Cajas de cristal: cerramientos de interior

Comenzaron en las fábricas del siglo XIX, grandes cristaleras con creativos perfiles en negro que en la actualidad suponen el lujo deco de la transparencia de espacios.

grandes cristaleras

Hay una especie de ley de la transparencia que nos afecta a todos y de las maneras más insospechadas. En los interiores, tanto públicos como domésticos, es bueno ejercer el derecho a la privacidad de un modo que no sea impositivo o intimidante. Es por eso que los elementos separadores de cristal han proliferado aquí y allá invadiéndonos como en una revolución silenciosa, para instalarse entre nosotros sin empujar. Ayudan a la fluidez de los espacios y la interconexión entre ellos. Se gana en luz y amplitud pero también en un importante y beneficioso efecto psicológico. Es un modo de proporcionarnos cierta intimidad sin aislarnos del entorno, de sentirnos protegidos y, a la vez, conectados. Visualmente fuera pero acústicamente dentro. Como si estuviéramos en una auténtica burbuja que nos separa pero nos integra al mismo tiempo.

Esta idea la llevó más lejos el diseñador holandés Jürgen Bey, del estudio Makkink&Bey, cuando realizó para Vitra Editions una especie de despacho que uno podía accionar con una palanca para elevarse y quedarse trabajando a dos metros por encima del suelo. Según me contaba en su día, él no creía que las barreras físicas, opacas o transparentes, fueran necesarias. Al elevarse uno del suelo lanza al resto de los que comparten ese espacio el mensaje de que uno quiere estar tranquilo y que, a menos que sea absolutamente necesario, es mejor esperar para entrar en conversación. Al japonés Tokujin Yoshioka, que de siempre le interesaron los temas relacionados con la transparencia, se le ocurrió realizar una casita para el té en la que se confunden los límites de dentro/fuera, con un interés especial por establecer un diálogo con el entorno, una integración con la naturaleza muy explorada por diversos arquitectos modernos y contemporáneos como Mies van der Rohe o Philip Johnson. De hecho, en la novela de Simon Mawer "La casa de cristal", basada en la vida del matrimonio Tugendhat que encargó la villa de mismo nombre a Mies, se lee esta frase dicha por el arquitecto: "Yo quiero sacar al hombre de la caverna y flotar con él en el aire. Quiero proporcionarle un nuevo espacio de cristal". Pero ese mismo interés en jugar con las nociones de dentro y fuera, lo utiliza el artista Liam Gillick en sus coloridas instalaciones espaciales, con estructuras que dejan ver a través, pero en las que uno tiene que elegir si atravesar la barrera o no, percibiendo la noción de estar dentro o fuera, dándonos la oportunidad de si queremos o no tomar parte en el juego.

No es, desde luego, el único artista en interesarse por estos aspectos, quizá el más conocido de ellos sea Dan Graham, cuyos "pabellones", hechos de paneles de vidrio y espejo, son una verdadera experiencia sensorial que difumina la línea entre la escultura y la arquitectura, desorientando al espectador de su entorno o del espacio que lo rodea. Quizá la obra de Graham haya sido la influencia de arquitectos como SANAA en el museo de Kanazawa, donde se utilizan muros de cristal que reflejan y distorsionan la luz. Igual que lo hicieron años antes las piezas del diseñador y artista Danny Lane, un maestro del vidrio y de su manipulación tanto en muebles como en muros de interior que transforman el espacio con su presencia. •

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Habitación de cristalera

Si en un principio estas cristaleras se utilizaron para dejar pasar más luz natural al interior de la vivienda, compartimentar naves industriales y aligerar los tabiques de conexión con jardines y patios, en el s. XX comenzaron a adquirir un nuevo destino: el de crear habitaciones que mantenían el concepto open floor plan, pero garantizaban espacios privados y luminosos.

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Cuarterones de cristal

La luz pasa tímidamente a través de los cuarterones de cristal acanalado, pero las imágenes se quedan al otro lado. Inspirada en las antiguas puertas y paneles d'atelier, esta cristalera arty, diseñada por la arquitecta australiana Fiona Lynch, separa dos ambientes con sus perfiles de acero negro y el mueble en madera teñida.

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Doble puerta batiente

Momentos de intimidad y momentos de comunicación. Este dormitorio se integra en el salón con un ligero y transparente tabique Crittall, de grandes dimensiones y con doble puerta batiente, que deja ver la cama de Hästens y las obras de Shepard Fairey. La privacidad llega cuando se cierran las cortinas oversize que recorren la cristalera al completo.

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De cristal y acero

La arquitecta Katty Schiebeck dejó que su imaginación viajase hasta Escocia, a las obras del mítico diseñador Charles Rennie Mackintosh, para inspirarse en sus juegos de geometrías -¡tan vanguardistas en su época!- y concebir un panel separador de cristal y acero, para este apartamento barcelonés de los años 30. Un toque teatral pasado por el tamiz de lo industrial.

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Elementos separadores de cristal

Los elementos separadores de cristal han proliferado aquí y allá invadiéndonos como en una revolución silenciosa, para instalarse entre nosotros sin empujar.

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