Una casa en el campo

Esta vivienda uruguaya se fusiona con el paisaje gracias al uso de materiales nobles como la madera o la piedra. ¡Todo un acierto!

En la región de Carmelo, en plena campiña uruguaya, se alza esta espectacular vivienda propiedad de Federico Bonomi y Cynthia Kern, pareja y socios fundadores de la prestigiosa firma argentina de moda Kosiuko.

Ambos cayeron rendidos ante los encantos de este lugar cuando visitaron por primera vez este paraje. Se enamoraron de la  belleza del paisaje y de la antigua casa de finales del siglo XVIII que se enclavaba aquí. En un principio pensaban que sería el lugar perfecto para abrir una posada turística, pero cuando empezaron a poner en marcha el proyecto de restauración, rescatando antiguos muros, crean­do nuevos espacios, renovando suelos y recopilando piezas y objetos decorativos, estaban ya tan fascinados por este rincón de naturaleza virgen que decidieron convertir la casa en su re­sidencia de vacaciones.

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La construcción, de 1.800 m2, se encuentra en un terreno de más de 240 hectáreas con plantaciones de olivos, vides y lavanda, que aportan al conjunto un toque mediterráneo a caballo entre la Provenza francesa y la Toscana italiana.

La piedra, en un suave color caramelo, y la  madera de lapacho, una variedad argentina muy dura y resistente, son los materiales principales elegidos para reconstruir y modificar la vivienda.

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En la planta baja se encuentran el recibidor, un salón, un comedor, una cocina y algunos dormitorios para invitados con baño incorporado, todos ellos de dimensiones más que generosas. La planta superior se reservó exclusivamente para dormitorios, también por supuesto, con baño.

De la decoración se encargaron directamente los propietarios, para poder dar rienda suelta a su pasión por la arquitectura y el interiorismo. Querían crear ambientes originales, llenos de detalles que les die­ran personalidad propia y, sin duda, lo consiguieron.

A través de las piezas que Federico y Cynthia habían ido recopilando aquí y allá a lo largo de los años y de los tejidos, la mayoría de ellos estampados con flores de su marca Kosiuko, fueron dan­do forma a unas estancias tan singulares y especiales como increíblemente cálidas y acogedoras.