Albert Rivera: "No se puede ser presidente si no eres feliz"

"No se puede ser presidente si no eres feliz".

Albert Rivera

Se abren las puertas del ascensor –en la planta 15 del madrileño hotel NH Collection Eurobuilding– y ahí está él: un chaval en vaqueros y con la camisa arrugada que resulta ser el líder del partido al que algunas encuestas sitúan como la segunda fuerza política en las elecciones del 20 de diciembre. Albert Rivera (Barcelona, 1979) nos ha reservado dos horas escasas en su frenética agenda, pero cuando al final nos despidamos (a las 9 y media de la noche), habremos rebasado el pacto en más de 60 minutos. «Yo no tengo prisa», dice el candidato de Ciudadanos mientras todavía está posando para la segunda foto y alguien mira el reloj con cara de pánico. Es la calma de quien está pasando por un momento excepcional. «A veces pienso: “Qué suerte tengo de poder vivir todo esto en primera persona”», se sincera. «Y lo mejor está por llegar. Nos toque gobernar o estar en la oposición, el 20D empieza todo».

Perdona que te tutee, pero me resulta extraño entrevistar a un candidato a presidente que es más joven que yo...
Es un síntoma del cambio que se está produciendo. De todos modos, la juventud en sí misma no es una virtud. Los jóvenes tenemos más valentía y empuje y somos más idealistas, pero nos faltan cierto aplomo y madurez, así que debemos rodearnos de gente con experiencia. Por eso tengo un equipo económico liderado por Luis Garicano, y otro de juristas como Francesc de Carreras o Francisco Sosa Wagner. Hace unas semanas, para preparar el documento de la reforma institucional, me reuní con catedráticos de los que he aprendido (soy abogado de profesión); tenerles ahora ayudándome a tratar de reformar el país es un auténtico lujo.

Además de empuje, valentía e idealismo, ¿qué debe aportar a España tu generación, la nacida entre mediados de los 70 y principios de los 80?
Tenemos una obligación con nuestro país. Me parece muy conveniente trasladar aquí eso que Kennedy dijo a los americanos: «No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país». Tenemos la suerte de haber nacido con una democracia bajo el brazo y ahora nos toca mojarnos. Como no vivimos la Transición, pensábamos que la democracia simplemente existía, pero nos hemos dado cuenta de que hay que cuidarla. A los de mi generación les diría que no nos quedemos mirando, que nos impliquemos, cada uno en el grado que quiera. Yo he decidido hacerlo al máximo, pero vale el simple hecho de ir a votar en vez de quedarse en casa.

Sueles hablar de una Segunda Transición. ¿Ha llegado la hora de instaurarla?
Después de casi 40 años de democracia, no hay que cargarse lo que ha funcionado (un marco constitucional, una economía de mercado, una sociedad de bienestar, un entorno europeo...), pero sí debemos revisar todo aquello que se ha ido deteriorando. Una nación es como una casa: cuando hay goteras, en vez de poner parches hay que acometer una reforma. Yo creo que esa Segunda Transición es mejor liderarla desde el centro político que desde los extremos. Además, desde un nuevo partido es más fácil, porque tenemos las manos libres para limpiar la corrupción y hacer reformas valientes. Por eso está creciendo Ciudadanos.

Pero insisto en que eres muy joven: ¡sólo tienes 36 años! ¿Nunca piensas que quizás vas demasiado rápido?
Mira, yo tengo vértigo, es una cuestión física: si estoy a mucha altura y miro hacia abajo, me mareo. La mejor solución para que no me pase es apuntar hacia arriba. En la vida hago lo mismo. Si piensas «uy, qué alto estoy, cuánto estoy subiendo», al final te acabas cayendo, así que lo mejor es mirar hacia arriba. A veces les digo a mis compañeros: «¿Sois conscientes de lo que estamos viviendo? ¡Disfrutémoslo!».

¿Y no te está pasando factura a nivel personal?
Si te soy sincero, soy más feliz que nunca. Al principio, cuando me metí en política, no lo era. Por mi inexperiencia me volqué demasiado y olvidé la familia, los amigos, el tiempo libre... Me equivoqué, pero he rectificado a tiempo. No se puede pretender ser presidente del Gobierno si no eres feliz. Creo que los españoles quieren un presidente que además de hacer bien las cosas transmita ganas de vivir. La gente ya no vota sólo programas electorales, sino actitudes.

