La columna de Jesús Cano: Arteterapia

"Éramos dos a la mesa. Aunque uno estuviera a cientos de kilómetros..."

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Éramos dos a la mesa. Aunque uno estuviera a cientos de kilómetros, 1.829 para ser exactos según google maps. Sus gritos llegaban a través del teléfono. Pasaban los minutos mientras yo intentaba fusionar unos espaguetis cacio e pepe que se enfriaban con el vocerío continuo. La escapada había empezado mal. Venecia no era el paraíso. Hubo un momento en que colgué -¿se cansó él o me cansé yo?- pero la ansiedad, esa vieja amiga, se había hecho fuerte camino del Palazzo Fortuny. ¿Dónde había dejado el trankimazin? Llevaba 15 minutos en la exposición -móvil apagado- y los fotogramas de un vídeo suavizaban mi rictus. Las imágenes conseguían apaciguarme. Hans Op de Beeck y Night Ti-me me serenaban tras dos dosis (léase, visionados).

Hans Op de Beeck
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Era feliz. Discusión olvidada. Empezaba el fin de semana. En lo oscuro de una sala había "sanado". Alain de Botton (Zúrich, 1969), con eficacia suiza y puntualidad británica (su país de adopción) nos tiene acostumbrados a producir, cada cierto tiempo, uno de sus best-seller. Y por cierto, sus libros no los encontramos en la estantería de novela negra sino en filosofía, eso sí, muy cerca de los manuales de autoayuda. En el último, El arte como terapia (Phaidon), Alain -me permito tutearle, llevo semanas con sus ensayos- nos dice que necesitamos el arte como esperanza, como un aliado que nos facilita avanzar. Buscar lo bello cuando fuera todo es oscuro, y acudir al arte como ese amigo que nos abraza y nos consuela cuando estamos tristes. Antes de convertir su teoría en palabra, realizó un caso práctico en el Rijksmuseum y llenó el museo holandés de post-it gigantes que nos hacían mirar la obra de otra manera.

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El cartel amarillo, cómo no, junto a La callejuela (1658), de Johannes Vermeer, nos dice: "Esta pintura muestra que lo ordinario y doméstico puede ser especial sin necesidad de grandes gestos. Es un mensaje de felicidad". Y un interior de iglesia de mi admirado Pieter Jansz Saenredam (1649) provoca este comentario: "La serenidad, la concentración y el orden no son lujos", dice la anotación. "Ellos no son una preocupación superficial en los interiores, son condiciones previas para una vida pensativa y equilibrada".

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Y rematan con unos simples consejos, "simplificar, deshacerse de lo que realmente no necesita, no revisar su correo electrónico todo el tiempo". Alain, junto al historiador del arte John Armstrong que le acompaña en esta cruzada, no cree en los ordenes cronológicos o de estilo, sino en museos ordenados por salas según los sentimientos que reflejan o los problemas que trabajan. Imaginan sanatorios para el espíritu.

También Seguros DKV prescribe el uso del arte y las terapias creativas como herramienta de bienestar para pacientes, usuarios y personal de sus centros. Han puesto en marcha CuidArt, un innovador programa de acción artística en el Hospital de Dénia Marina.

El arte no solo acompaña (y humaniza los espacios) sino que es una herramienta terapéutica que en los últimos años ha experimentado un importante desarrollo como forma de complementar los tratamientos de diversas enfermedades.

Podemos convertir nuestra casa en un sofisticado sanatorio solo con arte. O ir de museos o galerías. Recomendación facultiva: un óleo, un vídeo o una escultura también pueden provocar reacción. Si conviviera con una de las carnicerías, de formas torpes y recurrentes y colores mal engamados de Francis Bacon, ¿podría relajarme, redescubrir la bondad y la belleza del mundo...? "Intento introducir lo figurativo directamente en el sistema nervioso con la mayor violencia y penetración", confesaba el "maestro de lo despiadado" (la definición es de John Berger). Elijan bien. Y recuerden: puede producir adicción. Como en los anuncios: "Lea las instrucciones de este medicamento y consulte a su galerista".•

Las acuarelas son de Hans Op de Beeck y eran parte del video (fotogramas) que hablo en el artículo y su galeria es ronmandos.nl.

Las otras fotos son de la exposición "Art is therapy" en el Rijksmuseun de Amsterdam comisariato por Alain de Botton & John Armstron.

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