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Eclecticismo elevado al cubo

Casa con alma

Realización/ Texto: Ana López de Letona. Fotos: Belén Imaz. - 08-10-2008

Hay casas con alma que desvelan la personalidad del propietario, como ésta, que es única y te atrapa con su magia especial. Situada en un céntrico barrio madrileño, tiene vida propia y destila un cuidado exquisito en los detalles colocados con mano experta.

Espacios armónicos vestidos de arte, antigüedades y piezas actuales, objetos y muebles con historia, mu­chos de ellos pertenecientes a la familia durante generaciones, indican que la persona que allí vive tiene una interesante trayectoria personal, una enorme curiosidad y un innato buen gusto.

La vivienda ocupa las plantas superiores de un palacete madrileño, de 1890, realizado por el arquitecto Gerardo de la Puente. Son los antiguos departamentos familiares unidos a las antiguas zonas de ser­vicio y lavaderos. Toda la restauración del edificio y las actuales viviendas fueron realizadas por el ar­quitecto Luis Maldonado, con un gran respeto por el espacio original.

En la actualidad, la planta inferior alberga salones, cocina, office y comedor. Y en la superior se sitúan un despacho privado, dormitorio, baño y terrazas.

Se ha hecho una restauración fiel al origen, pe­ro resolviendo problemas de estructuras y dotándolos de nuevos usos. Se han recuperado suelos, carpin­terías, estructuras. No sólo se mantiene la fachada en su estado original, sino los interiores, respetando los criterios de la época.

Su propietario, Miguel Muñoz Yusta –que en la parte inferior del edificio dirige la Fundación Fernando de Castro, donde se forman futuros interioristas– posee, como profesor, el criterio para entender los espacios, y como coleccionista, las piezas para llenarlos. Detrás de cada objeto hay una historia; por eso pidió al arquitecto “una caja neutra para llenarla de un contenido muy ecléctico”. El orden de los objetos es lo que da la neutralidad al espacio.

Un hall de entrada da paso directo a un comedor, donde pasado y presente se mezclan en un equilibrio perfecto que invita a descubrir cada detalle. Una gran mesa, diseño del propietario, se coloca bajo una lámpara de techo en cristal; sillas Panton, de Vitra, en blanco, se integran con muebles franceses e ingleses antiguos.

A continuación, un curioso office en torno a una chimenea descubre en su parte izquierda una cocina. Dice Muñoz Yusta que “en esta casa no hay decoración, hay casualidad, buenos amigos”; obra de pintores, como Alex Serna, Joe Durkin, Eduardo Santos o de buenos fotógrafos que han retratado al propietario, consejos de arquitectos o decoradores como Raúl Martins, Tomas Alía, Nacho Membrillera...

En el salón, que ocupa una parte importante del piso inferior, llama la atención un juego de espejos llamado “dos a dos”, inventado por el arquitecto Cortona en siglo XVIII, para crear juegos de luces y sombras, ampliar la luminosidad y aumentar la sensación de espacio. Y tras el salón, un curioso cuarto de estar presidido por una cama china, regalo de Fernando Trueba, que r odó en la parte inferior del edifico El embrujo de Shanghai .