Está claro que eres un excelente orador, pero un país no se gobierna a base de discursos. Te tachan de inexperto y de no contar con el equipo necesario.
Que me diga eso quien no ha cobrado una nómina en su vida... Somos el partido cuyos miembros acumulan más experiencia laboral. Y hay casi 50 economistas trabajando en nuestro programa, porque una nación es como una empresa: las cuentas tienen que cuadrar. Además, un líder debe buscar nuevos líderes, y yo estoy haciendo ese trabajo. La gente ya sabe que Ciudadanos no sólo soy yo, que también están Inés Arrimadas, Begoña Villacís, Ignacio Aguado, Juan Marín, Carolina Punset, Javier Nart, Juan Carlos Girauta... Tengo el mejor equipo.

¿Cuántas mujeres hay en él?
En la ejecutiva suponen un tercio. Y en la última campaña ellas ganaron mucho protagonismo como cabezas de lista. Pero no es una cuestión de cuotas, han sido elegidas en primarias. Tengo la suerte de contar con mujeres muy preparadas, valientes y que además son buena gente. Cada vez más, las mujeres ya no piden permiso: piden paso. Hace no tanto –en la época de nuestras madres–, tenían que pedir permiso hasta para abrir una cuenta corriente.

Todavía sigue habiendo mucho por hacer: una española que ocupe el mismo puesto que un hombre tiene que trabajar una media de 84 días más al año para ganar lo mismo.
Es una discriminación en toda regla. Tenemos que introducir medidas e incluso sanciones a aquellos convenios que no tengan en cuenta ese desequilibrio. No puede haber sueldos distintos en función del sexo. Eso hay que atacarlo jurídicamente y también con un cambio de mentalidad. Aún hay machismo. Nosotros tenemos un proyecto ambicioso de pacto nacional por la educación, porque muchos de los problemas que hay en España empiezan ahí.

Claro que a veces somos nosotras mismas las que nos ponemos barreras. Creemos que no nos merecemos un aumento de sueldo o que nos llamarán ambiciosas si aspiramos a más. ¿Cómo educarás a tu hija para que no caiga en esos miedos?
Me gusta la palabra que has utilizado: ambición. En otros países es positiva, pero aquí tiene una connotación peyorativa. Está relacionada con la envidia. A mi hija me gustaría educarla en la libertad y el respeto. Quiero que sea ambiciosa con lo que ella quiera conseguir. Yo soy hijo único y mis padres me han enseñado a saber lo que vale un peine.

¿Te daría pena que ella también acabara siendo hija única?
Seguro que es maravilloso tener hermanos, pero nunca he sentido el hecho de no tenerlos como una carencia, porque cuento con amigos, primos... Si mi hija al final es única, intentaré educarla como hicieron conmigo. Pero no descarto volver a ser padre, aunque ahora mismo no me lo planteo.

La verdad es que ya tienes bastante lío entre manos, ¿no?
¡Sí! Desde luego, de aquí a finales de año no tengo pensado ser padre, ¡lo que me faltaba! (Ríe).

Cuando nació ella, ¿te cogiste el permiso de paternidad?
Me tomé diez días de vacaciones. Daniela nació en abril (de 2011) y a principios de mayo empezaba la campaña de las municipales. Lo viví con contradicción: veía a esa cosita de diez días, con la que me habría quedado enganchado sin hacer nada más, pero tenía que irme a hacer la campaña. No era candidato, aunque como presidente del partido me sentía culpable si no iba a apoyar a los otros. Lo compatibilicé como pude. Hace poco ha habido una polémica sobre esto con Susana Díaz y no me parece justo. Cada cual debe hacer lo que crea conveniente; ¿quiénes somos los demás para juzgar?
¿Tienes alguna idea para mejorar la conciliación?
Vamos a hacer una propuesta novedosa: que el total de los días de maternidad y paternidad se pueda repartir entre ambos progenitores de la manera que ellos mismos pacten, porque igual el padre quiere o puede quedarse con el bebé más tiempo que la madre. Si pedimos igualdad, tiene que ser para todos.

Sueles reservarte una tarde entre semana para estar con tu hija. Si llegas a ser presidente, ¿mantendrás ese lujo?
No lo veo como un lujo, es algo necesario. Me presento a las elecciones porque tengo ganas de hacer cosas por mi país, pero no quiero renunciar a todo lo demás: a disfrutar de una tarde con mi hija, a escaparme de vez en cuando con mi chica, a ir un rato al gimnasio... Toda mi agenda está disponible para trabajar, pero también hay pequeños huecos que son intocables. Ayer por la tarde, sin ir más lejos, fui a buscarla al colegio y luego estuvimos merendando y haciendo puzles en un bar de Granollers. Soy feliz demostrándome a mí mismo que estoy a un nivel de responsabilidad muy alto pero que también puedo decirle a Daniela que su padre está ahí. Además, tengo flexibilidad con su madre y, si hay algo impepinable, puedo cambiar la tarde que paso con ella.

