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Roberto y Ludovica Palomba, marido y mujer y pareja creativa

Dúo divino

Por Ana Rodríguez. Foto: Lorenzo Barassi. - 03-11-2008

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No van de arquiestrellas, pero brillan con luz propia entre los grandes del diseño. Su obra sólida, coherente e innovadora, pasa de las modas para cen­trarse en conceptos a largo plazo.
Roberto Palomba y Ludovica Serafini comparten una pasión las 24 horas del día. Y eso se nota.
Las obras que generan desde su estudio milanés, Palomba Serafini Asociados, están tocadas por la gracia del talento y el entusiasmo. Con la misma energía acometen otros proyectos vitales en común, como su hija Ginevra. Roberto estuvo en Ma­drid, en Gunni Baños, para lanzar las cabinas de ducha Avec, que ha diseñado, como no, con su mujer.

¿Cómo conociste a Ludovica?

Estudiábamos arquitectura en Roma, pero no nos co­nocíamos. Una noche la vi en una fiesta en una villa romana, con un vestido rojo y largo de Valentino. ¡Que­dé en shock! Durante 8 meses la llamé por teléfono y la invité, insistente. Siempre me decía “NO”. Hasta que un día asumí que no tenía ninguna posibilidad, me resigné y en una fiesta a la que ella asistió me comporté como yo mismo... Al día siguiente me llamó ella...

¿En qué os diferenciáis al diseñar juntos?

Ella pone el punto de vista femenino y racional. Las chicas sóis más racionales. Se dice que el lado femenino es más frívolo, más estético, pero no es verdad. Yo pongo un poco la parte de “locura”.

¿Querías ser diseñador de niño?

Yo quería hacer cosas creativas. Mi madre se desesparaba porque yo dibujaba en todas partes, sobre las paredes... sobre lo que fuera. Elegí el diseño porque es la mezcla perfecta entre la comunicación y la creatividad.

¿Cosas sin las cuales no puedes vivir?

Los viajes, el amor, la tecnología y la simplicidad.

¿Qué diseño te ha dado mayor satisfacción?

Nuestro trabajo es más de tipologías que de objetos. No diseñamos en función de modas, para mí es más interesante hacer cosas que cambien los hábitos. Hicimos para Flaminia el primer lavabo exento. Esto flexibilizó la arquitectura del baño y liberó las paredes. Las cocinas se integran al salón o al comedor, pero ¿el baño seguirá a puertas cerradas?

El baño se ha convertido en el lugar del wellness, y ¿por qué no extenderlo a otras zonas de la vi­vienda? Por ejemplo, al exterior. Actualmente estamos trabajando en la idea de un wellness fuera de casa, para llevar la bañera y la sauna al exterior.
¿Y por qué no compartirlos en familia?