Cosas de los 90 que no te creerías

Sí, por todo esto hay gente que piensa que molaban más que los 80.

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Cada cierto tiempo toca un revival de una década, y cuando ya respirábamos tranquilos porque parecía que se aminoraba el ochentero, llegó... ¡el de los 90! Aniversarios de la Expo'92 y demás saraos nacionales, conciertos festivaleros con un cartel que haría temblar a los líderes del 'pastis y buenri' y el regreso a lo grande de los vaqueros de cintura alta nos llevan a recordar algunas cosas de esa década que, si no la has vivido, no te lo podrías ni creer.

Psssst... Si piensas que los años 80 eran mejores, tu artículo es este.

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El 'Smiley'

Hay pocos iconos que resuman más toda una década como el dichoso 'smiley' que apareció en chapas, camisetas, pantalones, parches, etc, y que era el símbolo del 'acid house', uno de los estilos musicales más representativos de la época. El icono original databa de 1963, pero fue recuperado a finales de los años 80 por la banda Bomb the Bass para la portada de uno de sus discos y de ahí, al cielo... Nirvana hizo su propia versión ebria y lo usó de logo, que ha servido para otros millones y millones de camisetas.

Estampados imposibles

Los 90 fueron capaces de todo, estilísticamente hablando. La moda encumbró el minimalismo de Armani, los trajes lenceros, los shorts imposibles, los 'crop tops' (e incluso los 'super crop tops')... y los estampados terroríficos. Para muestra, el botón de la foto. Si te cuesta combinar rosa y rojo, echa la mirada atrás e inspírate con lo que éramos capaces de hacer en aquella época. ¿Lo peor de lo peor, al menos para quien suscribe el texto? Los 'prints' geométricos multicolor.

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Fruitopia

A mediados de los 90, Coca Cola se sentía bastante creativo y primero nos sorprendió con la Cherry Coke con sabor a frutas del bosque, con un sabor bastante 'especial', y luego lo intentó con la Fruitopía. Fue un intento de competir contra el Radical Fruit Company de Pepsi y, a pesar de que instaló máquinas en colegios, institutos, universidades y cualquier otro recinto juvenil, no acabó de encajar en su público objetivo. Al cabo de unos años, lo retiró y sacó Minute Maid, que sí tiene cuota de mercado.

Chupetes de la suerte

La evolución de los chinos de madera de los ochenta fueron los chupetes de plástico, que básicamente tenían el mismo funcionamiento: cada uno de un color, cada color con un significado distinto (paz, amor, salud...) y se suponía que te daban suerte. Por su forma, no necesitaban de un cordel ni tampoco se ataban a la muñeca. Lo suyo era colgarlos al cuello, en un cordel o cadena, y llevarlos sin vergüenza. Y sin límite de tamaño, que los había bastante grandes.

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La 'Macarena' y otros bailecitos

Sí, fue la época de los bailecitos. Por ejemplo, Whigfield y su 'Saturday Night'; Lou Bega y su 'Mambo Nº 5'; Madonna y su 'Vogue' y... 'La Macarena', de Los del Río, que enamoró a medio mundo, Bill Clinton incluido, que no se privó de menear el esqueleto con ella en la campaña electoral de 1996. Fue una década en la que, si saltabas a la pista, debías llevar empollados los bailes del momento porque si no eras un 'loser'. Lo peor de todo es que sigues bailándolos hoy día y te los sigues sabiendo de memoria. Reconócelo. 

Carretes de fotos

Esto le parecerá extraño a cualquiera que tenga menos de 25 años, pero hubo un tiempo en que en la maleta había que hacer hueco para carretes de fotos. Llevábamos una cámara analógica, más o menos compacta, y luego los carretes, que solíamos comprar de 36 porque te daban casi para el viaje entero (quizás dos, vale). Disparar dolía, porque si salía mal se gastaba una foto, pero también por ello desarrollamos un ojo fotográfico que, a los que tenemos una edad, nos sirve para hacer 'click' lo justo y necesario.

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El chicle enrollable

A cualquier persona de cierta edad, con la sola mención de Boomer le viene a la mente un chicle de muchísimos sabores, de forma rectangular y con un superhéroe en el envoltorio. Pero si el experimento lo hacemos con un 'millennial', seguro que te habla de este invento de mediados de los 90, ¡el chicle enrollable! La goma de mascar, de 180 cm de longitud, de enrollaba en una caja y para dispensarlo, tenías un sistema de corte parecido al del celo de oficina. Muchas veces el sistema fracasaba y el chicle se quedaba dentro, pero se podía forzar la caja y comerlo 'normal'.

El 'comecocos' de papel

En la redacción de Elle.es no nos poníamos de acuerdo en su nombre: ¿se llamaba comecocos o adivinador de papel? Sea como sea, nos pasábamos horas dándole a este ejercicio de papiroflexia: "di un número" y se movía el comecocos tantas veces como la cifra escogida. Luego, había que elegir un color: "el rojo". Y exponerse a la 'verdad' que te dijera el adivinador: "te casarás con 28 años", "encontrarás un trabajo en París", "te tocará la lotería"... En fin, para echarse unas risas.

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El 'discman'

Ir con la música a cuestas significaba ir con este artilugio, el discman que, como no tenía sistema antigolpes ni nada parecido, cada vez que se chocaba con lo que llevaras en el bolso, o con tu pierna, provocaba que saltara el CD, con la consecuente probabilidad de que se rayara. ¿Recuerdas cuántos CD llevabas en la mochila para ir cambiando la música? ¡Menudo peso!

El Tamagotchi

Uno de los grandes amigos de los niños 'millennials' (y de los jóvenes de la generación X) fue este muñecajo virtual que vivía dentro de este huevo de plástico y al que había que sacarle de paseo, llevarle al baño, darle de comer, ponerle a dormir, etc., con el riesgo del disgusto que suponía que 'falleciera' tu mascota por no cumplir los mandamientos. Los Tamagotchis originales de 1996 se cotizan entre 100 y 150 euros.

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