Irina Shayk: "No estoy poseída por la moda"

​Su vertiginosa carrera la ha conducido a la cima del éxito, pero se mantiene firme con los tacones en el suelo. Así son el pasado, el presente y el futuro de una de las modelos más cotizadas del mundo.

Es, probablemente, la mujer más sensual que jamás he tenido delante. Quizá por lo que eso intimida –o quizá por la imagen fría que a veces proyecta–, encendí la grabadora con cierto miedo a que la cita con una de las tops más cotizadas del planeta no fuera fácil. Mea culpa. En la distancia corta, Irina Shayk (Yemanzhelinsk, Rusia, 1986) destila una simpatía inesperada.

Convertida en embajadora del Ginger Ale de Schwe­ppes, la modelo se encuentra en el mejor momento de su vida, tanto en lo profesional como en lo personal, ya que –pese a no hablar de ello– desde hace año y medio forma junto al actor Bradley Cooper una de las parejas más glamurosas del star system. Con la treintena recién estrenada, conserva intactas las ganas de comerse el mundo, aunque tiene experiencia suficiente como para evitar que el éxito la devore.

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Este año has cumplido los 30, lo que para mucha gente es sinónimo de crisis. ¿Cómo defines tu momento?

Creo que cualquier mujer es como el vino: mejora y mejora con la edad. Siento que estoy en la etapa más plena de mi vida y que tengo mucha suerte en mi carrera: soy modelo de lencería para Intimi­ssimi, me he convertido en imagen de Givenchy, he conseguido un espléndido contrato con L'Oréal, trabajo con los mejores fotógrafos...

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Y con las mejores revistas...

Sí (sonríe), he hecho reportajes con ELLE durante muchísimos años. Es una de las revistas más leídas del mundo y formar parte de una publicación así te pone en el foco. Me hace feliz que me vean tantas mujeres que demandan moda.

Te sientes cómoda cuando vienes a nuestro país?

Sí, de España me encanta todo. Hace diez años Barcelona fue el primer sitio que me dio trabajos importantes. Empecé mi carrera en París y resultó una ciudad muy difícil para mí: al parecer yo era demasiado sexy para los franceses. Luego llegué aquí y las cosas cambiaron. Os gustaba que pareciera latina y por fin empecé a ganar dinero. Así que, insisto, de España me encanta todo.

¿Somos muy diferentes los españoles de los rusos?

Al contrario, creo que somos muy parecidos. Si los españoles queréis fiesta, la hacéis a lo grande, igual que nosotros. Y, si protestáis por algo, protestáis también a lo grande... Tenéis una personalidad muy fuerte; quizá por eso siempre me siento bien cuando estoy en España.

Aquí se ha extendido el estereotipo de que vosotros sois personas frías y distantes. ¿Verdadero o falso?

Sé que es lo que piensa mucha gente, pero no creo que sea cierto. Diría que tiene ver con el idioma: en ciudades como San Petersburgo y Moscú la mayoría habla inglés y la comunicación resulta fluida; sin embargo, si viajas a mi pueblo, Yemanzhelinsk, en la Rusia profunda, te miran como si hubieses llegado de otro planeta. Allí, de pequeños no estudiábamos una segunda lengua. Yo, por ejemplo, me puse con el inglés a los 21, cuando comencé a viajar. Puede que por eso parezcamos más distantes.

¿Cómo describirías tu carrera en la industria de la moda?

Para empezar, yo tuve la suerte de vivir mi infancia. No comencé en este mundo a los 13, sino a los 21, así que pude terminar el colegio y pasar siete años estudiando en una escuela de música. Es decir, tuve una educación antes de dedicarme a esto. Y después no me he tomado la moda como un hobby, sino como un trabajo: es algo que hago por dinero, no me gasto en zapatos lo que gano. La gente que me conoce sabe quién soy.

¿La profesión de modelo condiciona de alguna manera tu vida más allá de la pasarela y los flashes? ¿No sientes que tienes la obligación de estar perfecta las 24 horas del día?

