La buena estrella

El encuentro más personal con la actriz madrileña.

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En 2014 se produjo su despegue profesional. Con la galardonada obra teatral 'Misántropo' se dio a conocer a lo grande y con la película 'Magical Girl' ganó el Goya a Mejor Actriz. Pero, a nivel personal, fue más duro: murieron su abuela del alma y los padres de su pareja, el actor Israel Elejalde. «Lo recuerdo como un año muy bello en el que viví lo irreal y lo terrenal», resume. Respecto a lo irreal, el 2016 no va a quedarse a la zaga. Bárbara Lennie (Madrid, 1984) tiene tres filmes a punto: 'Contratiempo', 'María y los demás' y 'Las furias', con su pigmalión sobre las tablas, Miguel del Arco, en la dirección.

Mientras espera estos estrenos, rueda con Agustín Diaz Yanes la superproducción de época 'Oro' y planea su vuelta a Madrid con el montaje 'La clausura del amor', el mismo con el que colgó el cartel de no hay entradas en 2015 y el mismo con el que sueña hacer una proyección en cines a manos de un prestigioso realizador francés. En verano se pondrá a las órdenes del personalísimo Jaime Rosales en 'Petra', donde dará vida en la gran pantalla a la mujer del título. Desde que debutó a los 15, Lennie –apellido escocés para una niña de padres argentinos– ha ido con paso sereno en su camino hacia las estrellas hasta que, finalmente, ha conseguido la suya.

Cuando se elige ser actriz, ¿qué se sacrifica?
Es una vida exigente y muy expuesta, en la que te pones a ti misma constantemente en tela de juicio. Así que debes estar a gusto en tu piel. Si no te mantienes centrada y fuerte hay gente que puede hacerte polvo. Cuanto antes sepas y resuelvas el hecho de que tienes que gustar a muchos, mejor. Ya bastante difícil es crecer y saber quién quieres ser en la vida. Imagina cómo es, además, tener siempre tantos ojos encima de ti.

¿Y tú ya sabes quién eres?
Eso creo... Más o menos como soy, una artista multidisciplinar. Y a nivel personal sé que lo que me hace feliz es compartir lo que me sucede con la gente que quiero. Porque si no tienes con quien compartir, las cosas buenas no sirven de nada. Esto no quiere decir que no tenga inseguridades. Las asumo y consigo que estén ahí sin impedirme (risas).

Naciste en Madrid, pero te criaste en Buenos Aires. ¿Qué recuerdas de tu vuelta a España?
Tenía casi siete años. Al principio se reían de mí en el colegio por el acento (del que ya no tiene ni un resquicio, salvo cuando habla con sus padres en lo que ella llama un híbrido). Los primeros años fueron duros, no nos vinimos con una infraestructura. Literalmente, mis padres llegaron a buscarse la vida. Era difícil no tener una red que nos sostuviera, pero me siento afortunada de haber experimentado ese recorrido. Hemos armado aquí una vida muy bonita. Mis padres (él médico, ella psicoanalista) sienten que ha valido la pena el esfuerzo que supuso la inmigración.

¿Como fue tu infancia en Argentina?
Muy cálida y plena. Provengo de una familia muy grande con la que me he divertido mucho. Soy la pequeña de un clan de origen escocés. Tuve una infancia disfrutada.

Y de recuerdo te queda una cicatriz en la frente...
¡Sí! Mis abuelos tenían una casa en el campo y allí me subía a los árboles, trepaba... Había un portón muy grande de madera contra el que me empujó uno de mis primos y se me clavó un clavo oxidado. No sabes cómo empecé a sangrar. Había tanta sangre que mi abuela gritaba: «Se comió cristales, se comió cristales» (aquí sí saca el acento porteño). Esta cicatriz refleja el primer susto que les di a mis padres.

¿Qué papel juegan ellos en tu vida?
Uno muy importante. No tanto en temas profesionales; aquí sólo les pido opinión si una decisión me provoca inseguridad, igual que a mis amigos y siempre a Natalia, mi representante de la agencia Mesala. Mis padres son fundamentales en todo lo demás. No sólo les quiero muchísimo, sino que les admiro y los dos me ayudan a redescubrir lo que está ahí.

