Ron Arad: el juego del diseño

Entrevistamos al arquitecto y diseñador.

ron arad

Su estudio está al noroeste de Londres, en lo que en tiempos fue una fábrica llena de máquinas de coser. Cuando en los años 80 se mudó a este taller convirtió el jardín en un desguace donde acumulaba los hierros para las obras que soldaba allí mismo. Hoy todas las piezas se fabrican fuera, así que ha recuperado el espacio para jugar al tenis de mesa. «En esta oficina están muy difusos los límites entre diseño, arquitectura, escultura y pimpón». Todo parece un juego para este hombre con raíces en nuestro país («Mi madre hablaba ladino, sonaba como Cervantes», dice) que se refugia a menudo en Formentera. Establece una curiosa división del mundo entre gente que tiene pelo y gente que lleva sombrero: «A mí me gustaría ser de los primeros, pero soy de los segundos».

Ron Arad nació en Tel Aviv (1951) y tras pasar por la Escuela de Arte y Diseño se mudó a Inglaterra, donde se matriculó en Arquitectura. No tardó en darse cuenta de que no estaba hecho «para trabajar para nadie», así que dejó el estudio donde colaboraba y se puso a fabricar una silla con unos andamios viejos y el asiento de un Rover 2000. Fue su Rover Chair, que todavía hoy es su creación más icónica (Jean Paul Gaultier fue el primer cliente que la compró, en 1981). En los últimos años ha tenido retrospectivas en el Pompidou y el Moma, exhibe hasta el 19 de octubre en el Museo del Diseño de Holon (Israel), cuyo edificio también es obra suya, y el 5 de septiembre presenta en la galería Ivorypress de Madrid una muestra que ahonda en su peculiar manera de entender el mundo.

Tuvimos el lujo de poder entrevistarle y, ade paso, aprovechamos para enseñarte algunas de sus originales creaciones.

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Rover Chair

Alcanzaste el éxito con el primer objeto que diseñaste. 
¿Eso facilita el camino o acaba pesando como un losa?
Surgió todo en el momento oportuno y hubo reacciones muy buenas. La Rover Chair (en la imagen) se relacionó con grandes obras de la historia del arte, como el toro con el sillín de bicicleta de Picasso o con una silla de Prouvé, y se acabó convirtiendo en un icono de los 80. Si alguien hace una lista de las piezas más reconocibles o las más vendidas, tal vez estaría ahí, pero el éxito es otra cosa. El triunfo se mide en cada trabajo, analizando si has cumplido los objetivos que te planteaste con él y con qué habilidad has conseguido hacerlo. Tiene que ver con el interés en todo lo nuevo y la curiosidad constante.

¿Te sientes más cómodo como diseñador o como arquitecto?
En arquitectura tienes que lidiar con muchas regulaciones y negociar con las autoridades, el constructor, el cliente, la policía, los bomberos, los vecinos, las mujeres, los maridos... Además, como arquitecto eres subsidiario, no dices «voy a construir una ópera» sin que alguien te la haya encargado. Sin embargo, como artista tienes una idea y, si crees en ella, la llevas adelante. No tienes que convencer a nadie.

Oscar Wilde definió el arte diciendo que era algo que 
no tenía ninguna función. ¿Podríamos decir que el 
diseño se convierte en arte cuando carece de utilidad?
Ninguna definición dura para siempre, aunque esta sirvió durante un tiempo. Me interesa más otra cosa que dijo Wilde sobre que había dos tipos de personas: las excitantes y encantadoras, y las aburridas o tibias. Así que cuando hablo de arte o diseño no me preocupa si es útil o no, sino si es divertido o aburrido. A veces cumple una función y otras no.

