Penélope Cruz, a corazón abierto

​Su amor incondicional por los niños nos da la faceta más solidaria y comprometida de la estrella. Ellos son el objetivo de su debut como directora.

Abrigo y sudadera de Michael Kors, camiseta blanca de Zara y vaqueros con rotos de Reiko, anillo de Penélope Cruz para Viceroy, y collar doble con símbolo de infinito y chapa de la co­lección Viceroy / Soyunoentrecienmil.
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Está a punto, junto a su marido, Javier Bardem, de viajar a las localizaciones búlgaras donde se desarrollará el rodaje de 'Escobar', el biopic sobre el narcotraficante colombiano que dirige Fernando León de Aranoa y que la une, otra vez, con su pareja en el cine. Tiene a la vuelta de la esquina el estreno de 'La reina de España' (25 de noviembre), segunda parte de 'La niña de tus ojos '(1998), que supone su regreso al hogar del cineasta Fernando Trueba, primer artífice de su lanzamiento como estrella internacional.

Y, en cuanto el oscarizado director Asghar Farhadi ('Nader y Simin, una separación') acabe de escribir el guión, se convertirá en la protagonista de su octava película, la historia aún sin título de una familia de enólogos que rodará en España (muy posiblemente también al lado de Javier Bardem) y coproducida por Pedro Almodóvar, su otro padre espiritual.

Pero lo que nos reúne hoy con Penélope Cruz no es conversar sobre un relato que le haya exigido ponerse en la piel de otra persona. Lo que nos coloca frente a una mujer menuda y de grandísimos ojos sin maquillaje es un drama real que se le ha marcado a fuego en su propia piel: el de la leucemia infantil. Los niños, siempre su debilidad y también su obsesión; su otra razón de vida.

"Todo lo que tiene que ver con los niños me toca mucho. De no haber sido actriz, habría elegido algún trabajo que me permitiese estar en contacto con ellos"

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«Si no hubiese sido actriz, habría elegido un trabajo en el que estuviese en contacto con ellos –dice–. Todo lo que tiene que ver con los niños me toca mucho. Desde pequeña mi instinto maternal está muy desarrollado. Y, cuando me he involucrado en proyectos solidarios, como ahora, siempre han tenido que ver con ellos».

No es casual, por lo tanto, que su debut como directora de cine haya ido de la mano de un documental, 'Soy uno entre cien mil', que se acaba de presentar en Madrid y con el que, a través de una mirada afectiva y sensible, busca nuestra complicidad para que seamos más activos y menos contemplativos con respecto a una verdad tan cruel como dolorida (disponible ya a través de una descarga solidaria en Filmin, iTunes, Wuaki, Ono y Movistar).

Cuando recuerda la experiencia de estos últimos meses, Penélope, siempre precavida frente a una grabadora, no reprime la emoción. «No sé cómo me las voy a arreglar en las presentaciones del documental, delante de las cámaras. Hablar de ello es muy difícil», admite afectada. Con ese muy difícil se refiere a lo que enseña en la cinta: su experiencia conviviendo con los pequeños; con sus familias; con sus tratamientos en los hospitales; con sus dosis de optimismo y de esperanza; y también con madres que no tuvieron la suerte de ver la recuperación de sus hijos.

Una implicación a fondo y sin límites. «Pasé meses con todos ellos y había veces que llegaba a casa con una carga tremenda. Por un lado, me sentía hecha polvo; mi cuerpo me pedía salir corriendo y comerme a besos a mis hijos. Mi madre estaba preocupada porque ya con 'Ma Ma', de Julio Medem –2015–, había hecho una inmersión desgarradora en la vida de mujeres con cáncer. Me preguntaba constantemente "¿cuánto te falta?".

Yo le decía que no se angustiase, que, aunque duelan, hay historias que deben ser contadas. A mí me merecía la pena. Y hacía aún más grande mi deseo de aportar un granito de arena para que, entre todos, haya posibilidad de generar más investigación, que es lo único que puede conseguir que esta enfermedad tenga cura», declara categórica.

Precisamente ese es el motivo por el que Penélope, junto a la firma Viceroy, de la que es imagen y que ha financiado su documental, ha unido fuerzas con la Fundación Unoentrecienmil, organización dedicada a la lucha contra la leucemia infantil, para recaudar fondos que ayuden a combatir una enfermedad de la que cada año se diagnostican 300 casos.

«De este trabajo me quedo con un montón de cosas. Primero, con los nuevos amigos, porque muchos de estos niños siguen conmigo; nos vemos de vez en cuando y me mandan mensajes al móvil divertidos, llenos de luz y de sabiduría. Después, me reafirmo en la idea de que hay que ser capaz de darle la vuelta a las cosas. Valorar lo positivo, lo sencillo; lo que tienes. Ser testigo de lo que un niño enfermo de leucemia debe soportar y la actitud tan extraordinariamente valiente con la que lo viven ha sido un auténtico despertar. Me ha hecho pensar: "¿De qué me quejo?"».

