Vicky Martín Berrocal, más allá de la talla

Ha vuelto a hacerlo: superar un reto y demostrar que es pura fuerza. Feliz en su piel, deslumbrante y llena de energía, la diseñadora y empresaria comparte por qué, ahora sí, este es su gran momento.

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Para la primera foto, Vicky Martín Berrocal (Sevilla, 1973) posa en ropa interior y con la camisa de un pijama de seda que enseña más que cubre. Está sentada en un sofá, jugando con un cojín. Detrás de la cámara, una decena de personas contempla la escena, pero ella, que acaba de superar el desafío A plan, que Forté Pharma le planteó a principios de 2017, sigue a lo suyo. Desde el primer disparo, deja claro que le encanta mostrarse en un registro diferente del look al que nos tiene acostumbrados, entre la femme fatale y la mamma italiana, a lo Dolce & Gabbana. Qué gusto comprobar desde el otro lado que todavía hay quien se atreve a hacer lo más provocador: ser uno mismo.

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Lo primero: ¿cómo estás?

Estoy inmersa en una época estupenda, aunque siempre digo lo mismo. No sé si este será el momento perfecto, porque luego suele llegar otro mejor. La vida me regala cosas constantemente. Me considero afortunada desde bien pequeña. Creo que el día que nací me tocó la lotería.

No hay nada como ser agradecido...

Mi padre me enseñó a vivir. Era un hombre positivo, que nunca dejó de hacer lo que quería y que consiguió lo que se propuso. Soy como él, todo el mundo lo dice. Además, con los años he aprendido que en este mundo hay que tener actitud.

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¿Y qué más has aprendido?

Soy perfeccionista, no me vale cualquier cosa: bajo hasta el más mínimo detalle, como a cambiar una manga antes de un desfile por un simple centímetro, algo que nadie iba a apreciar. Es casi enfermizo. Saqué adelante mi marca de moda flamenca mientras cogía diez vuelos a la semana porque participaba en un programa de televisión y, aparte, ejercía de jurado en otro espacio y tenía una serie.

Suena realmente agotador.

Fueron dos años con mucha ansiedad. No sabía delegar y había cosas que no era capaz de controlar. Me he movido a base de impulsos, de corazonadas, que as algo que hacemos muchas mujeres. Simplemente, si había que dar un paso o tomar una decisión, optaba por lo que en aquel momento me parecía bien. Luego empecé a darme cuenta de que necesitaba un equipo y acabé confiando demasiado, y eso tampoco fue positivo. Soy de todo o nada, y mi padre siempre decía: «No olvides el término medio porque ahí reside la virtud».

Sueles recurrir a los consejos de tu padre. ¿Cuáles recordará de ti tu hija, Alba?

«La vida no es fácil, Alba». Sólo le falta tatuárselo. No me canso de repetirle que tiene que soñar, pelear y luchar mucho, igual que han soñado, luchado y peleado su madre y su padre (su exmarido, el torero Manuel Díaz, el Cordobés). He sacrificado un montón de cosas en mi vida, pero no me arrepiento de nada en absoluto. Llegó un momento en el que me di cuenta de que debía parar, así que decidí que, de ocho de la mañana a cinco de la tarde, iba a hacerlo todo y que, desde las cinco en adelante, no me dedicaría a otra cosa que no fuese mi hija. Sí, en ese punto entendí que el trabajo es trabajo y que, aunque tu profesión resulte importante, un hijo es un hijo. Alba es lo más grande que tengo.

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¿Cómo se os ha dado navegar juntas por la adolescencia?

Ella es muy responsable. Lo sacó de su padre –porque, también, ¡vaya padre!– y de mí. Es puro carácter, igual que yo. Me encanta que sea así. La gente confunde el carácter con el mal carácter. Es lo que me ha ayudado a tirar p'alante: sin él, me habría dejado muchas cosas por el camino. También tiene personalidad, sabe lo que quiere. Es madura, pero, a la vez, conserva esa parte de niña que come el sentío.

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Da la impresión de que la vuestra es una relación idílica.