¿Cómo es tu día a día sin un rodaje o una función?
Me gusta mucho la ciudad, caminar, los bares y volver a mis amigos. Me ocupo más de mi perro, Coque, voy al cine, leo... Me encanta ir al mercado y buscar cosas ricas para que las cocine mi chico y que tenga donde elegir (risas). Adoro comer. El contrasentido, teniendo raíces argentinas, es que no soy muy de carne.

Uno de tus pilares es el humor, ¿por qué?
Con el humor llega todo lo demás. Si uno se entiende a través del humor, se entiende a través de casi todo. Y con respecto al trabajo, no creo en el que se hace con tensión y sufrimiento. No es necesario generar angustias en el otro para sacar algo bueno. Todos vivimos con miedos y tensiones, así que, en la medida en la que puedas crear una sonrisa y un entendimiento, ¿por qué no hacerlo? Disfrutar está infravalorado; parece que si uno disfruta de las cosas las convierte en poco importantes. Eso es absurdo. Y te lo dice alguien muy seria y meticulosa en el trabajo. ¡Quizá por eso me dan papeles intensos cuando en el fondo soy una payasa!

Minuciosa en el trabajo hasta el punto de meterte tanto en los papeles que llegas a hacerte daño, daño físico...
(Risas). Tiendo a que me pasen estas cosas, lo somatizo todo. En teatro me he herido en el hombro, me abrí la rodilla, tuve una tendinitis durante meses, se me han agarrotado los abductores, me he quedado casi sin voz... Va en el oficio. ¡Todos tenemos heridas de guerra! Pero también aprendes cosas: gracias a mi profesión he aprendido a conducir y a tocar la flauta travesera. Bueno, le saco sonido.

Y de la serie inédita 'El incidente', tu corte a lo 'garçon'...
Con este pelo es como si me hubiera encontrado. Me da un rollo que me gusta y con el que me siento identificada.

Tu pareja, Israel Elejalde, es también actor. Con él hiciste, entre otras obras, La clausura del amor en el teatro. ¿Qué es lo mejor de compartir la profesión y la vida?
Cuando te entiendes así es una pasada, es algo muy bonito. Compartes algo que para ti es tan vertebral como lo es también tu pareja. Es verdad que a veces puedes terminar algo saturado y necesitas salir de conversaciones monotemáticas, pero los dos intentamos ser cuidadosos: trabajamos mucho juntos y hacemos bastantes cosas por separado. Lo llevamos con humor (de nuevo el humor) y siempre apoyándonos muchísimo el uno al otro.

Te defines como una persona tranquila, ¿siempre?
No sé ni cómo se me ha ocurrido decir eso alguna vez. No lo soy especialmente. Soy aparentemente tranquila. Lo que no soy es histérica: no armo broncas ni líos, pero soy nerviosa. Bullo mucho por dentro, aunque progresivamente soy menos silenciosa para no somatizar. ¡Mejor hacer un poco de ruido para estar más sana! (risas). Lo que sí es verdad es que me llama la calma. Estar muy nervioso impide disfrutar. Lo único que me saca de quicio es que me engañen. Cuando me siento estafada, pierdo los papeles.

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Estilo en negro

"Soy aparentemente tranquila, pero en realidad bullo por dentro. Sin embargo, no soy histérica, no armo broncas ni líos. Lo único que me saca de quicio es que me engañen: cuando me siento estafada, pierdo los papeles".

Vestido con cuello 'halter' de Versus Versace.

La importancia de disfrutar

"Disfrutar está infravalorado. Parece que si uno disfruta de las cosas las convierte en algo poco importante. Y eso es absurdo".

Camisa azul clara de Escada y 'jeans' de Zadig & Voltaire.

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Con humor

"Con el humor llega todo lo demás. Si uno se entiende a través del humor, se entiende a través de casi todo".

Vestido de Adolfo Domínguez, camiseta blanca de Zara y sandalias de Manolo Blahnik.

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"Lo que me hace feliz es compartir lo que me sucede con la gente que quiero. Porque si no tienes con quien compartir, las cosas buenas no sirven de nada".

Vestido de Mango, brazalete de Hermès y sandalias de Salvatore Ferragamo.

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Dar la cara

"Cuanto antes sepas y resuelvas el hecho de que tienes que gustar a muchos, mejor. Ya bastante difícil es crecer y saber quién quieres ser en la vida. Imagina cómo es, además, tener siempre tantos ojos encima de ti".

Vestido bordado y con espalda abierta encorsetada de Teté by Odette.