalidad; y los juguetes de los niños conviven con muebles u objetos venidos de la India, Tailandia, Marruecos o comprados en rastrillos europeos. ¡Charme en estado puro!


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