Sara Carbonero nos enseña Oporto

La periodista nos recibe en su casa de Oporto y nos muestra sus rincones preferidos de la ciudad. Una deliciosa visita al más puro estilo 'slow life'.

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Oporto es una ciudad que o te enamora o puede provocarte una cierta saudade, por ese aire de decadencia elegante que desprende», afirma Sara Carbonero (Corral de Almaguer, Toledo, 1984). «A mí me cautivó en cuanto la pisé. Era la primera vez que iba a residir fuera de España, y llegué con la incertidumbre de lo desconocido. Pero enseguida desaparecieron mis dudas. Vi la ciudad y pensé: "Vas a vivir en un lugar precioso"», recuerda.

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La presentadora lleva ya dos años instalada en la segunda capital más importante del Portugal, desde que a su marido, el futbolista Iker Casillas, lo ficharon como portero en el equipo local. Otros dos de los aspectos que le sorprendieron gratamente fueron la amabilidad y la cultura de la gente. «Poseen un don increíble para los idiomas, gracias, en parte, a que aquí no se doblan las películas. Tanto niños como ancianos y adultos tienen tal dominio del inglés que parecen nativos. Son, además, cariñosos, tremendamente serviciales y muy trabajadores», describe con admiración.

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Sara parece haberse contagiado de la cadencia lusa. Se la nota tranquila, relajada, en paz. «Este es un país en el que se respira calma. Recuerdo que las palabras que más nos repetían al principio eran tranquilo, tranquilo. Se rigen por un horario más británico, más saludable: comen temprano (sobre la una de la tarde) y cenan antes (alrededor de las ocho).

Disfrutan y saborean las cosas, cuentan con más tiempo libre. Llevan un ritmo muy slow life», explica sonriendo. Al preguntarle si se le ha ordenado la vida, duda.«Bueno… Diría que se me ha ordenado y se me ha desordenado a la vez, porque, con dos niños tan pequeños –Martín, de 3 años de edad, y Lucas, de 1– no tengo horario ni rutina, pero es indudable que se me ha calmado. Y eso se debe a la ciudad. Aquí puedo respirar y organizarme fácilmente», admite.

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Entre otros factores, ha contribuido a ello el lugar donde residen, Foz Velha, un pueblo de pescadores lleno de encanto, ubicado cerca de la desembocadura del río Douro y en el que coexisten modestas y coloridas casitas de pescadores con villas señoriales.

«En Madrid vivo en una zona apartada, lo que me obliga a utilizar el coche para cualquier cosa. Aquí me hace especial ilusión salir de casa y encontrarlo todo a mano: la tienda de ultramarinos, la panadería, el todo a cien, la farmacia... Otra cosa que me encanta es pararme a charlar un rato con algún vecino que esté paseando al perro», declara feliz. Sara e Iker –que son «de piñón fijo», como dice ella– han descubierto un par de sitios en la zona adonde siempre llevan a los amigos que los visitan.

«Vamos paseando, lo que me parece una maravilla. Uno es una petisqueira, Casa de Pasto da Palmeira (Rua do Passeio Alegre 450), para mí, de los mejores lugares de los alrededores. Me gusta por la calidad de la comida y la originalidad de los platos; preparan unos rolhos de frango –pollo– para mojar con salsa de mango exquisitos. Y el cevadoto, que yo he descubierto aquí. Está riquísimo. Se trata de una especie de cereal que cocinan tipo risotto, a los cuatro quesos o con verduras. Sí, me vuelve loca», admite. No hay que olvidar el postre estrella de la casa, el Bolo de Sandra, una tarta de mousse de chocolate picante con un contraste de sabores muy interesante.

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El segundo lugar es la Mercearia do Miguel (Rua do Passeio Alegre, 130), una mezcla entre café y colmado. «Todo allí es ecológico: las ensaladas las verduras, las frutas, los zumos… Es una de mis segundas casas. ¡Ya tengo varias aquí!», bromea. También procura acercarse con los suyos a Praia da Luz, un restaurante en la costa «con unas puestas de sol increíbles», y a Leça da Palmeira, otra playa espectacular, de arena blanca, situada a tan sólo 9 kilómetros de Oporto y junto a L'Kodac (Praia do Aterro), una taberna con twist.

Un área que Sara no perdona es Baixa. «Quiero que nuestros amigos se queden con una noción completa de la ciudad, y el centro histórico merece la pena. Hay un bistrot muy especial que me fascina, Camafeu (Praça de Carlos Alberto, 83). Se encuentra en un primer piso, posee muy pocas mesas y su aire es de lo más retro. Te sientes igual que en el salón de tu abuela», asegura.

También los acompaña a descubrir uno de los bocados tradicionales de la urbe, la francesinha. «Me llamó la atención al principio que en muchísimos locales hubiera carteles con el reclamo "Pruebe la típica francesinha". "Pues habrá que probarla", pensé. Cuando la vi, casi me desmayo. Es una especie de sándwich de varios pisos que lleva de todo: pechuga de pollo, queso, salchichas,jamón... Y se sirve con una salsa de caldo de guiso y patatas fritas. Es una bomba de relojería».

¿Más planes infalibles? El inevitable paseo en tranvía, una manera típica y cómoda de recorrer Oporto, con parada en la Fundación de Serralves. «Hace poco organizaron una expo de Joan Miró maravillosa. Me encanta perderme por sus jardines y parar a tomar un té en La Casa de Chà, un coqueto café escondido entre árboles y parterres», desvela la presentadora.

Si la jornada es con niños, no falla el crucero de los siete puentes, un recorrido por el río Douro en rabelo, el barco que se usaba tradicionalmente para transportar el vino y que pasa por los puentes que unen Oporto y Gaia. «En tierra firme, de vez en cuando cogemos un tuk tuk y organizamos un tour por el centro. La verdad es que es un poco de guiri, pero a Martín y a Lucas les divierte muchísimo».

El recorrido incluye la estación de tren de São Bento, decorada con miles de azulejos que relatan la historia de Portugal y del vino de Oporto; la librería Lello e Irmão, que data de 1906 y que, según cuentan, inspiró a la escritora J. K. Rowling para crear el personaje de Harry Potter, y el Mercado do Bolhão, una auténtica maravilla que refleja la esencia de la ciudad.

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No faltan la subida a la Torre de los Clérigos ni un tentempié en el deslumbrante Majestic Café. Y es obligatorio perderse en alguna bodega de Gaia. «Nuestras preferidas son Taylor's y Graham's. Siempre acabamos con una cata, con el peligro que conlleva...», reconoce entre risas.

Aunque prefieren salir, Sara e Iker organizan cenas en casa, un piso amplio y luminoso, con una gran terraza ajardinada con vistas al río. «Acostumbro a preparar bacalhau com natas, un plato que me enseñaron aquí. Es sencillísimo: desmenuzas el pescado, le añades nata y patatas paja y lo gratinas en el horno. Tiene mucho éxito».

En cuanto a la decoración, suele recurrir a las flores –los tulipanes son sus preferidas– y a la mezcla de vajillas de Zara Home, Bordallo Pinheiro y Slow Love, la marca de lifestyle que ha creado con dos amigas.

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