Paula Echevarría sale a la luz

Inmersa en pleno huracán mediático y con la seguridad de encontrarse en un gran momento, la actriz e 'it girl' viaja con ELLE a Nueva York. ¿El resultado? Unos días para recordar.

Lunes. Ocho de la mañana. Llueve en Madrid y, por supuesto, hay atasco. Pero Paula Echevarría (Asturias, 1977) llega al Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas con su característica sonrisa y su buen humor –también marca de la casa– para poner rumbo a Nueva York. Tenemos por delante siete horas de vuelo y cinco días en la capital de los rascacielos, un destino que nuestra it girl conoce bien. Es su cuarta visita, aunque le sigue emocionando igual. «La primera vez me impresionaron los edificios: ¡me dolían las cervicales de mirar hacia arriba! –evoca–. Conservo muchos recuerdos especiales de la ciudad». El más intenso de todos está ligado a su hija, a quien pudo enseñarle hace unos meses uno de sus lugares favoritos, Bryant Park, un oasis en plena Quinta Avenida: «Me encantó poder mostrárselo a Daniella. Le gustó muchísimo y está deseando volver. También venían mis padres y David –Bustamante–, pero ver la cara de ella fue alucinante». Paula contagia su torrente de energía y buen rollo a la gente que la rodea. Se la ve tranquila, radiante. Aún está saboreando las mieles del éxito de Velvet y de su alter ego, Ana Rivera. «En mi trabajo, he conseguido logros con los que ni me atrevía a soñar. La serie de televisión me ha hecho feliz; mi papel en ella ha marcado mi carrera profesional, es lo que más reconocimientos me ha dado». Y se muestra rotunda a la hora de confesar qué es lo que más echará de menos de su personaje: «Lo tozuda, con mayúsculas, que es. ¡Me apasiona!».

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Eso sí, pese a que Velvet dejó de emitirse en diciembre de 2016, la actriz aún no le ha dicho adiós de forma definitiva a Ana Rivera, ya que volveremos a verla en su piel en los dos primeros capítulos del spin off Velvet Colección (en Movistar+ y prevista para la recta final del año). No es el único reto que le espera. «Todo apunta a que arrancaré con cine el último trimestre de 2017 –explica–, pero, desde luego, de lo que más pendiente estoy es de mi próximo proyecto en la pequeña pantalla. Soy muy fan de trabajar en tele». Mientras charlamos con la asturiana, aprovechamos para (re)descubrir la ciudad, instagrammear las luces de neón de Times Square, saborear sus míticas hamburguesas, visitar Brooklyn y disfrutar de un clásico, el musical Cats.

A uno de nuestros destinos más especiales llegamos en limusina; se trata de la primera vez para Paula Echevarría (y para una servidora), que no puede evitar inmortalizar el momento a golpe de Instagram Stories. Y, así, con mucho glamour, llegamos a Lincoln Center, el lugar elegido para la presentación mundial de la nueva joya de la corona de Samsung, el Galaxy S8, que viene con atractivas novedades, como la pantalla Infinity Display, resistencia al agua y al polvo, la integración del botón físico en la pantalla y Bixby, una interfaz inteligente que promete facilitarnos la existencia. Es un evento muy esperado y al que la embajadora SMARTgirl no puede faltar. Y no sólo no falta, sino que brinda una aparición estelar, de lo más colorida y llamativa, con un minivestido firmado por la diseñadora María Escoté. Sin duda, un soplo de aire fresco en un ambiente cien por cien techie. Paula marca la diferencia. Como asegura, «una SMARTgirl se pone el mundo por montera, no existe un no ni hay nada imposible para ella. En la forma de vestir también se define así: aunque a otros pueda perecerles más o menos cómodo, se arregla para ella y para gustarse a sí misma».

Toda una declaración de intenciones que la actriz cumple a rajatabla, más aún en un momento como este. «Ahora que estoy a punto de cumplir los 40, el balance que hago es fantástico; cada día me gusta más disfrutar de mi familia, viajar a mi tierra. Y tengo una hija maravillosa, que me hace sentirme completamente feliz». La clave de esa felicidad, según insiste, consiste en encontrarse bien en su piel, «no haber fallado jamás» a sus ideales y «haber sido siempre consecuente con lo que pensaba». «He hecho las cosas que he querido, sin dejarme influir nunca; y eso es genial porque, cuando he fallado, he fallado yo y he aprendido de mis propios errores, y, si he acertado, también ha sido por mí misma».

En nuestra ruta por la Gran Manzana, es obligatorio el selfie en las míticas escaleras de la casa de Carrie Bradshaw (en el Upper East Side), la escritora a la que Sarah Jessica Parker convirtió en un icono gracias a Sexo en Nueva York y de la que Paula se declara fan. «Todas hemos querido ser ella alguna vez. Se levantaba divina y se acostaba divina; no estaba con un chándal cualquiera en casa, estaba con uno de Carrie Bradshaw». La blogger de ELLE.ES considera que se trata de un personaje «fascinante», y asegura que le habría entusiasmado interpretarlo. Ahora está enganchada a la serie Madres forzosas: «Es la que puedo ver con Daniella, y a ella le divierte un montón. Además, ¡D.J. Tanner y yo nos hicimos mayores a la vez!».

Perfectas como escenario para un icono de estilo como Paula, las calles de Nueva York son también la pasarela que pisa a diario la reina del street style y uno de los ídolos de la asturiana: «¡Olivia Palermo! Me encanta porque, dentro de ese glamour que tiene, es muy sencilla. El año pasado, la conocí personalmente en los ELLE Style Awards; me senté a su lado y le entregué un premio. En las distancias cortas me gustó aún más. No pretende nada: nació con esa dulzura y esa elegancia innata. Ahí reside su encanto».

El 7 de agosto soplará las velas de su tarta; lo hará, precisamente, en su estación favorita, la época del año en la que más disfruta. «Adoro el verano; estoy hasta de mejor humor y me veo más guapa. ¡Lo necesito ya!» ¿Su destino soñado? «Tengo muchas ganas de viajar a México, a alguna de sus playas paradisiacas. Aunque soy muy fan de las playas en general, ¡me quedaría en todas, creo!». De momento, antes de que llegue la hora de tumbarse al sol, vive el ahora y observa el futuro con optimismo y energía positiva. «He sido muy feliz, lo soy ahora y espero seguir así. Mi apuesta sigue siendo ver el vaso medio lleno». Amén.

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