Bueno, también hemos pasado por algunas etapas de matarme. Porque, cuando cumplen los 14, creen que caminan por delante de ti, como si ya hubiesen tenido 75 vidas. De los 13 a los 15 fueron dos años... eternos. Al final, sabía que iba a responder muy bien, porque es listísima.

Desde tu experiencia, con un blog en ELLE.ES y medio millón de seguidores en Instagram, ¿le ayudas a gestionar sus perfiles en redes sociales?

Uf... (Suspira). Usa Instagram, pero es una cuenta privada. Hay que tener cuidado y llevar un poco de control. Le dije que podía utilizarlo sólo con amigos. A los 18, que haga lo que quiera, aunque voy a seguir muy pendiente. Es que parece que no hay más vida que la que ocurre en las redes. Si no estás, no existes. La gente se viste para salir en Instagram, busca la mejor luz, el sitio adecuado para la foto. Yo digo lo que quiero y como lo siento. Nada de lo que hago es por agradar o buscando un beneficio.

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¿Será esa la clave de tu éxito?

La gente se identifica mucho conmigo, me siento superquerida. Siempre he sido libre. Me da igual lo que opine el otro, y es que, además, lo grito. Cuento todo abiertamente porque digo la verdad. De ahí que la mujer no tenga conmigo rivalidad: le gusta cómo he llevado mi vida. No he hecho nada especial. Por ejemplo, que me lleve bien con Manuel es algo natural, siento por él un cariño enorme.

Pero supongo que no habrá sido fácil llegar a ese punto.

Cuando empiezas una relación, la vives porque eliges hacerlo; cuando la terminas, también es una decisión tuya. No fue necesario coger ningún camino para llegar aquí. Ahora que se habla tanto del padre de mi ex, por ejemplo, prefiero incluso que me pregunten a mí por el tema antes que a él, porque yo quiero a Manuel. Y también a Virginia (Troconis, su actual pareja) y a los hijos que han tenido. La gente no puede vivir con el recuerdo de lo malo.

¿En qué proyectos profesionales estás embarcada?

Sigo con mi marca, Victoria: ahora licenciamos las líneas de gafas de sol y graduadas. Y presento una colección de zapatos en colaboración con Unisa.

Y, en medio de esta vorágine, decidiste ponerte a plan.

Mi hija se marchó a estudiar fuera; cuando llegaba a casa me encontraba sola. Me despisté y dejé de mimarme. Así que el proyecto con Forté Pharma y su plataforma Yo Elijo Cuidarme (yoelijocuidarme.es, un servicio de dietista online) apareció en el mejor momento. Había llegado a mi límite: me dedicaba a currar y comer. Me daba satisfacciones y no me importaba nada. Estaba enfocada hacia el proyecto de Victoria y lo único que me obsesionaba era eso y que mi familia estuviera bien. Me olvidé hasta de mis amigos y me encerré. Cuando me di cuenta, pesaba lo mismo que cuando iba a dar a luz a Alba, que engordé casi 30 kilos.

Jersey de canalé de Vince para EKS.
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Pero siempre has sido defensora de la mujer con curvas...

No era cuestión de verse mejor o peor, es que no podía seguir así. Toda la vida me ha gustado una mujer sensual, elegante, femenina, rotunda. Se puede tener una talla 42, 44, 46, 48..., la que te dé la gana; eso sí, debes sentirte contenta y segura. Cada una tenemos un peso, pero debes llevar ese cuerpo, lo tienes que defender. Esa es la única manera de mostrarse al mundo, porque, si no, te come. En la tienda veo a niñas que dicen ser gorditas porque llevan una 40. ¿Estamos locos? No voy a tener una 38 en mi vida porque soy de constitución grande. Y vuelvo al término medio de mi padre: o me cuido o me disparo.

¿Cuántas veces te has puesto a dieta?

Esta ha sido una de las 15.000 veces en las que he estado a régimen. Diría que he pasado a dieta casi mi existencia entera, porque tengo alma de gorda. Soy una mujer que rápidamente se va de peso, y debo estar muy pendiente al respecto. Aparte de eso, me considero muy disfrutona. Me gusta vivir en mayúsculas (lo dice elevando el volumen).

¿Por qué la experiencia con Forté Pharma ha sido distinta?

