Entrevista a Anya Taylor-Joy

Es la nueva revelación del cine. Y también, el hada madrina de Sergio G. Sánchez en su debut como director. Él mismo nos presenta a su musa.

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Desde que la descubrimos en 'La bruja' (2015), Anya Taylor-Joy (Miami, 1996) no para. Encadenó 'Morgan' con 'Barry' y 'Múltiple' (las tres, de 2016) y la aún pendiente de estreno 'Thoroughbreds'. De ahí saltó a la miniserie 'The Miniaturist', para luego interpretar a Magik en 'X-Men: The New Mutants' y ponerse (de nuevo) a las órdenes de M. Night Shyamalan en 'Glass'. Como cuenta Sergio G. Sánchez, que ha trabajado con ella en 'El secreto de Marrowbone', «puede que muchos aún no la conozcan, pero que no les quepa duda: esta joven actriz de deslumbrante talento ha llegado para quedarse». Un prólogo de oro a las reflexiones que el director escribe para ELLE sobre su intérprete y su ópera prima.

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Todo en ella es luz

«Lo único que tenía claro mientras buscaba a una actriz que interpretase a Allie en El secreto de Marrowbone era que debía ser alguien con un candor y una energía radiantes. De hecho, así aparece descrita en el guión: "Todo en ella es luz". Y eso fue exactamente lo que me encontré en mi primera charla con Anya Taylor-Joy. Se produjo por Skype el 31 de marzo de 2016; ella, desde Nueva York, en una pausa de rodaje, y yo, desde Asturias. Nada más saludarnos, abrazó el guión con fuerza y exclamó: "¡Esta historia es muy especial!". Y, enseguida, me explicó lo que le había emocionado: "Habla de cómo la gente a la que quieres pasa a formar parte de quien eres; es un vínculo indestructible, mágico. Porque yo creo mucho en la magia. ¿Y tú?". De esa manera, empezamos una conversación larga, de casi una hora, aunque a mí ya me había ganado con esa presentación. Desde el arranque, supe que me encontraba delante de una joven con una sensibilidad y una inteligencia fuera de lo común, desconcertantes para su edad, hasta el punto de sentirme intimidado. La vi tan lúcida que a su lado me noté torpe en mis respuestas. Al despedirnos, le dije que esperaba no haberle parecido bobo, a lo que ella respondió con una carcajada. Sin querer, había creado mi mote para todo el rodaje: Dork (bobo, cariñosamente en inglés). Anya fue la única actriz de la película a la que le ofrecí un papel sin mantener una reunión en persona. El resto del reparto, encabezado por George Mackay, Charlie Heaton, Mia Goth y Matthew Stagg, se cerró tras varios meses de casting en Londres. El reto era conseguir que, entre todos, formasen una familia creíble».

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Face to face

«Los ensayos comenzaron dos semanas antes del rodaje. Los actores llegaron a Asturias a la vez y, en mi primer encuentro en persona con Anya, se me partió el corazón: su venida se produjo el día en que falleció el intérprete Anton Yelchin, que había sido su compañero de reparto en la película Thoroughbreds (acababan de terminarla). La Anya que conocí aquel día era totalmente distinta de la chica con la que había hablado. Estaba rota de dolor, cansada después de encadenar sin descanso cuatro trabajos y llena de dudas. Habíamos previsto hacer una lectura de guión aquella mañana y ella insistió en que podía; sin embargo, en un momento determinado, se quebró de emoción. Nos pidió una pequeña pausa. Belén Atienza, la productora de la película, y yo acordamos cancelar la lectura. Anya quiso seguir, pero nos pareció que era pedirle demasiado en un momento tan duro. Intentamos consolarla y darle su espacio. Y ella guardó su dolor en algún lugar privado de su corazón para regresar al día siguiente absolutamente entregada. Una campeona».

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En plena acción

«Las diez semanas de rodaje fueron intensas y laboriosas y estuvieron llenas de momentos emocionantes. Los actores se hallaban en un punto de su carrera muy bonito, empezando, con muchas ganas de darlo todo. Tuve que crear una especie de juramento sagrado para convencerlos de que estaba completamente satisfecho con lo que rodábamos, parecido a la promesa que ellos hacen en la película. Me impresionaban tanto sus interpretaciones que me sorprendía que dudasen, y mi respuesta era siempre ofrecer que viesen las tomas en mi monitor. Pero ninguno quería. Sólo necesitaban saber que yo estaba seguro al cien por cien. Y, así, descubrí otra similitud entre los intérpretes y sus personajes: a todos ellos les daba miedo mirarse».

