La hora de Antonio Banderas

Estrena amor, perfume, su primera colección de moda, una agenda repleta de rodajes y nueva vida en Londres. Nuestro actor más internacional celebra con ELLE 56 otoños llenos de primaveras.

Cazadora de cuero y camiseta de cuello 'mao' de Antonio Banderas by Selected Homme, pantalones de Dsquared2 y zapatos de Caramelo.
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Hace sol en Londres. A la hora del té la luz cae como un foco sobre la moqueta beis en la 'suite' del hotel y hace flotar diminutas gotas de perfume recién vaporizado. Huele a pomelo y frambuesa. A pimienta y madera. Es la nueva fragancia de mujer de Puig, 'Queen of Seduction', a la que presta su imagen uno de los hombres más deseados. Antonio Banderas acaba de cumplir 56 años sin un rasguño en su atractivo. Es enérgico, profundo, cálido, transparente, muy divertido. Sabe atrapar toda tu atención con un solo gesto, mirar como nadie de arriba abajo y reír todavía con pureza.

Mientras charla, se recuesta en la 'chaise longue', juega con el frasco joya de fragancia azul y vuelve a incorporarse casi dando un salto. Cada vez que lo hace se estira el polo de cuello 'mao' con el que está arrasando como diseñador para la firma Selected Homme, una multinacional danesa que, a petición de este iconoclasta andaluz, ha instalado sus oficinas en Churriana para dar trabajo a cien paisanos de Málaga, donde también está buscando inversores para levantar un teatro. Es más que una estrella a escala internacional: es literalmente un profeta en su tierra. Ahora se reinventa aquí, en la capital británica, donde, al trasluz de la tarde, habla sin tapujos del amor, la política y las vueltas de la vida.

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Todas las personas que sabían que venía a Londres a entrevistarte me han planteado la misma pregunta.

Ah, ¿sí? ¿Cuál?

«¡¿Qué hace Antonio Banderas estudiando moda?!».

(Risas). ¡La culpa es de Puig! Viajar por todo el mundo con ellos de la mano desde hace 20 años me ha permitido conocer de cerca a muchos de los grandes nombres de la moda que, además de diseñar, cuentan con fragancias. Gente como Paco Rabanne, Jean Paul Gaultier y Carolina Herrera, que es amiga mía. Yo no soy sólo un nombre para el grupo Puig, tengo una alianza con ellos y, a la vez, somos casi familia. Cuando les conté mi idea de diseñar, me dijeron: «¿Por qué no? ¡Hazlo!». Y di el salto.

Precisamente ahora presentas con ellos 'Queen of Seduction', tu perfume número 14. ¿Moda y belleza van unidas?

Sí y no. Yo creo que en la moda hay algo que va más allá de la belleza. La gente muestra su personalidad a través de lo que se pone, pero a veces se produce todo lo contrario.

¿Qué es lo que quieres decir?

Que muchas veces usamos la moda para ocultarnos, para colocarnos máscaras. Un tipo tímido se pone chaquetas de cuero para protegerse, para crear un personaje que le dé confianza y, así, enfrentarse a la vida. La moda tiene mucho que ver con la seguridad personal. Por eso creo que, tendencias aparte, es importante que nuestro cuerpo responda bien a lo que lleva puesto. Esto sirve tanto para un perfume como para una camisa.

Antonio, con el perfume 'Queen of Seduction', de Puig, lleva camisa de Boss, pantalones de Dsquared2 y gafas de sol de Mr.Boho.

Más allá de la vida real, ¿qué importancia le das al vestuario en el mundo de la ficción?

Te voy a contestar con algo muy bonito que aprendí en el rodaje de 'La máscara del Zorro'. Un día estaba preocupado leyendo mi guión. Anthony Hop­kins se dio cuenta. Se acercó y me susurró: «What's going on? –¿Qué te pasa?–». «Estoy dándole vueltas a una escena en la que no sé si logro sacar al Zorro», le contesté. Estábamos grabando en una hacienda; me metió en una habitación, me puso frente a un gran espejo y me dijo: «¿Qué ves ahí?». «A mí y a ti», respondí. Entonces exclamó: «¡No! Ahí está el Zorro. Mírate. Observa lo que llevas puesto. Llevas una capa negra, un sombrero de ala ancha, un antifaz, una espada y botas hasta las rodillas; vas todo de negro, el color que recorta las siluetas en el espacio. Sólo tienes que colocarte frente a la cámara. El traje ya lo está dando todo». En ese instante me di cuenta de que te puedes convertir en un personaje romántico y épico sin hacer absolutamente nada.

O sea que eres de los que creen que el hábito hace al monje.

¡El hábito tiene una importancia tremenda!

¿Y con qué hábito te identificas tú más?

Con los zapatos, porque yo necesito sentirme pegado a la tierra, sobre todo cuando actúo. Si es en teatro, todavía más.

Llevas casi cien películas. ¿Cómo se pasa de ser una estrella de Hollywood a un novato en una escuela de moda inglesa?

