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Tadao Ando

Serenidad y Coherencia

Estas dos palabras definen toda la obra de este arquitecto japonés, uno de los máximos exponentes de la arquitectura contemporánea. Sus edificios de hormigón son auténticos refugios para el espíritu en armonía con la naturaleza.

Coordinación y texto: Olga Chicot - 07-04-2010

La historia de este arquitecto japonés, de obra depurada y exquisita, es sorprendente y, desde luego, una demostración de esfuerzo personal y búsqueda de un sueño: ser arquitecto. De origen humilde, Tadao Ando, nacido en 1941, en Osaka, aprendió siendo un niño las primeras nociones de carpintería ayudando en una pequeña tienda cercana a la casa de su abuela, con la que vivía. Siendo muy joven fue boxeador y esta profesión le llevó a diferentes ciudades japonesas, en las que pudo visitar templos, casas de té, etc., empapándose de su arquitectura. En esa misma época descubrió, en una tienda de segunda mano, un libro: un tratado sobre Le Corbusier. Para comprarlo tuvo que ahorrar varias semanas. Su influencia no le abandonaría nunca.
La arquitectura de Ando es, desde sus comienzos, en 1969 cuando fundó en su ciudad natal su estudio de arquitectura Tadao Ando Architect & Associates, de carácter fuertemente minimalista, una obra que no se ve alterada por tendencias o modas. Ando levanta sus edificios, creando espacios de estructura geométrica en los que del exterior sólo se filtran la luz natural y el viento y que consiguen un inesperado efecto relajante. Espacios en los que el individuo puede recuperar la calma.

Comenzó con pequeños proyectos y pronto acaparó la atención pública al hacerse merecedor del premio de la Asociación Japonesa de Arquitectura en 1979 por la construcción de unas casas en Osa­ka. El hormigón, con las marcas de encofrado visibles, es su material emblemático y lo usa de forma pura, sin adornos, y consiguiendo que, solo o en combinación con muy po­cos elementos como el cristal o el agua, resulte a la vista suave como la seda, como queda patente en la Iglesia sobre el Agua (Hokkaido, Japón, 1988) o en su célebre Iglesia de la Luz (Osaka, 1989). En alguna ocasión ha utilizado también la madera (como en el precioso pabellón de Japón en la Expo de Sevilla, en 1992). En cualquier caso, sus obras siempre desprenden una belleza natural, sin más elementos que los puramente imprescindibles y más formas que las geométricas. Una de sus primeras incursiones arquitectónicas fuera de Japón fue un hermosísimo edificio para conferencias y reuniones, situado en el espectacular Campus de Vitra (Weil am Rhein, Alemania, 1989-1993). Le han seguido otros como la Fundación Lan­gen, también en Alemania (Neuss, 2004) o el Museo de Arte Moderno de Forth Worth (Texas, 2002), que han supuesto una verdadera revolución cultural para las dos pequeñas ciudades, hasta entonces prácticamente desconocidas.