Mario Vaquerizo & Alaska

Una cita con Mario Vaquerizo y Alaska.

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Una vez los tienes delante, es como si los conocieras de toda la vida. Cierta sobrexposición en los medios ha hecho que Mario Vaquerizo y Alaska (ella prefiere que la llamen así) parezcan casi de la familia. De la tuya, de la mía y de la de cualquiera que haya encendido la tele en los últimos años. Pero en muchas cosas no son lo que parecen. Ese halo estrambótico que los rodea a ambos esconde en realidad a una pareja con una visión de las cosas bastante tradicional. Los domingos van al Rastro y a comer con los suegros y pasan la tarde tirados en el sofá viendo a María Teresa Campos en '¡Qué tiempo tan feliz!' Y, sí, les gusta la noche, aunque también van al gimnasio a las seis y media de la mañana y cogen apuntes en la universidad.

Por supuesto, trabajan, y mucho. Ella (Ciudad de México, 1963) acaba de sacar disco con Fangoria (junto a Nacho Canut), 'Canciones para robots románticos', y él (Madrid, 1974) se encarga de coordinar la promoción. Tras la sesión de fotos, Mario abre una cerveza –van unas cuantas– y se suelta: «Ha sido divertido. Dile a la directora que me ofrezco para ser nueva chica Swarovski. Me haría más ilusión ser chica Swarovski en ELLE que chico Interviú». A su vera, Alaska: «Iba a haber un problema de pelo (ríe). Yo también he estado encantada. Es un placer formar parte de las cosas que nos gustan, y las revistas nos chiflan; somos fans del papel, de bajar al quiosco, comprar 40 y pasar el domingo leyendo». Lo dicho, pasen y lean.

Empezáis la entrevista cogidos de la mano. Después de 17 años de relación, ¿cómo se consigue eso?
Mario: El único secreto es tener suerte. El amor no son matemáticas, no hay un algoritmo que puedas aplicar. Pero la química por sí misma a veces no es suficiente...
Alaska: Cierto, y es verdad que hay que trabajar. Aunque, si no hay química, no hay trabajo posible. Una pareja puede llevarse muy bien y ser buenos amigos, pero a veces se aterriza en ese punto de «a ver si se duerme antes de que yo llegue a la cama...». A nosotros eso no nos ha pasado.

Para mucha gente no sois un matrimonio convencional.
Mario: Pues están equivocados, lo somos en muchos valores. ¿Por qué no lo somos, porque me pongo tacones?

Pues seguramente sí. Y porque hablas de ti en femenino, porque te pintas el ojo... Hay personas a las que esas cosas no le encajan con la idea de una pareja creíble.
Alaska: Sí, yo entiendo lo que dices. Es así.
Mario: Ah, eso sí, hija. Desde el primer día no he dejado de escuchar por ahí: «Mira el maricón este, ¿adónde va con Alaska?». Pero ya sabes: lo que opinen los demás está de más.
Alaska: Sinceramente, a mí no me da igual. Y ya no lo digo por él, sino por mí. ¿Qué pasa, que yo como mujer no necesito un hombre? ¿Es que no tengo sexualidad? ¿O es que tengo un concepto tan bajo de mí misma que acepto estar con alguien que sé que no me desea? Es una lectura muy ofensiva.

Mario, te declaras bisexual teórico. ¿Me lo explicas?
Mario: Hay chicos que me gustan, lo que pasa es que no puedo acostarme con ellos.
Alaska: Eso te lo descubrí yo.
Mario: Cierto. Un día te dije «Olvi, creo que me gusta ese chico», y me respondiste: «Vale, imagínate en la cama con él». Ahí me di cuenta de que no, de que eso no me sale. Qué pena, con lo bonito que es ser bisexual...

¿Nunca os habéis planteado formar parte de la misma banda?
Mario: No, seríamos como Karina y Domingo Torroba. Tenemos modos diferentes de enfocar un grupo. Nos sacaríamos de quicio el uno al otro.
Alaska: Lo hemos hecho alguna vez, al coincidir Fangoria y Nancys Rubias, su banda. Pero nada más.

Si pudierais elegir, ¿a qué banda de la historia de la música os habría gustado pertenecer?
Mario: Lo tengo claro, a Blondie. Es lo más parecido a Alaska: no es fundamentalista ni dogmática y viene del punk pero no le hace ascos a ser mainstream. Luego están los Ramones; los admiro mucho, aunque los pobrecitos eran unas catetas de Queens. Encima Joey olía mal.
Alaska: Fíjate, los Ramones son un grupo fundamental, pero nunca querrías estar en él: ¡pasaron 30 años sin dirigirse la palabra! A mí ponme con Alice Cooper, Rob Zombie, los Kiss...

Con respecto a 'Canciones para robots románticos', Nacho Canut (la otra mitad de Fangoria) ha dicho: «No tener sentimientos sería la felicidad absoluta». Un poco triste, ¿no?
Alaska: Es que la gente sólo piensa en la parte bonita de los sentimientos, en el amor, la felicidad... Pero también dejarías de sentir ira, celos, odio o tristeza. Depende de lo que quieras que te compense. Me resultaría difícil decidir.
Mario: Yo lo tengo claro: a mí no me compensaría vivir sin sentimientos. Además, el robot no es dueño de sí mismo, está programado. Y yo no quiero que me programe nadie. 