Te aseguro que no ha sido nada fácil entrar en la Saint Martins. Es una de las escuelas de moda con más prestigio del mundo: no admiten a muchos alumnos, y menos con mi edad. Me costó convencerlos. Conseguí que me concedieran audiencia después de llamar mucho a la puerta.

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Cuéntame alguna película sobre tu nueva etapa en Londres.

(Risas). Pues fíjate que yo pensaba que iba a disponer de más tiempo para mí ahora que vivo aquí... y al final hay un montón de trabajos en marcha. Por un lado, he leído seis libros de Leonardo Padura para una serie americana que rodaremos en Cuba. Tengo una película también por leer con Nicolas Cage y que vamos a hacer en Bulgaria. Está por ahí el último guión de '33 días', sobre Picasso y con Gwyneth Paltrow, para echarle un vistazo otra vez. Y 'Salty', una comedia muy divertida grabada en Chile y en la que hago de una rock star completamente disfuncional. No me quedó más remedio que afeitarme la cabeza porque debía ponerme una peluca.

¿Cómo haces para compatibilizar ir a clase con una vida de actor que enlaza un rodaje tras otro por medio mundo?

Yo no voy a las clases con los alumnos. La escuela ha diseñado para mí unas 'cápsulas' de cursos intensivos. Ya hice una de un mes y en noviembre hago otra. Será un compromiso de cinco o seis años; dependerá de mi trabajo, porque tengo claro que no voy a dejar el cine. Eso sí, la decisión de mudarme a Londres fue para acudir a la universidad aquí. Cuando se da un paso en la vida, se da en serio, si no, '¿pa qué?'

¿Cómo es tu vida ahora?

Pues mira, me he comprado una casa en Surrey, a 50 kilómetros de Londres. Es un lugar supertranquilo, en plena campiña. Eso me permite escribir, relajarme y 'repensarme'. Y vivo con una mujer a la que quiero mucho.

Traje azul marino de Dsquared2, camisa de Boss, pañuelo de lunares de Accesmen y zapatos de Caramel.

Estás hablando de Nicole Kimpel. ¿Cómo la describirías?

No tiene nada que ver con mi mundo. Ella viene de las finanzas y la banca. Es muy 'laid-back', muy tranquila. Y respeta totalmente mis espacios, algo que yo necesito. Vivimos muy a gusto cuando tenemos la oportunidad de estar aquí, en Londres. Y luego nos vamos a las aventuras de los viajes. Acabamos de llegar de Roma.

¿Ella te acompaña cuando sales por cuestiones de trabajo?

Sí. Viajamos juntos a todas partes. Es más, Nicole está haciendo los cursos de la Saint Martins conmigo.

¿Ah, sí?

Sí. Vamos a montar un atelier en casa, con nuestras propias máquinas. A ella le interesa trabajar la seda; a mí, el cuero –ahora voy a comprar unos artilugios especiales para coserlo–. Mi idea es mandarle a mi equipo las piezas, no un boceto. La moda ocupa gran parte de mi tiempo. Me ha abierto un espacio increíble en la cabeza. Es un cambio muy bonito.

Si digo «Antonio Banderas se ha reinventado», ¿exagero?

No. Han sido 25 años en otro lugar y con otra persona, alguien a quien quiero muchísimo.

Tu separación de Melanie Griffith ha sido todo un ejemplo.

Afortunadamente, hemos conseguido mantener una relación muy buena. Hablo con ella todas las semanas, y con nuestra hija, Stella, todos los días. También hablo con Alexander y Dakota (los dos hijos anteriores de Melanie). La verdad es que estamos logrando hacer las cosas de una forma elegante y sana. Y eso está muy bien.

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Si haces balance, ¿qué dirías que has dejado atrás?

Otra vida totalmente distinta, con mucha tensión y muy continua: vivía en el meollo de los estudios, de las entrevistas... No paraba. Llegó un momento en el que necesitaba salir de ahí, respirar y gritar: «¡Ahhhhhhh!». Este cambio de vida me está ayudando una barbaridad para el cine. Las películas que acabo de hacer me han permitido darme cuenta de que he soltado un montón de cosas que llevaba encima.

«​Hay que poner propuestas tras las protestas. Ve a por todo lo que te gusta. No esperes. Corre detrás de tus sueños»​

¿Y con qué cosas nuevas buscas llenarte a partir de ahora?

Con dirigir. Y será muy pronto.

Ya lo has hecho en dos ocasiones, con las magníficas 'El camino de los ingleses' y 'Locos en Alabama'.

Sí, pero esta vez será muy diferente. Esas películas son adaptaciones de dos novelas que a mí me apasionan. Ahora ha llegado el momento de contar mis propias historias. Estoy trabajando al mismo tiempo en tres guiones; uno de ellos habla de cómo veo el mundo de los eventos, de lo que mostramos y lo que en realidad somos. Pero soy más ambicioso que eso. También busco producir y financiar yo mismo mis películas; no quiero tener ninguna bota encima, a nadie que me diga que debo meter una historia de amor o una escena de acción para revalorizar el producto. No. Ahora deseo hacer el cine que a mí me gusta, y la única manera de lograrlo es pagarlo. Así que, cuando vuelva a dirigir, será para ser el dueño total. Y, si me equivoco, me equivoco yo.