Honestamente, en mi tiempo libre no creo que la gente sepa que soy modelo. De hecho, a veces hasta me da pudor decirlo. Sin maquillaje soy como el resto de las mujeres. Cuando la gente me ve sin pestañas larguísimas ni tacones, me dice: «Vaya, estás diferente». No me levanto siendo glamurosa. Está claro que, igual que cualquier chica, tengo que arreglarme, y no me avergüenzo por ello: siempre me ha gustado recordarme que, si quiero estar bien, necesito trabajármelo. ¡Es la mejor manera de motivarse para ir al gym!

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Mucha gente considera que eres la mujer perfecta. ¿En qué dirías que no lo eres?

Estoy muy lejos de la perfección. Siempre hay cosas que mejorar. Te diré, por ejemplo, que soy la persona más testaruda con la que puedes tratar, hasta mi madre se daba por vencida. Si creo que esta mesa es un elefante, no voy a parar hasta que todas las personas de esta sala piensen que lo es. Aún puedo limar muchos aspectos de mi personalidad.

Alguna vez has comentado que sufriste 'bullying' en el colegio. ¿De qué manera ha afectado eso a tu carácter?

Quizá haya provocado que no crea en estereotipos, en iconos ni en que la gente tenga que parecer nada. Yo era diferente al resto de las chicas del colegio, muy delgada, morena y con los labios gruesos; además, me encantaban los tacones, así que me llamaban el palo: «Mirad, por ahí va el palo caminando sobre sus taconcitos». Ahora vivo en Estados Unidos, y allí da igual de qué color seas o qué nacionalidad tengas; si eres buena gente, suficiente.

Has hecho tus pinitos en el cine. ¿Tienes pensado repetir?

En su momento quise probarlo para divertirme. Era un reto, y formar parte de una gran producción siempre ha sido mi sueño. Lo hice porque me parecía interesante y fue una experiencia genial. Me gustan los desafíos, así que estoy convencida de que probaré más cosas.

El mundo de la moda tiene fama de ser un universo un poco complicado. ¿Te parece un sitio difícil para hacer amigos?

Mi grupo de amigos es muy reducido; me gusta tener pocos pero que sean de verdad, porque es cierto que te das cuenta de que hay mucha gente que se mueve por intereses. Un par de años atrás hice nuevos amigos dentro del gremio y son las personas con las que me muevo ahora y a las que de verdad aprecio. No me juzgan, me apoyan, no les importa de dónde vengo; les gusto por ser como soy y quieren pasar tiempo conmigo más allá del trabajo.

Seguro que una parte del público, aun sin conocerte, envidia tu vida. ¿Qué envidias tú de la vida que lleva la gente anónima?

Pues odio a todas las personas que están en las Maldivas ahora mismo (risas). Me gusta seguir a Natasha Poly en Instagram porque siempre cuelga las mejores fotos de vacaciones. Le escribo comentarios del tipo: «Zorra, sé dónde estás en este momento. De retiro en las Maldivas». Ahora en serio, no quiero la vida de otra gente porque estoy feliz, pero es verdad que hay ocasiones en las que termino agotada y fantaseo con la idea de disfrutar de los días libres que otras personas sí tienen. Y... ¿te he dicho ya cuánto odio a la gente que se encuentra de vacaciones en las Maldivas?

Para terminar, sé que no te gusta hablar de tu vida privada, pero ¿se te ha pasado por la cabeza casarte y formar una familia más adelante?

Por supuesto. Creo que las mujeres estamos en este planeta para formar una familia, ser felices y disfrutar de la vida. Tengo claro que la moda no ocupa el cien por cien de mi existencia, es sólo mi trabajo. No acumulo revistas ni veo programas de tendencias: me gusta saber dónde está la realidad y mi trabajo me encanta, pero no estoy poseída por la moda. El día que no me dedique a esto probablemente sea igual de feliz haciendo otra cosa.