Esta es la historia de los Biombos de Coromandel

Estos biombos ponen en valor cualquier rincón con su rica ornamentación, y Ana Domínguez-Siemens repasa su historia y anécdotas.

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En 1957 a Jackeline Kennedy la retrató el gran Yousuf Karsh y decidió hacerlo situándola frente a un biombo de Coromandel. Según explicó el fotógrafo tiempo después, la razón era que dicho biombo complementaba a la perfección su oscura belleza. Y es que la laca brillante y negruzca que cubre el fondo de esos biombos tiene un atractivo singular.

El famosísimo decorador americano Billy Baldwin -que hizo el interior de algunas casas de Jackie-, del que se decía que era un maestro del color, tanto que una vez para explicarle a un pintor el tono que quería para su salón le entregó una hoja verde de gardenia con un escupitajo, y le dijo que ése era justo el color que buscaba, con escupitajo incluido. Bueno, pues Billy, estaba tan fascinado por los biombos lacados que se inventó el "color coromandel", una especie de muy brillante, profundo y potente negro/marrón que él usaba con profusión, ya que como decía, los biombos de Coromandel se sienten como en casa en cualquier parte, cómodos en un palacio y nunca demasiado orgullosos para estar en un "cottage".

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Así lo debía ver también Cocó Chanel que, desde años antes, vivía rodeada de ellos en su apartamento parisino de la rue Cambon y de siempre han sido una referencia en las colecciones de la Maison. Por lo visto decía Mademoiselle que casi se desmaya de felicidad el día que vio uno por primera vez. Ella, que era así de vehemente y la atacaba un síndrome de Stendhal en cuanto se descuidaba. Este tipo de biombos, con sus decoraciones a base de pan de oro e incrustaciones de piedras semipreciosas, vuelve a estar ahora de moda con la vuelta de los interiores lujosos y profusamente ornamentados.

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Sus diseños aportan textura, riqueza y narrativa, ya que están adornados con toda clase de flores, pájaros, paisajes y escenas de la vida cotidiana china, de donde son originarios, a pesar de que tomen el nombre del puerto de la India desde donde eran enviados a Europa, donde ya desde el siglo XVII hacían furor. Además, los biombos encierran en sí mismos un amplio abanico de posibilidades, un biombo con sus hojas desplegables, tiene la capacidad de transformar el espacio, de dividirlo creando zonas de intimidad, de ocultar cosas, de enfatizar otras. El caso es que hubo que esperar hasta el siglo XX para que aparecieran biombos de laca con un espíritu totalmente diferente en su estética.

El cambio llegó de la mano del maestro japonés Seizo Sugawara que enseñó la técnica tradicional japonesa a Jean Dunand y a Eileen Gray en el París de principios de siglo. De la mano de estos dos creadores se vivió entonces un revival de la laca, que fue entonces reinterpretada, para dar con diseños geométricos abstractos y que tuvo muchos adeptos en la época, como el "couturier" Jacques Doucet que encargó varios. El más radical de los diseños de la Gray fue el biombo llamado Brick, que realizó en los años 20 para el interior del apartamento de la sombrerera Madame Juliette Lévy.

El biombo se componía de rectángulos geométricos movibles, de modo que al situarlos delante de la pared, algunas piezas se separaban del muro, proyectados en ángulo recto, dando así un movimiento inesperado al paramento. El biombo fue alabado por el crítico de arquitectura Jean Badovici, que lo poseía, y que después se convertiría en su pareja, con la que hizo la casa E-1027 en la Costa Azul. Casa cuyas prístinas paredes blancas llenó de murales Le Corbusier, en un acto que ella consideró de pura misoginia. Pero en fin, ese ya es otro cantar.

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