Me han dicho que tocas el piano. ¿Es verdad?

Sí, ahora estoy componiendo con él.

Camisa blanca de Boss y pantalones de Dsquared2.

¿Cómo te organizas para hacer tantas cosas al mismo tiempo?

No por hacer muchas cosas las vas a hacer todas bien, pero es que yo no lo puedo evitar. Soy muy inquieto. También escribo (risas). De hecho, todo lo que digo en público lo escribo yo, no me lo redacta nadie.

¿Podríamos esperar una novela de Antonio Banderas?

Aunque lo he pensado, creo que no sería capaz de mantener el mismo estilo narrativo todo el rato. A mí lo que me gusta escribir es poesía y ensayo, como buen andaluz.

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¿Por qué «como buen andaluz»? ¿Hay algo que os define?

Sí. Si te fijas, en Andalucía no hay grandes novelistas. Es una cosa muy curiosa: hay grandes poetas porque no tenemos paciencia. A los andaluces nos gusta las cosas muy profundas pero rapiditas. Mira nuestros genios... Como Picasso, que no paró de hacer cuadros; estuvo pintando hasta que se murió, era algo casi compulsivo. Lorca escribió teatro, pero su poesía es extraordinariamente efectiva y ágil.

¿Cómo ves España desde el Reino Unido?

Perdida. Sería bueno que creyésemos un poquito más en nosotros, sin depender tanto de los políticos, que han intoxicado nuestras vidas. Hay una novela fantástica de José Samarago que se llama 'Ensayo sobre la lucidez'. Habla de que la mayoría de la población vota en blanco y los políticos se sienten ofendidos y dejan la ciudad. El libro es casi un tratado anarquista terrible y utópico, pero la reflexión es extraordinaria. Necesitamos la política. Yo soy el primero que siente respeto por aquel que tenga verdadera vocación pública, sea cual sea su ideología, por aquel que ponga su alma en un proyecto. Y, si no le sale bien, no pasa nada: en las próximas elecciones ponemos a otro y punto. Lo que no se puede permitir no es ya la corrupción, sino la lucha entre ellos mismos por llegar al poder. Ese 'quítate tú 'pa' ponerme yo'. El poder es para poder hacer algo. Si no, no sirve. En esa endogamia del poder por el poder España se queda atrás. El problema está en que ya no nos ven como ciudadanos, nos ven como votos. Nos hemos convertido en papeletas. Y luego hay otra cosa que me está dando mucho miedo de España...

¿Cuál?

Que todos somos sospechosos. Todo el mundo es sospechoso de todo. Si consigues algo, es que has hecho cualquier cosa indecente o te has acostado con alguien. Yo creo que España no necesita un presidente, sino un psicólogo, un tío que nos tumbe a todos en un diván y diga: «Sois mejores de lo que creéis». Si te vas a los foros de los periódicos, es espeluznante; ahí están los mejores presidentes de gobierno, los mejores pilotos de Fórmula 1, los mejores actores, los mejores de todo. Pero todos están en sus casas sentados. Cargados de frustraciones. Diciendo que todo el mundo lo hace mal excepto ellos porque quizá la vida no les ha dado una oportunidad. Y son millones de personas todo el puto día ahí dándole a la matraca. Odiando. Y odiar sólo trae lo mismo que proyectas: más odio de vuelta.

¿Por dónde crees, entonces, que pasa el cambio?

Trato de ser justo con el comentario que voy a hacer. Yo siempre he apoyado a los sindicatos, a todas las comunidades en general, pero creo que ahora lo que hace falta es una revalorización del individuo. Decirle a la gente: «El estado no está para solucionaros la vida, la vida se la tiene que solucionar uno mismo». Los chinos y los indios están produciendo mucho y muy barato. Nos están comiendo en los mercados. Hay que levantarse, hay que empezar a ser originales, creativos. Poner propuestas tras las protestas. Ya ha habido demasiado maná. Antes a la gente se le caía la niña y se le partían los piños y la culpa era del presidente del gobierno. Nos creíamos que la política era uno de esos anuncios en los que te lo prometen y te lo dan todo. Pues no: eso es mentira. La Coca-Cola no es la chispa de la vida. Ve tú mismo a por lo que te gusta, no esperes, corre detrás de tus sueños.

Acabas de cumplir 56. ¿Cuál es hoy por hoy el tuyo?

Yo no quiero pensar que ya he alcanzado la cima, que ahora lo que toca es bajar la montaña. Y menos aún la misma montaña de toda la vida. No. Yo quiero ascender a lugares nuevos. Seguir vivo. Morir escalando.