5 trucos para prevenir las arrugas mientras duermes

¿Dormir boca arriba? ¿Utilizar sábanas de seda? ¿Lavar las almohadas cada tres meses? No, no son meras habladurías. Aunque parezca mentira, hay ciertos hábitos que te ayudarán a retrasar la aparición de las dichosas arrugas. Toma nota.

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Entre las fiestas, las quedadas con los amigos y los eventos familiares, tus días tienden a alargarse y te vas a la cama a las tantas de la madrugada. Si a eso le añades que duermes mal y descansas poco, la imagen ante al espejo al día siguiente es clara: ojos hinchados, ojeras, bolsas, mala cara… Vamos, los típicos signos de cansancio a los que no solemos prestar demasiada atención. Pero, ¿qué ocurre cuando las noches en vela se convierten en una costumbre? Cuidado, porque es aquí donde tu piel puede verse realmente perjudicada.

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La falta de sueño y no poner en práctica ciertos hábitos mientras duermes provocan una importante reducción del colágeno, del ácido hialurónico y de la elastina y acelera el envejecimiento de la piel, que se vuelve mucho más débil y comienza a llenarse de arrugas. Coge papel, boli y apunta estos sencillos consejos para librarte de las 'odiadas' arrugas de una vez por todas.

Ojo con tu postura de dormir

Tenemos una mala noticia: si eres de las que duerme boca abajo o de lado, estás facilitando que aparezcan bolsas debajo de los ojos al concentrar el fluido de tu rostro en esta zona. ¿Cómo evitarlo? Pues muy sencillo. Trata de dormir boca arriba y evita girar la cabeza de lado. Así conseguirás que tu rostro quede libre y no roce con las sábanas y la almohada. Tranquila, si te sientes incómoda en esta posición prueba a cambiar de posturas constantemente.

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Duerme las horas necesarias

Tan importante es la postura que adoptas cuando duermes como el número de horas que le dedicas al sueño. Al dormir, nuestra piel descansa y las células se regeneran y oxigenan con mayor facilidad, por lo que, además de reducir el estrés y mejorar tu ánimo, tu piel brillará como nunca tras haber descansado entre 7 y 8 horas. ¡Ya no tienes excusa para irte a la cama temprano!

Mímate antes de dormir

Quieres un cutis radiante, joven y hermoso, ¿verdad? Entonces, la hidratación de tu cara debe convertirse en uno de tus 'tips' principales antes de meterte en la cama, por muy cansada que llegues del trabajo o de una fiesta con tus amigos. Busca cremas hidratantes, sueros, aceites y máscaras antioxidantes y limita la ingesta de sodio a la hora de la cena. Mientras duermes, tu piel atraviesa un proceso de regeneración celular y para que ésta funcione a su capacidad máxima necesita de vitaminas, nutrientes e hidratación.

El cabello detrás de la cabeza

A veces pasamos por alto este detalle cuando estamos en la cama pero el hecho de colocar tu pelo detrás de la cara es vital para que el rostro quede totalmente despejado y tu piel pueda respirar por completo. ¡No lo olvides!

La seda, mejor que el algodón

Vale, reconocemos que la sábanas de seda son caras pero cuando se trata del cuidado de nuestra piel bien merece la pena la inversión. El algodón es un tejido natural que generalmente crea arrugas y dobleces que, al contacto con tu cara, pueden dejar marcas. En cambio, tejidos como la seda o el satén se mantienen más lisos y son buenos para absorber la humedad y para acelerar el metabolismo de las células de la piel. Anímate a probar también las almohadas viscolelásticas, ya que elevan tu rostro y evitan el contacto directo con la cama. Te aseguramos que dormirás mucho mejor.

Cambia las sábanas a menudo

Seguro que más de una vez te has metido en la cama sin haberte desmaquillado. Al llegar a casa lo que menos te apetece es perder el tiempo quitándote el maquillaje, sobre todo cuando vuelves de fiesta a las tantas de la noche. Pero como seguro que también sabes, 'olvidarte' de este pequeño hábito puede pasarle factura a tu piel porque, además de dermatitis e irritación en la cara, el hecho de meterte en la cama con restos de maquillaje o de crema del día anterior desprende bacterias y microbios que afectan al brillo y a la pureza de la piel. Es por eso que se recomienda cambiar las sábanas cada dos semanas aproximadamente y lavar las almohadas cada tres meses.

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