Miriam Giovanelli, girl power

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Pensar en Miriam Giovanelli (Roma, 1989) lleva irremediablemente a hacerlo también en Patricia Márquez, su personaje en Velvet que la ha encumbrado a la fama en nuestro país. Sin embargo, lejos de esa imagen un tanto maquiavélica que se refleja en la serie, esta italiana es todo dulzura. Eso sí, con Márquez comparte la sensualidad, el sarcasmo y cierto punto de rebeldía: «Muchas veces no sé si las cosas las dice Patricia o las digo yo. Creo que ella es alguien que se ríe de sí misma, de los demás... Y yo tengo eso». Como feminista declarada, su proyecto más reciente le ha llevado a reivindicar el papel de la mujer en la tecnología en el marco de la campaña SMARTgirl, de Samsung. Toda una revolución en la que a la actriz la acompañan, entre otras, Paula Echevarría, Blanca Suárez y la cantante Edurne.

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¿En qué consiste ser una SMARTgirl?

Lo bueno del concepto SMARTGirl es que en cada mujer tiene un significado diferente: se trata de ser todo aquello que tú quieras. En mi caso, alguien con sentido del humor, que aprovecha su tiempo de ocio, con intereses culturales y equilibrio entre la vida personal y la profesional.

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¿Eres de esa gente que no puede salir a la calle sin el teléfono móvil encima?

La verdad es que, para mí, se trata de una herramienta indispensable. De hecho, si se me olvida en casa, vuelvo corriendo a por él... Aunque tengo que decir que es algo que no me pasa nunca: es mucho más probable que me vaya sin las llaves que sin el teléfono. Además, con el móvil siempre puedo llamar a un cerrajero... (Risas).

Durante la sesión de fotos me he fijado en que llevas puesto el smartwatch Gear Fit 2, de Samsung, pensado para deportistas. ¿Eres una chica fit?

Lo confieso: me encantaría disfrutar del deporte, aunque me cuesta. Pero sí es cierto que me hace ilusión ver los pasos que he dado, marcarme una meta. Y lo hago porque el reloj me motiva; si no, ni me lo plantearía. Un día recorrí 15 kilómetros y no me lo podía creer. De verdad, pensé: «Bolt, no eres nadie» (risas).

Samsung explica que la industria tecnológica está masculinizada. ¿Qué crees que cambia con este proyecto?

Ha hecho algo tan simple como introducir a la mujer. Casi todo lo que tiene que ver con tecnología y con motor está publicitado por hombres, y es la primera vez que se nos dedica una campaña entera a nosotras y a nuestra relación con este sector.

¿También hay machismo en el cine?

Creo que no se trata solamente del cine. El machismo está en las pequeñas cosas, en nuestro día a día. Sí que es cierto que, probablemente, el cine venda una imagen determinada de la mujer, pero creo que es algo con lo que nos encontramos en todas las profesiones. No quiero entrar en experiencias personales porque, para mí, ese no es el tema. Que un imbécil haya podido decirme que, si me opero el pecho, voy a trabajar más no es lo importante. Lo relevante es hablar de la conciliación laboral, de cuántas becas se dan a mujeres... Sí, hablemos de eso.

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Tu cuenta de Instagram, que acumula miles de seguidores, muestra tu faceta más reivindicativa. ¿Cómo llevas tanta popularidad en las redes sociales?

En mi caso, trato de preservar mucho mi intimidad: al final, Instagram es un escaparate, y tienes que vigilar qué quieres enseñar. Es cierto que yo soy pudorosa, y hay un punto en el que me siento un poco ridícula. Ha llegado un momento en el que me sigue tanta gente que alucino, no te voy a engañar. Sé cuál es mi profesión y sé que lo que hago lo ve el público en su casa, pero eso no quita para que me sorprenda. A veces me dicen «qué mala eres», refiriéndose a Patricia, y es como: «¡Si no soy yo...!» (risas). En serio, estoy muy agradecida, es un privilegio.

Hablando de Patricia, Velvet ya ha echado el cierre: ¿te da pena que se haya acabado la serie?

Terminamos de rodarla hace muchos meses, ya lo tengo asumido. La verdad es que el momento de quitarte la ropa del personaje que te ha acompañado tantas horas durante tantos años... fue duro. Patricia ha canalizado muchos momentos personales míos, tanto buenos como malos. Además, Velvet ha sido fundamental para mí a la hora entrar a la edad adulta de una forma, quizá, más similar a la de cualquier chica de mi edad, que va a la oficina, que está en su primer trabajo... Nos hemos aportado un montón mutuamente, y eso es lo que me da pena. Al final, es una persona –hablando en sentido figurado– a la que no voy a ver más.

En Velvet está muy presente el mundo de la moda... ¿Sigues las tendencias?

No, porque cada cuerpo es un mundo. Es que es muy complicado. Creo que la moda está bien, y me interesa como expresión artística, pero en mi día a día no le doy importancia. Confieso que he llegado a presentarme en el trabajo en pijama (risas). En general, me gusta ir cómoda; soy muy discreta y me cuesta llevar cosas que llamen la atención, colores vivos... Aunque a veces me vengo arriba y me subo a unos tacones (risas).

Eres el prototipo de mujer real...

Te voy a ser sincera: para mí la mayor dictadura estética en la que vivimos hoy es la de la mal llamada mujer real. Yo tengo la fortuna de que la gente considere que lo soy, pero es que mujeres reales somos todas. Se estigmatiza más la delgadez que la obesidad. Por ejemplo, a mí se me criticó mucho cuando adelgacé después de interpretar a mi personaje de Mentiras y gordas, para el que previamente había cogido 12 kilos...

¿Qué consejo darías en este sentido?

Hay que tener claro que mujeres reales somos todas las que estamos sanas. Y es muy importante quererse.

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