La casa de Carla Tarruella

El universo personal de la artista.

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Sabido es que los espacios en los que transcurre 
diariamente nuestra vida se van impregnando poquito a poco de nuestro sello personal, como de un aura invisible que sólo se hace patente con el paso de los años. Es cuando hablamos de “una casa vivida”. Un ejemplo es la vivienda en Barcelona de la artista y empresaria Carla Tarruella. Hace 12 años encontró el lugar perfecto para ella y su familia: un luminoso quinto piso en el barrio del Eixample, que ofrecía la posibilidad de ampliarse al sumar la contigua ex consulta de un médico.

Desde entonces es su refugio particular, donde se relaja, desconecta y repone fuerzas para enfrentar su exigente agenda -es propietaria del espacio gastronómico Cornelia&Co y del restaurante Acontraluz-. Eligió el blanco para las paredes y techos de las zonas destinadas a la convivencia (salón, comedor, escritorio, dormitorios...). Y como si de un lienzo vacío se tratara, fue paulatinamente componiendo la decoración de los espacios con los toques clave, los elementos precisos y las dosis justas de color: piezas de arte contemporáneo y sus propias obras, además de muebles y objetos que la han enamorado y de los que quiere rodearse: piezas con pasado, otras portadoras de una belleza sutil o de significados 
personales, ya sea encontradas en anticuarios y tiendas de decoración o también traídas de sus viajes. En Barcelona, sus tiendas de referencia son CoriumCasa y Wunderkammer.

Tiempo después, Carla buscó un espacio inspirador para 
convertirlo en taller. Y dio con un local en el barrio de Gracia, al que acondicionó con ayuda del arquitecto Josep Juanpere. Rodeada de sus lienzos y de sus bártulos de artista, allí pinta a gusto, prepara sus exposiciones y es más libre que nunca. Entramos en sus dos refugios, ¿vienes?

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Perfecta armonía

Comedor, salón y escritorio comparten el mismo espacio pintado de blanco. En el sofá, de Antonio Citterio para B&B en Bd, cojines de Goes Home y manta de CoriumCasa, tienda de la que procede el taburete con libros. Éste y la chaise longue delimitan el salón y el comedor.

Arte

Litografía de Richard Serra y, enmarcada en negro, obra de Tarruella. 

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En la mezcla está el gusto

Síntesis de los gustos y prioridades de la propietaria, el salón-comedor se caracteriza por acertadas mezclas. En primer plano, una pareja de sillas adquiridas en un anticuario de París pone color en un ambiente dominado por los blancos y los tonos neutros. En la 
chaise longue, cojín estampado de Anmoder.

Más madera

El color de la madera manda en el comedor. Las sillas son diseño de Jean Prouvé, y la mesa se adquirió en 
Wunderkammer. A la izda, obra de Alfonso Alzamora, y en la pared sobre el radiador, otra de Carla Tarruella.

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En blanco y negro

Carla ama los contrastes y por ello decidió pintar de negro algunas zonas como esta cocina con isla, de aire high-tech, equipada con mobiliario de frentes blancos de Arclinea. En la pared, destaca una obra del artista Alfonso Alzamora.

Femenino

Ciertos detalles, como collares y accesorios colgados, y la fotografía de Irving Penn, crean una atmósfera femenina en el baño. El lavabo exento es de la firma Duravit y se apoya en una encimera de madera tratada.

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En busca de la tranquilidad

En blanco con toques verde agua, el dormitorio está vestido para atraer la calma y el relax. Fotografías de la artista Carmen Mariscal y pinturas de Carla, además de recuerdos familiares, decoran las paredes. Una chaise longue, de Estudio Restauración, a pie de cama y una preciosa silla del Centro Pompidou hacen un guiño sofisticado. Almohadón de Anmoder.

Su taller

El atelier de la artista, un inspirador refugio donde ella encuentra la atmósfera idónea para pintar. Aquí conviven pigmentos, 
pinturas, atriles y pinceles con sus obras acabadas o en proceso. En la imagen, su díptico 'Sol Naciente'.

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Su obra

Apoyada en suelo, su obra 'Monstruo con corazón'.

Fotografías

Apoyada en 
un taburete, la fotografía 'Nevera verde' de Santi Caralt.