Emociones para la historia

El orgullo, la ira, la alegría, el amor, el miedo..., es decir, las emociones, determinan los hechos históricos y nuestras vidas en la misma (o mayor) medida que lo racional. Vamos a verlo con algunos ejemplos muy famosos.

Cuenta la historia que Julio César arriesgó todo por darle el trono de Egipto a Cleopatra. Sin embargo, su asesinato impidió que compartieran la gloria. Fue Marco Antonio el elegido por la reina para protagonizar una historia llena de altibajos, peleas, poder y ambiciones que terminó en tragedia –por todos conocida– no sin que antes él dejara de lado su carrera política y militar... ¿por amor?

Cuenta otra historia que Katharine Hepburn, alias "La arrogante", altiva, fuerte y con un carácter indestructible, dejó que su vida quedara presidida por su amor prohibido por Spencer Tracy.

Curiosamente, es esta una emoción, la del amor, definida por muchos estudiosos como "secundaria". Aunque no existe una catalogación estricta, la mayoría de los expertos habla de seis emociones primarias –alegría, tristeza, asco, miedo, ira y sorpresa– y de un buen puñado de secundarias, como la vergüenza, la vanidad, los celos y el ya mencionado amor, entre otras.

Pero..., ¿sabemos realmente qué son las emociones o si pueden medirse? Nosotros lo hemos aprendido con un documental que han realizado la revista Quo y Mazda España en el que navegan en el terreno de la emoción y en cómo nos afecta. "Las emociones son unas reacciones del cuerpo, tanto de las vísceras como del sistema muscular, provocadas por el cerebro", empieza explicando el documental, en el que varios creadores –el músico Basilio Marín, la bailarina Mónica Estefanía, el director de cine Juan Estelrich, el pintor Rubén Rodrigo y la diseñadora de joyas Maite Tejedor– también indagan en la emoción como fuente de creatividad.

Y sí, en la esencia de la creatividad reside la emoción. Y en la de la guerra. Y en la de la propia vida: en la de Cleopatra, que puso todo un imperio a sus (hermosos) pies, en la de Marilyn, que se dejó vencer por la tristeza... Y en la nuestra, que sigue el pálpito del amor (al arte).

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Sin principios por... ¿amor?

Por Spencer Tracy, quien jamás se separó de su mujer, Katharine Hepburn hizo varias renuncias personales y profesionales. Ella, una dama refinada, de clase alta, moderna, progresista, feminista y rebelde, se enamoró perdidamente de Tracy, un irlandés un tanto rudo, conflictivo y alcohólico, por el que, voluntariamente, cambió sus hábitos de tal forma que llegó a escribir: "Para mí lo primero era él, sus intereses y sus demandas... Me gustaba atenderlo, escucharlo, alimentarlo, hablarle... trabajar para él".  ¿Amor, adoración, dedicación o amor obsesivo? Da igual, el amor, en cualquiera de estas manifestaciones, está definido como emoción. Y en el caso de Kate gobernó su vida. 

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Mi reino por un puñado de celos

En el río donde confluyen emociones como el amor (quizá patológico), la desconfianza (que es una manifestación del miedo, emoción primaria donde las haya), la adoración, la sospecha, la autocompasión, la melancolía, la desesperanza y otras tantas, allí, en esas aguas convulsas, nacen los celos. Emoción negativa y dañina, tanto para el celoso como para el que está en el punto de mira, se supone que estaban en el origen de la inestabilidad emocional de la reina Juana de Castilla (conocida como Juana La Loca e interpretada por Irene Escolar en "La corona partida"). Al morir su esposo, Felipe, la reina cruzó la Península durante ocho meses con un cortejo fúnebre que portaba su ataúd. Obsesionada hasta la ceguera con su marido, fue apartada de sus responsabilidades como reina y vivió recluida en Tordesillas hasta su muerte. 

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¡Alegría!

Va llegando la hora de hablar de una emoción positiva, que las hay: el disfrute, la diversión, la felicidad... Todas ellas son manifestaciones de la alegría, emoción primaria que viene a decir que algo nos produce bienestar. Bien lo sabe Ágatha Ruiz de la Prada, Premio Nacional de Diseño de Moda 2017, cuyas creaciones nacen del optimismo, de la luz, de la felicidad...  y ella lo plasma con flores, corazones, vivos colores... En la esencia de las creaciones y en lo que transmiten tenemos, pues, la misma emoción: alegría. Necesaria como la vida misma.

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Fobias para hacer obras de arte

Que la alegría inspira es una realidad. Pero también inspira el miedo, el asco e incluso las fobias. Echemos, si no, un vistazo al cine y comprobaremos cómo los directores han sabido sacar partido a nuestras emociones llevándolas al extremo. La ornitofobia, el miedo irracional a los pájaros, tocó su cénit en "Los pájaros", de Alfred Hitchcock, con una asustadísima Tippi Hedren huyendo de pájaros impíos. Toda una obra de arte en cuya esencia creativa reside una emoción. Negativa, pero emoción.

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La sonrisa más triste de Hollywood

Qué decir de Marilyn Monroe que no se haya dicho ya: de ella se veían las luces, su imponente y sensual aspecto, su radiante sonrisa. Pero, tras esa sonrisa, pocos alcanzaron a adivinar su tristeza, su extrema sensibilidad, la inteligencia que asfixió en la pantalla para interpretar a un sinfín de mujeres tontas. Marilyn era una mujer triste, insegura y asustada. "Estoy siempre sola", escribió. Cuando la encontraron muerta, desnuda, con el teléfono descolgado y una sobredosis de barbitúricos, su amigo el fotógrafo George Barris dijo: "Nunca me pareció más feliz". Tenía sólo 36 años cuando la tristeza le ganó la batalla a la vida.

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El odio: alimento del racismo

El odio, una de las manifestaciones de la ira, ha acompañado a la humanidad toda su historia y ha sido el sustento de los movimientos racistas. Billie Holiday, una de las voces más hermosas y trágicas del jazz, lo sufrió hasta el punto de que un jurado racista la considerara a ella culpable de su propia violación cuando tenía solo diez años. De adulta, y ya consagrada como cantante, su color de piel le impidió el acceso a ascensores, por ejemplo. Y jamás cobró lo que un cantante blanco. Murió con solo 44 años, víctima de cirrosis y tras una vida de exceso y tragedia.

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