Collar doble con infinito y chapa de la colección 'Viceroy / Soyunoentrecienmil' y anillos de Viceroy.
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Siempre que mantiene una conversación en público, la actriz incide en su actitud de agradecimiento hacia la vida. Y el examen de conciencia al que le ha obligado ser, por un tiempo, una suerte de ángel de la guarda de familias que, a pesar de todo, transmiten optimismo y esperanza le ha fortalecido en su convicción de que la felicidad es algo que hay que trabajarse a diario. «Con la edad entras en una dinámica diferente. Aunque ser madre te devuelve a momentos de la infancia que vas olvidando por el camino, siempre te dispersas. Y nunca hay que dejar de prestar atención a los pequeños detalles que forman parte de la vida».

La charla pasa inevitablemente por la maternidad y el instinto de lucha que lleva consigo (tiene dos hijos con Javier Bardem: Leo, de 5 años, y Luna, de 3). «Desde el segundo uno de convertirte en madre, hay como un clic que te surge y que provoca una capacidad de entrega total y para siempre. Es lo más revolucionario y fuerte que se puede sentir».

Jersey de Chanel, vaqueros de Diesel y pendientes, anillos con cristales de Swarovski y reloj de acero de Viceroy.

Y también nos lleva de cabeza a otra de las obsesiones de esta mujer a la que sus seres próximos definen como hipocondríaca: la salud. Algo que le ha preocupado extraordinariamente desde la infancia, tanto que no fuma ni bebe, y que, como consecuencia de haber protagonizado 'Ma Ma', le llevó, por precaución, a repetir todas sus pruebas preventivas, incluida la mamografía. «De niña parecía una abuela. Gritaba: "La salud, la salud, ¡que no me la quite nadie!" –ríe–. Y en realidad no te puedo decir de dónde me viene esa obsesión. Pero en mi orden de prioridades es lo primero. Es básico para criar a tus hijos, para seguir adelante... ¡Es lo primero para todo!».

Las situaciones extremas de las que ha sido testigo y que le han provocado un tsunami interior cristalizan en una frase sencilla pero muy potente que se ha convertido en un nuevo mantra para ella: no puede ser que tu miedo sea mayor que tus ganas de vivir. «Esa es una verdad que enlaza con una afirmación de Descartes que me repito constantemente para quitarme de encima los miedos absurdos que siempre he tenido: "Mi vida estuvo llena de desgracias que nunca existieron" –recita–. Me parece tremenda. El día que la leí por primera vez dije "¡ay, Dios mío!".

"Espero darme cuenta a tiempo y no desperdiciar mi vida por culpa del miedo, por estar siempre preocupada del ¿y si...? Es un problema vivir en la forma verbal condicional a todas horas. Es verdad que tener hijos te pone más en presente. Con ellos se van muchos temores absurdos, aunque te aparecen otros más importantes. Pero, aun así, si no están basados en una amenaza real, hay que tirarlos a la basura. Cada día que tengas para estar rodeado de una familia sana hay que disfrutarlo como si fuera el último. El ejercicio consiste en vivir el presente a full. Así que ahora lo que me repito continuamente es que hay que temer menos y darse el permiso de confiar más».

"Hay que ser capaz de darle la vuelta a las cosas; valorar lo positivo, lo sencillo y todo lo que tienes. Con la edad, entras en una dinámica que te dispersa de los pequeños detalles de la vida"

Levita y salones de Miu Miu, camiseta gris de H&M, pantalones de Boss y reloj de Penélope Cruz para Viceroy.

No debe de resultar sencillo saber cuál es la causa ideal en la que implicarse. Sin duda serán incontables las personas que se acerquen a una celebridad del calibre de Penélope Cruz con buenas y no tan buenas intenciones. «Es imposible, desde luego, implicarse en todo lo que te piden –considera–. No tengo ningún equipo de asesores que vigile mis pasos en ese sentido. Y, desde mis primeros años, cuando viajé a Calculta (con la fundación Sabera, creada por Nacho Cano), he visto de todo. Pero hay que seguir apostando. No debes quedarte paralizado. Porque uno de los pocos beneficios que tiene el ser conocido es ayudar en lo que puedas. Como me dijo la Madre Teresa, "lo importante es hacer algo, aunque sólo sea a una persona".

"Ese mensaje, y cómo me miró cuando lo pronunció, se me quedó grabado. Por lo que respecta a mi compromiso actual, mis primeras conversaciones se remontan a hace ya 15 años. Y es un orgullo estar involucrada con Viceroy, una firma española que se ha implicado en una causa como esta. No tendrían por qué, y, sin embargo, desarrollan una ayuda real».

Nos queda un momento para hacer hueco a la reivindicación. Y Penélope no lo desaprovecha. «Un sistema que nos hace elegir entre niños y adultos a la hora de investigar me causa una enorme indignación. ¿Cómo se puede permitir que esta enfermedad se siga llevando niños por delante? Y tampoco es justa una sociedad que, además de por lo que deben pasar, pone a los padres ante la amenaza de perder un puesto de trabajo; es tremendo. La sociedad somos nosotros y no podemos tener un comportamiento tan cruel».