“En mi casa no hay nada normal”

Charlamos con la propietaria sobre la decoración de una casa en la que "todo lo que entra tiene un sentido para mí". Un espacio personal, acogedor y lleno de sorpresas.

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Bea nos canta, toca el teclado, nos abre las ventanas de los miradores para mostrarnos las vistas a la madrileña Plaza de las Salesas, nos enseña las piezas fetiches que la han acompañado en todas sus “vidas” (en Nueva York, Londres, otra vez Madrid…) y también nos descubre sus “mini altares”, rincones que rinden honores a sus “musas”: la cantante británica Florence Welch, Patti Smith, Janis Joplin… y otras mujeres que, inconformistas como ella, navegan a contracorriente y no se rindieron hasta vivir sus sueños. Hiperactiva, carismática, llena de un entusiasmo contagioso, nos abre su nueva casa en Madrid, el lugar que ha sido escenario de su “cambio de piel”.

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Es la creadora y el alma de Sister Jane, la firma de moda que, con solo cinco años de existencia, se ha consolidado como una de las favoritas de fashionistas y shopaholics; pero hasta hace unos meses era una “yuppie” que iba y venía por la city londinense, preocupada de los fondos de riesgo y los vaivenes bursátiles. Entonces ni en sueños habría imaginado ver sus trendy mini colecciones de ropa entre las marcas más vendidas de ese templo de la moda que es el TopShop de Oxford Street, entre otras conquistas.

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¿A qué se debe tu cambio de vida radical?
Sentía que estaba donde no tenía que estar, que no vivía la vida que quería vivir. Me asfixiaba y a la hora de comer salía de mi trabajo en Londres y me iba a TopShop, no a comprar, sino ¡a estar! Llegaba casa y me pasaba todo el día en mi vestidor haciendo looks o me iba de compras... Era un escape porque, si no, me moría. Sentía que estaba vendiendo mi alma… Yo no entiendo la moda como una cosa superficial, sino una manera de expresarte y de encontrar tu esencia, tu yo interior.

¿Qué te fascinó la primera vez que viste esta casa?
Los techos altos, la elegancia sutil de sus chimeneas, las vistas al parque y a la iglesia de Santa Bárbara, ¡tan bien iluminada que parece que estás en Roma! La casa está justo en la frontera entre el “bien” y el “mal”, o sea, el barrio de Justicia y la bohemia de Chueca.

¿Qué ventajas ofrece su arquitectura interior?
Hay dos espacios separados por una puerta corredera, lo que me permite diferenciar dos ambientes: mi “burbuja de inspiración”, donde trabajo, creo y tengo mi showroom; y el salón, donde están mis guitarras, el sintetizador, el teclado, mis bombas de humo y el micrófono, que siempre está conectado a los altavoces. Aquí toco con mi grupo “Jane & The Tonics” y hago mis open-mics con amigos, reuniones donde tocamos, cantamos, hacemos performances en libertad, para descubrirnos, que es la esencia de Sister Jane. La emoción que me provoca la música es lo más parecido a enamorarse.

¿Tu casa refleja tu personalidad?
Sí, no hay nada “normal”. El salón no es un salón, sino un escenario. El comedor no es un comedor, sino mi “burbuja de inspiración”. Mi dormitorio es, a veces, el
camerino de “Jane & The Tonics” y hay un “árbol” sobre la cama.

¿Qué “tesoros” escondes?
Cada cosa que entra aquí tiene un sentido: el cuadro de David Palmer, que compré a un amigo galerista de Nueva York, o un corazón con luces hecho en San Valentín en los 70 en el pueblo inglés de Black Pole y más cosas que me recuerdan Inglaterra. La excentricidad y la libertad inglesas me han inspirado mucho y me han dado fuerza para romper la monotonía.