He aprendido lo que significa alimentarse y no he sufrido porque no he dejado de comer. Antes picaba porquerías a todas horas, un descontrol brutal. Me quitaban de todo cuando empezaba un régimen y lo pasaba fatal. Pero, en estos dos meses, no he tenido esa sensación.

¿En qué consiste un menú tipo?

En el desayuno, por ejemplo, dos tostadas con pavo, un yogur y un té. Otras veces, zumo de pomelo, que me apasiona, y pan con jamón serrano. Ahora tomo nueces, almendras, avellanas. También, gazpacho. Pero, principalmente, mucha verdura con carne y pescado. Y todas las semanas puedo tomar algo de pasta. Laura Rojas, nutricionista de Forté Pharma, me ha enseñador a sustituir el tomate frito por el natural triturado y acompañado de verduras.

Sudadera de Levi's, vaqueros de Zara y braguita con logo de Emporio Armani.
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¿Cómo te sientes?

Con energía y vitalidad. Duermo mejor, no me canso y estoy muy activa. Me noto plena. Pero todo tiene que arrancar de ti. Si tú no estas bien, el resto tampoco.

¿No te cuesta mantenerte firme cuando comes fuera?

No, y eso que sigo saliendo a tomar algo y a cenar. Lo que hago es pedir mi plato de pescado y verduras. No pido dulces porque pienso: «Hija mía, si es que ya te has comido los que te tocaba ayer, hoy, mañana y dentro de seis años (lo dice marcando aún más su acento andaluz)». Y la verdad es que no lo echo en falta. Estoy sorprendida. No me concedo caprichitos.

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¿Ninguno?

Bueno, el día de mi cumpleaños organicé una fiesta y pedí mi tarta favorita, de galleta y chocolate. Soy así, me gustan las cosas normales. Cada vez me doy más cuenta de que es cierto eso de que somos lo que comemos.

¿Algún truco frente a las tentaciones?

En la plataforma Yo Elijo Cuidarme se refieren al concepto de la voz callada. ¡Y funciona! Hay momentos en los que te lo comerías todo; sin embargo, si inmediatamente te das media vuelta y haces otra cosa, como llamar por teléfono a una amiga o pintarte los labios, y piensas «pero... ¿para qué?», al poco rato se te han pasado las ganas de picar.

Camisa de pijama de Equipment Femme y sujetador de Intimissimi.

¿Con la práctica de deporte has conseguido que se muscule, más allá de tu cuerpo, tu fuerza de voluntad?

La verdad es que nunca he tenido continuidad con el ejercicio. He ido a rachas. Mira que soy perseverante con otras cosas, pero no con el deporte. Lo reconozco: me cuesta más entrenarme que seguir una dieta. Y eso que arranco con mucha fuerza, pero es que luego me cuesta seguir. Sin embargo, ahora salgo a caminar y en casa me muevo con los vídeos que el entrenador Juanjo Rodríguez ha realizado para Yo Elijo Cuidarme.

Ya solamente me queda hacerte la pregunta de las abuelas: ¿cómo estás de amores?

Quiero encontrar a alguien que me sume. Con 20 o 35 años es bastante fácil localizarlo, pero, a los 44, o llega alguien que me arrebata o no me compensa. Busco un hombre con mayúsculas, un tío de verdad, que sepa llevarme. Quiero a alguien que me desaliñe el sentío. Busco un compañero de viaje que me dé estabilidad y esté a mi lado.

Esto suena a declaración de intenciones en Tinder...

Tengo muchas amigas en Tinder que han encontrado unos hombres que... ¡Olé! Y pienso: «¿Qué hacía un tío como este ahí metido?». Vamos tan deprisa que nos falta tiempo. Al final, llegas a tu casa, te sientas en el sofá y te pones a curiosear por las redes sociales. Pero yo quiero vivir el momento, el tú a tú, como he hecho siempre. Esa primera mirada que, cuando se produce, no se puede comparar con ná. Como dice esa canción tan bonita de Antonio Carmona, «para que tú no llores así, no pierdas la esperanza, sé que llegará, llegará». Pero, claro, si de las 24 horas que tiene el día 12 las dedico a trabajar y ocho a dormir, me queda muy poco tiempo.

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