Dejaste tu país con veintipocos años. ¿Con qué ojos miraba el Londres de los 70 un chico que venía de Israel?
Imaginaba Inglaterra de otra manera, esperaba algo distinto a lo que vi al llegar. Yo venía de lo que en ese mundo se considera la periferia, y cuando vives allí te tomas muy en serio cualquier cosa que sucede en el centro. Devoraba cada número de la revista Art News, probablemente con más ímpetu que la mayoría de la gente que vivía en Nueva York, porque ellos estaban allí. Desde la periferia construyes una imagen del centro que está levantada también por el cine, la música, los Beatles y otras muchas cosas. No fue una decepción, pero no encontré lo que buscaba.

¿Qué queda en ti de aquel niño de antes de llegar a Londres?
El lugar donde naciste, el tiempo en que creciste, la música que escuchaste de pequeño, el arte que viste, todo deja una huella, y yo no soy una excepción. Fui un chico de los años 60, y eso está ahí. Mis padres eran artistas, así que fui un niño muy estimulado. Me llevaban a inauguraciones de exposiciones los domingos, en casa se mantenían conversaciones sobre arte y sobre literatura, mi hermano mayor es músico... Crecí en medio de una comunidad muy vibrante, pero incluso en ese ambiente yo siempre fui un poco más rebelde. Nunca he sido demasiado bueno cumpliendo con las cosas que se supone que se esperan de mí.

¿Qué tienen las sillas que te interese tanto?
Después de la Rover Chair muchas compañías me encargaron otras sillas, y me gustó. Son ideales para diseñar porque se sabe más o menos el tamaño, la altura, la inclinación que deben tener, conocemos lo que todo el mundo entiende por una buena silla. Pero al mismo tiempo siempre hay cosas nuevas que incorporar, hacer variaciones.
Vivimos en un mundo digital, de entornos virtuales 
y pantallas táctiles.

¿Qué espacio queda en el ámbito 
del diseño para los objetos físicos y la artesanía?
Seguimos comiendo alrededor de una mesa y bebiendo de un vaso. Es la forma de hacer los objetos lo que está cambiando, más que los objetos en sí. Soy afortunado porque a pesar del trabajo informático conservo mi destreza con el lápiz. Siempre que me siento ante una pantalla lo hago con un lápiz en la mano en lugar del ratón, y las posibilidades son infinitas. Me gusta ese proceso artesanal. Muchos de los dibujos que se pueden ver en mi exposición en Madrid parecen acuarelas, cualquiera juraría que lo son. Pero no, los he hecho en la pantalla de mi ordenador.

¿Qué impacto crees que va a tener a largo plazo 
en la arquitectura la actual crisis económica?
Está afectando tremendamente a los profesionales jóvenes que salen de la escuela. Me recuerda la época en la que vine a Londres, a finales de los 70. La crisis era enorme y no se construía nada, no se hacían edificios, la arquitectura era conceptual, sólo existía dibujada. Fue una época interesante porque sirvió para reflexionar y crear mucho sobre el papel. El Pompidou nació de toda esa investigación en unos años en los que no había edificios, sólo proyectos sobre el papel.

¿Qué importancia tiene en tu vida la creatividad?
La creatividad sirve para no aburrirse, así que es una suerte ser creativo. Me encanta que llegue el lunes y empezar la semana. No me siento un esclavo de mi trabajo, como tantas y tantas personas, y eso es gracias a la creatividad. Me hace muy feliz aprender cosas nuevas, eso es todo.

Centro comercial

Mediacité, Lieja, Bélgica.

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Silla

Bautizada como 'There Is No Solution, There Is No Problem'.

Librería

'Bookworn'.

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Silla

Modelo 'Southern Hemisphere'.

Estantería

Modelo 'No Bad Colours'.

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Sillón

¿Su nombre? 'Soft Big Easy'.

Bar

Suya es la decoración del bar del Hotel Duomo, en Rimini, Italia.

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Hola Madrid

La galería Ivorypress muestra los últimos trabajos de Arad e indaga en su interés por 
la investigación, hasta el 9 de noviembre. (c/ Comandante Zorita, 48, Madrid).