Así se superaron estos cinco complejos reales

Ser presa de un complejo es duro y, aunque la superación puede ser difícil, también puede ser lo más liberador. El primer paso es reconocerlo. La redacción de ELLE.ES también fue presa alguna vez de los complejos pero a día de hoy, puede contar orgullosa que todos ellos ya forman parte del pasado.

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Begoña Alonso, redactora de Ocio y Living

"Era la típica 'pupas' en el cole, que se iba de excursión y se hacía daño, que corría y se torcía un tobillo o que hacía gimnasia y le daba un tirón. Nueve roturas de ligamento atestiguan que lo mío no era precisamente la actividad física así que, con la excusa de que pillaba resfriados, bronquitis y todo lo que me pusiera por delante, mi madre decidió que lo mejor era ir cada año al médico y pedir un certificado para estar exenta de gimnasia. Todo generó en mí la sensación de que estaba incapacitada, de que era una torpe, de que cada vez que me movía me rompía y que no quería hacer ejercicio por nada del mundo.

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Con esta experiencia aprendí que cuando algo da miedo, lo mejor es afrontarlo.

Eso cambió, precisamente, cuando empecé a hacerlo. En 2º de BUP volví a Educación Física y mi clase me aplaudió cuando -tras un año de intentarlo- conseguí saltar el potro; en COU me apunté a hacer aerobic; en la universidad iba a la piscina; luego practiqué running, body building, pilates y ahora voy cuatro veces al gimnasio por semana.

No soy para nada una vigoréxica y soy consciente de que lo mío no son los burpees, ni el HIIT, pero con esta experiencia aprendí que cuando algo da miedo, lo mejor es afrontarlo, y ya no me considero una torpe. "


Carmen Bejerano, redactora jefe de Redes Sociales

"Desde pequeña he sido rellenita y aunque mis padres siempre me han inculcado que no importaba cómo fuera mi cuerpo sino la persona que fuera (cosa que estaré agradecida eternamente), he de confesar que he pasado media vida a dieta. Ahora, a mis 38 puedo decir que he aceptado mi cuerpo y para mí es mucho más piropo que me valoren por mi trabajo o por ser buena persona que por mi físico.

Ya no renuncio a disfrutar de una cena o un buen postre, porque me hace feliz.

He aprendido cuál es el valor real de las personas, algo no siempre fácil de conseguir con la de mensajes que nos llegan a diario sobre el cuerpo de la mujer. Por supuesto que me cuido, intento comer sano e ir al gimnasio siempre que puedo. Pero ya no renuncio a disfrutar de una cena, un aperitivo o un buen postre, porque me hace feliz y eso es lo verdaderamente importante."


Paula Llanos, jefa de Moda

"Con 10-11 años tenía una talla 95 de pecho. Justo el año en que mis padres decidieron sacarme de un colegio de niñas para meterme en uno de niños, que empezaba a ser mixto. Y yo con mi 95 de pecho, primera promoción de niñas en un colegio masculino. Me ahorro todas los comentarios, gestos y gracietas que tuve que soportar. Sólo quería llevar prendas holgadas (iba a a la zona de chicos de Zara), sujetadores deportivos que me aplastaran el pecho y hasta iba medio encorvada para disimularlos.

El tiempo 'abofetea' a los complejos y los convierte en parte del pasado.

Con el tiempo y la madurez comprendí que el pecho es una parte del cuerpo femenina bonita, en todos sus tamaños, y aunque muchas prendas no eran para mí, sí que había otras que en mí lucían el doble. Ahora me miro en las fotos y pienso que no era para tanto, y que perdí tanto tiempo pensando en cómo ocultarlo que perdí todo ese tiempo de vestirme como una adolescente. Por suerte el tiempo 'abofetea' a los complejos y los convierte en parte del pasado. El día que te das cuenta que los has superado, por fin eres libre."


Marta Alameda, redactora de Star Style

"Cuando se produjo el reparto de tallas de pecho yo llegué bastante tarde. Siempre he tenido complejo de pecho pequeño y lo superé asumiendo que sólo tenía dos opciones: pasar por quirófano o aceptarme tal y como soy. No tengo absolutamente nada en contra de la cirugía estética pero simplemente me da demasiado miedo. Así que empecé a buscar la parte positiva de tener una talla inferior a la 90.

He aceptado que yo soy así.

Veo una blusa o camiseta en época de rebajas que me encanta pero sólo queda la talla XS o S, ¡perfecto! Mis pechos pequeños no necesitan más. También puedo comprar ropa en la sección infantil de Zara. ¿Dormir boca abajo? No hay problema. Por no hablar de que ayuda a estilizar la figura. En definitiva, he aceptado que yo soy así y que comprarme los sujetadores un par de tallas más grandes no es el secreto de mi felicidad. Además, para eso existe el 'Push Up'.


Blanca del Río, redactora de Belleza

"Los veranos siempre fueron difíciles para mí, sobre todo cuando era adolescente. Comencé a obsesionarme con mi piel blanca -casi transparente-. Sobre todo cuando con 16 años todas mis amigas, morenísimas, bromeaban con mi tono de piel. Poco a poco se fue fraguando dentro de mi cabeza un complejo que consiguió obsesionarme. El problema vino cuando, fruto de la inconsciencia, comencé a pasar largas jornadas bajo el sol pensando ingenuamente que ello supondría una piel morena y bonita. Nada más lejos de la realidad.

Eres como eres por una razón y es así como eres bella.

Lo único que conseguí fueron varias insolaciones, quemaduras de gran consideración y alguna que otra bronca importante de mis dermatólogos. Nunca fui tan consciente del cáncer de piel hasta que los médicos me pusieron sobre aviso viendo los episodios vividos. De repente lo vi tan claro como mi piel: no se puede luchar en contra de tu propia naturaleza. Eres como eres por una razón y es así como eres bella. ¿Por qué querer cambiar tu condición? Así que comencé a cuidar mi piel tal cual era: blanca, pálida… y única. Ahora no busco el sol, soy esa que siempre se lleva una sombrilla o un iglú de playa, la que no descuida ni un centímetro de piel sin protección y la misma que se siente especial siendo tan blanca como la nieve."

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