Alaska, ¿con qué sensación te gustaría que se quedara la gente que escucha 'Canciones para robots románticos' por primera vez?
Alaska: Existen álbumes muy bonitos que te dejan el cuerpo del revés, como el clásico 'Berlin', de Lou Reed (por cierto, cogí el nombre de Alaska de uno de sus temas). Te deja destrozada, pero es precioso. Creo que, desde el punto de vista musical, el nuestro te deja muy bien, aunque es cierto que algunas de las letras pueden provocarte un cortocircuito. Tenemos nuestras aristas, nuestras zonas oscuras, y ahí están: si las buscas, las encuentras.

¿La fórmula sexo, drogas & rock and roll se mantiene vigente a día de hoy en el mundo de la música?
Alaska: El sexo ahora está en Grindr, las drogas, en todas partes y el rock and roll, según se mire. Para mí el rock and roll de verdad es un bar de travestis y no un garito de rockeros. Pero quien busca estas tres cosas hoy las encuentra en cualquier sitio. Por poner un ejemplo, a las 11 de la mañana de un lunes en la oficina del banco con la secretaria. No es algo exclusivo del gremio de la música.

¿Qué relación tenéis vosotros con la droga?
Alaska: Pedro Almodóvar, cuando sale el tema, siempre dice: «Que hable ella, que, como no se drogaba, se acuerda de todo». Yo las he tenido delante, al alcance de mi mano, pero no me van. No me gustan, así que no creo que haya sido mérito mío no consumirlas. Las observo desde un punto de vista antropológico, cero lúdico. 
Mario: Hay otras personas que las tomamos de una forma muy lúdica; yo creo que las drogas hay que tomarlas por diversión, no por devoción. ¿Esa reflexión la he hecho yo? Debo de habérsela copiado a alguien...

¿Y con la fama cómo os lleváis?
Mario: Mi finalidad en la vida nunca ha sido alcanzar la fama, pero es verdad que ahora participo de ella y me gusta ser conocido, que me pare la gente, verme guapo en las fotos... Me alegro de que esto me haya pillado mayor, con las cosas más claras en la vida. Porque veo a Justin Bieber y flipo con la cantidad de tonterías tan grandes que hace. Aunque te diré también que creo que, aparte de joven, el chico es un poquito tonto.
Alaska: Además, es que Mario y yo compartimos una aproximación teórica a la fama. No es nuestro caso, porque la nuestra es una consecuencia, pero nos encanta que haya gente famosa porque sí. Por casarse con alguien, por ejemplo. Somos muy defensores de la fama como concepto.
Mario: Claro, porque a la gente le gusta. Dicen que ven documentales de La 2, pero lo que ven es 'Sálvame', y yo lo entiendo. Es mucho más importante la problemática de Belén con Toño que el Serengueti, que es sota, caballo y rey: el cocodrilo se come al antílope y ya está. 

¿En política también coincidís?
Mario: Yo estoy escribiendo un libro, 'Vaquericismos', en el que hablo de ser transversal, que significa que no tienes por qué estar aquí o allí. Hay cosas que te pueden gustar de un sitio y de otro, pero eso parece que nadie lo entiende. Coincidimos en que sentimos que estamos en tierra de nadie.
Alaska: Es verdad que la política, quien gobierne, va a influir en mi vida, pero ¿tanto? No. A mí me influye que haya existido Bowie. Que yo pague impuestos no determina quién soy, así que mientras no baje Ziggy Stardust a presentarse, a mí me da igual. Es una pena, aunque voto por conciencia social, no por convencimiento.

Desde fuera parece que lo hacéis todo juntos. ¿No necesitáis vuestras parcelas de independencia?
Alaska: Él no, te lo puedo asegurar. Pero yo sí; quizá tenga que ver con que soy hija única. De vez en cuando me lo pide el cuerpo.
Mario: Eso yo también lo he aprendido con el paso del tiempo, no hay por qué estar todo el rato juntos.
Alaska: Lo que no quita para que, siempre que puedo, lo arrastre al Museo Británico a ver La leona herida de Mesopotamia. Y otras veces él me convence para quedarme un rato más con los amigos aunque sean las siete de la mañana.
Mario: Y también ella se va a Grecia a ver rocas y yo me voy con mi amiga Topacio a su finca y nos pasamos una semana comiendo pizza, riéndonos y emborrachándonos.

Ya que sale el tema, ¿cuántas cervezas llevas hoy?
Mario: He perdido la cuenta... ¿Cuántas llevo, Olvi? ¿Doce o trece? Pero es que no a todo el mundo le sientan igual. Ahora te pregunto yo: ¿tú me ves desbarrando? Pues eso.

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Toque rosa

Mario lleva esmoquin negro de Little Joe y camisa, ‘jeans’ y fular de Saint Laurent. Alaska, con vestido de Little Joe, anillos de Cartier y pendientes de Aristocrazy.

La diva

Alaska lleva vestido con encaje de Roberto Cavalli y pendientes de Butler & Wilson.

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¿Siempre juntos?

Mario lleva ‘trench’ de Burberry Prorsum, camiseta de Topman, ‘leggings’ de Zara y zapatillas de Converse. Alaska, con vestido de Little Joe y pendientes de Butler & Wilson.

Increíble personalidad

Mario luce cazadora de cuero, ‘jeans’ negros, fular y botines, todo de Saint Laurent, y camiseta de rayas de Zadig & Voltaire.

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Amistades peligrosas

Alaska lleva vestido de Miss Selfridge y salones negros de Dolce & Gabbana. Mario viste cazadora, fular, ‘jeans’ y botines de Saint Laurent y camiseta de Dsquared2.