¿Cómo has conseguido eso: romper una relación de pareja sin tiraros los trastos a la cabeza?
Es más fácil cuando esa ruptura se produce con una buena persona. Estuve con ella 11 años y entiende que el padre de su hija no es alguien a quien esta ve de vez en cuando. Hoy en día, cuatro o cinco de cada diez parejas se separan. Yo no estaba casado pero convivíamos.

¿No crees en el matrimonio?
Lo respeto profundamente, 
pero a mí lo que me gusta es demostrar las cosas cada día, que dos personas estemos juntas porque queremos, porque somos libres y nos damos amor y compartimos éxitos y fracasos. Creo que mantener ese pacto libremente hace más fuerte una relación. Las parejas, como los países, hay que cuidarlas. No me he casado hasta la fecha, tampoco lo descarto.

Has dicho que tu expareja es buena persona. ¿Y tú?
Creo que sí, pero es mejor que lo digan otros. De lo que estoy orgulloso es de no haber cambiado. Cuando entré en política, me propuse dos objetivos: plantearme que nada es imposible y hacer un pacto conmigo mismo para que, llegara adonde llegara, nunca dejase de ser la misma persona. Lo estoy cumpliendo. Hace poco publicaron una entrevista con mi profesor de oratoria en la que decía: «Sólo le recomiendo que siga siendo buena persona». Me emocionó leerlo. Intento liderar mi equipo sin decir: «Yo soy el jefe». De vez en cuando nos vamos a un hotel a la montaña o a la playa y, aunque estamos trabajando, paramos a comer, nos tomamos algo juntos... De esos ambientes salen buenas ideas.

¿Podrías decirme algo bueno de tus tres principales adversarios: Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias?
De Rajoy, que es difícil enfadarse con él. De Pedro Sánchez, que está intentando cambiar cosas dentro de un partido antiguo. De Pablo Iglesias, que ha sido valiente e innovador.

¿Cuál ha sido el peor momento de tu vida?
Cuando era pequeño se murieron dos hermanos de mi padre con treinta y pico años. Recuerdo aquellos momentos con dureza. También cuando fallecieron mis abuelos: los quería un montón y ya no me queda ninguno de los cuatro.

Ya te desnudaste una vez, ¿por qué volverías a hacerlo?
Por política te aseguro que no (ríe). Sólo me desnudaría si fuera necesario para ayudar a algún familiar.

¿Qué pregunta te repiten más a menudo en las entrevistas?
Hay dos que me parecen propias de los años 90, no de 2015, y que siempre me hacen: «¿Usted con quién va a pactar, con el PP o con el PSOE?» y «¿Es de izquierdas o de derechas?».

¿Y cuál es la que nunca te hacen y crees que sería 
importante responder?
Nunca me han preguntado si soy feliz, y me parece fundamental. He aprendido que no se puede ser feliz en el trabajo e infeliz en casa, y viceversa.

Ya has dicho que profesionalmente estás muy contento, así que entiendo que tu vida privada también va bien...
Sí. Tengo unos padres que no me merezco –me apoyan en todo– y una hija maravillosa. Y, desde hace un tiempo, una pareja con la que me compenetro fantásticamente. No necesito más. Me gusta poner el ejemplo de que los grandes deportistas (Rafa Nadal, Marc Márquez, los Gasol...) siempre tienen un entorno feliz. En un mundo tan difícil como el de la política, también necesitas a gente que te arrope.

¿Quién es la persona en la que más confías?
Yo mismo, porque conozco mis defectos y mis virtudes. Pero en general soy bastante confiado, de los que se dejan la cartera por ahí y piensan que nadie se la va a quitar.

¿Con quién te gustaría sentarte a charlar?
Aunque no soy creyente, con el Papa Francisco. Transmite liderazgo desde la humildad. Y los que más han cambiado el mundo (Mandela, Luther King...) son los humildes.

¿No angustia un poco saber que eres la esperanza para mucha gente? Menuda responsabilidad...
Por la calle me dicen: «Te voy a apoyar. No me falles». Es un halago, pero no hay mayor peso que fallar a los que te quieren. Y yo quiero seguir mirando a la gente a los ojos.

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"Cuando me metí en política no era feliz. Ahora lo soy más que nunca"

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"Las mujeres ya no piden permiso: piden paso"

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"Estoy orgulloso de no haber cambiado"

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