Ante el espejo

«Eso de que no quisieran verse era como si, de alguna manera, temieran a los espejos. Y es que los espejos son una parte fundamental de El secreto de Marrowbone. La estructura de la película se articula sobre ese cristal roto que preside la escalera de la casa. Un reflejo fragmentado, un puzle que podría devolvernos nuestra imagen fraccionada o la amenazadora forma de un fantasma. El miedo que provoca contemplar quiénes somos de verdad. A mí me interesa mucho el género fantástico porque considero que el cine es, en realidad, un fantasma. Es algo irreal, no tangible, compuesto de luz y sonido, que se nos manifiesta en la oscuridad para traernos algún mensaje importante apelando a emociones que escapan a la lógica».

La familia

«La otra parte fundamental de la película es la familia. Vengo de una de muchos hermanos, y soy el pequeño con diferencia. A mi edad, me ha tocado vivir momentos duros de separación. Y, como la vida carece de sentido, utilizo la ficción para dárselo, siempre en la búsqueda de ese lugar donde preservar todo lo que es verdaderamente importante. El regreso a casa, a los orígenes, que narra la película, se manifiesta en lo personal en volver a dirigir, en retornar a Asturias, a mi tierra, en trabajar nuevamente con mi familia profesional, con aquellos con los que di mis primeros pasos en el cine. Desde Raúl, que produjo mis cortos, hasta Sandra, Belén y Jota –Juan Antonio Bayona–, al lado de quienes tuve mi primera experiencia profesional en el largometraje».

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Un hogar en el mundo

«Me gusta definir 'El secreto de Marrowbone' como una fábula de suspense con forma de muñeca rusa. Es una historia dentro de otra historia dentro de otra historia. El hogar dentro del hogar dentro del hogar. La búsqueda de un lugar en el mundo para estar a salvo lleva a los hermanos a una casa en la que terminan construyendo otra, esa fortaleza en la que encontrar refugio, para terminar levantando un lugar donde nada los pueda separar, un santuario donde todo aquello que quieres jamás te podrá ser arrebatado. Escondidos tras las capas de esta historia están fantasmas que nos aterrorizan, miedos que nos acechan, celos que corroen nuestro espíritu. Emociones que todos conocemos. Pero, frente a esos miedos, emerge un amor que nos ayuda a enfrentarnos a cualquier cosa, a no ceder ante la mitad oscura de nuestra personalidad. El amor fraternal. El amor verdadero, indestructible, aquel que sólo persigue el bien del otro».

Anya Taylor-Joy

Por amor

«Y es eso lo que representa Allie (Anya). Una fuerza capaz de enfrentarse a la muerte si hace falta para devolver el equilibrio a un lugar que fue, y volverá a ser, puro e inocente. Es en ese viaje, en ese combate con toda clase de fantasmas, donde aprendemos algo sobre quiénes somos y encontramos la emoción. Todo cristaliza en las secuencias finales, que son, precisamente, las que recaen en el personaje que interpreta Anya. Recuerdo el vértigo de ese día en el que le dije: "La película depende de este momento. Lánzate sin miedo". Y vaya si lo hizo. El rodaje de esos planos ha sido una de las cosas más emocionantes que he presenciado nunca en un set. Recuerdo ahora, entre risas, cómo venía a preguntarme cosas. Y, para que el equipo la entendiera, hablaba en castellano, con su acento argentino –Anya se crió entre Buenos Aires y Londres–, y yo le pedía que hablase en el inglés de Allie porque, de alguna manera, aquello me rompía por completo la magia del instante y no quería que se quebrase. El resultado, al menos para mí, es estremecedor».

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El futuro

«Desde el rodaje hasta ahora nos hemos visto mucho. Le guarda tanto cariño a nuestro país, que fue el lugar que escogió para celebrar su cumpleaños. Y siempre habla del set con afecto. Se refiere a nosotros como su otra familia. Los lazos que se formaron en el rodaje, esa sensación de protección y dedicación para conseguir algo especial, le han servido para perder todos sus miedos. Cuando llegó el estreno en el Festival de San Sebastián, los roles habían cambiado. Entonces, era yo el principiante. En cuanto me vio, detectó mis nervios y no se separó de mi. "I got you!", me dijo. Durante toda la proyección, sujetó mi mano. Un momento muy emocionante. La película fue recibida con un aplauso que parecía no acabarse nunca. Pero ella, demostrando una sabiduría y una templanza muy por delante de sus 21 años, no quiso regodearse. Sólo tenía una cosa que comentarme: "Ya está. La película ya no es nuestra. Habrá que hacer otra. No te creas que me he olvidado de ese guión del que me hablaste. Más te vale contar conmigo". Mi querida Anya, no te quepa la menor duda».

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