¿Por qué en Cerdeña se vive más (y mejor)?

La isla italiana es uno de los cinco lugares del mundo donde mayor es la esperanza de vida –de buena vida–. Te contamos las claves de la longevidad en las llamadas Zonas Azules. Y no, no se trata de hacer mucho deporte. Y tampoco de contar calorías, ¡bien!

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Comer bien, estresarse menos, moverse más y amar mucho. Ésa es la receta esencial de la longevidad y es lo que tienen en común los habitantes de los cinco lugares del mundo donde cumplir cien años –y bien cumplidos, disfrutando de la vida y no del geriátrico– no es una excepción.

Cuando hablamos de Zonas Azules –esas regiones del planeta que Dan Buettner, periodista del National Geographic, descubrió y en las que la tasa de personas centenarias es, al menos, tres veces mayor que el promedio nacional–, solemos pensar en sitios remotos. Pero no, basta recorrer unos kilómetros en el Mediterráneo para llegar a uno de estos lugares, Cerdeña, a la que sólo Icaria, en Grecia, la mira de tú a tú en cuestiones de longevidad en Europa.

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Buettner viajó a Cerdeña acompañado de un demógrafo, un genetista y un físico para tratar de entender por qué en este lugar del mundo la gente vive 10 años más que la mayoría de los europeos y con mejor salud y por qué su media de personas centenarias multiplica por cinco la de Estados Unidos.

No es sólo la dieta, ni la genética, ni la calma... Es una suma de factores lo que hace que este rincón mediterráneo sea una de las zonas más afortunadas del planeta. Buettner y su equipo han definido nueve claves que son comunes entre los habitantes longevos de las Zonas Azules –a Cerdeña e Icaria hay que sumar Okinawa (Japón), Loma Linda (California) y Nicoya (Costa Rica)–. Te las contamos:

1. Moverse

Pero no se trata de ir al gimnasio hasta caer agotados, sino de basar la vida en el movimiento, en las tareas del campo y del hogar, de trasladarse a pie o en bici, de trabajar una huerta, de dar largos paseos al aire libre...

2. ¡Adiós a la prisa!

Las personas de estas zonas hacen un alto en sus tareas varias veces al día. Esas paradas son ideales para la meditación, la contemplación, la oración... ¡y la siesta!

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3. Tener un propósito vital

Es decir, buscarle un sentido a la vida, una razón para salir de la cama cada mañana.

4. Comer lo justo

O, lo que es lo mismo, comer hasta estar satisfecho, pero no lleno, estado que te hace perder energía y tener sueño. Hay que comer porciones más pequeñas de las que comemos habitualmente para estar mejor.

5. Seguir una buena dieta

Casi todos los productos que consumen los habitantes de las Zonas Azules son frescos, y la dieta se basa en los cereales, legumbres, aceite de oliva, pescado, frutas y verduras. Comen carne roja, pero sólo unas cinco veces al mes y de animales que han pastado y no han sido alimentados de una forma "artificial". Pero no se trata solo de lo que comes, sino del proceso por el que el alimento llega a la boca. Es decir, si amasas el pan durante una hora –supone un buen ejercicio físico–, cortas la leña, haces fuego y, mientras lo preparas, charlas con alguien, estás sumando calidad de vida al hecho de alimentarte, además de enriquecer los lazos familiares y de comunidad.

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6. Beber vino

¡Sí! Aporta antioxidantes, relaja y anima... Eso sí, con moderación. Nuoro, en Cerdeña, es la región con más personas que pasan de los cien años en todo el mundo. Los habitantes de esta zona no sólo toman un vaso de vino al día –el vino de la tierra está hecho con uvas Cannonau, ricas en polifenoles–, también comen al aire libre, cultivan la tierra y degustan sus frutos –de las berenjenas a los tomates, pasando por el queso de oveja, elaborado con leche de oveja criada con pasto–, pasean y cuidan de sus mayores.

7. Tener fe y espiritualidad

Está comprobado científicamente: tener fe aumenta la longevidad. El sentido de trascendencia está ligado a las emociones y sentimientos y nos fortalece emocionalmente, aumentando el optimismo, la alegría, el amor, el perdón... Es más probable que enferme una persona que tiende a la depresión que alguien alegre y confiado.

8. La familia (es lo más importante)

Y citamos a El Padrino para destacar que la mayoría de los centenarios de esta zona vive con los suyos y participa en las labores del hogar. Ninguna persona envejece en Cerdeña pensando que terminará su vida en una residencia de ancianos. Tampoco conciben el concepto de jubilación. En estos lugares, las personas de más de 70 años siguen trabajando en el hogar, responsabilizándose de asuntos familiares y manteniendo proyectos de vida. En Cerdeña, ser viejo no es esperar la muerte.

9. Estar en la tribu adecuada

El optimismo se contagia. Y el pesimismo también. Así como las conductas positivas y negativas. Rodearnos de personas con hábitos saludables (psicológicos, físicos y espirituales) nos beneficia. Y perder el tiempo con gente negativa nos hace retroceder.

En resumen, para vivir más y mejor, hay que adecuar la actividad física a pasatiempos agradables, como la jardinería o los paseos por el campo, debemos despertar con un propósito cada día, comer sabiamente, disfrutando de los sabores y sin excesos, alimentar los lazos afectivos, olvidarnos del estrés y reforzar nuestra espiritualidad. ¿Podremos hacerlo sin estar en Cerdeña? Quizá valga la pena intentarlo.

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