Leiva, el rockero en estado zen

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Leiva

José Miguel Conejo Torres. Alias Leiva. La ex mitad de Pereza. El creador de Pólvora, el disco de rock que dejó un reguero de críticas brillantes, que colgó el cartel de agotado en su gira y que lo consolidó como una de las figuras indiscutibles de nuestro tablero musical. El rockero de Madrid (1980) retoma su camino en solitario hacia el firmamento del buen ritmo con Monstruos (Sony). Un disco para disfrutar de un estilo que engancha a fieles seguidores de las condiciones más dispares, de su sonido a lo The Rolling Stones versus Calamaro, de su estética personalizada por su amiga y diseñadora La Condesa y de letras que desnudan una visión más luminosa y slow de la vida. Hace tiempo que no se imprime un tatuaje ni compra anillos de plata, y, aunque sigue leal a los botines trallados y a los viejos sombreros de buhonero, la piel que los lleva ya no es del todo la misma. «Cuando te quitas cosas por dentro, se refleja por fuera», confiesa. Así son sus nuevas alas.

Hermosas letras...

Muchas gracias.

¿Hay más luz en este disco que en otros o es una impresión?

Sí, esta vez todo resulta menos enrevesado, menos para dentro y más hacia fuera. Hay más luz.

De hecho, la canción que da título al álbum, Monstruos, es casi un himno que anima a ver la vida en positivo.

Para mí la música está relacionada con hacer compañía. Creo que está bien que alguien llegue y te pregunte: «¿Has pensado en ver las cosas de otra manera?». Ese giro en la mirada ayuda mucho, y lo sé por experiencia propia. La canción en el fondo te dice: «Cuando estás en el agujero nunca estás solo. Todos hemos pasado por ahí, pero mira qué bonito es el amanecer, concéntrate en él un minuto y saldrás del hoyo un rato». A mí me ha costado muchos años identificar esto porque siempre veía el problema en el otro, y es importante tomar conciencia de lo que nos pasa sólo cuando sucede en nuestras cabezas. Al final, mi nuevo disco va de eso: de que uno puede ser su peor enemigo.

Así que también va de que uno puede ser su gran aliado...

Sí, ese será el próximo disco (risas). Aún estoy combatiendo. Hace poco me contaron qué pasa realmente con las drogas.

¿Y qué pasa?

Inhiben cosas del cerebro, y el colocón en realidad es lo que tú activas para enfrentarte a ellas. Las drogas no te generan ninguna sensación, lo haces tú para afrontar la entrada en tu cuerpo de las sustancias en cuestión. Esto sirve para explicar que tenemos poder sobre lo que nos pasa, y de nosotros depende usarlo bien. De eso también va mi nuevo disco.

Entonces, ¿uno puede narcotizarse con una puesta de sol?

Creo que las drogas son una elección. Yo las he probado, y me ha parecido bien hacerlo para poder elegir.

¿Y qué eliges hoy por hoy?

La verdad es que, después de un mal viaje con una ingesta de marihuana por la que acabé en un lugar muy, muy jodido, me asusté y decidí ir con mucho respeto hacia ellas. Ahora estoy en un punto bastante zen. Muy tranquilo. Con Pereza tuvimos relación con la popularidad, con la ultraexposición, y decidimos pasárnoslo bien en lugar de agobiarnos. Durante muchos años fuimos drogotas; disfrutamos un montón y, cuando empezó a sentamer mal, lo paré. No tener un carácter adistivo y al mismo tiempo ser un tipo muy aprensivo me han salvado de muchas cosas. Creo que fue Churchill quien escribió una frase conmovedora para todos los que somos hipocondríacos: "Toda la vida me la pasé sufriendo por cosas que jamás ocurrieron".

«Demasiado brillo, demasiado impacto, demasiado humo, fue rara pérdida el anonimato», alegas en una de tus nuevas canciones.

Sí, esa canción fotografía el momento en el que te das cuenta de que la gente conoce tu nombre y tú no conoces a la gente. La popularidad es la calderilla del éxito, la parte menos grata, la que menos me seduce a mí. Cuando entro en un sitio y salta un flash, me siento mal por incomodar a los demás, por hacer ruido. Yo, que soy introvertido, creo que es compatible ser agradecido con la gente y que no te parezca divertida la fama.

¿Qué cosas te inspiran hoy por hoy?

Siempre he pensado que los genios, como puede serlo Joaquín Sabina, son capaces de inventarse vidas en sus canciones y ser verosímiles. No es mi caso. Yo siempre acabo buscando las letras en mí. Y encontrar una canción en la imagen de una hebra de pelo en un lavabo me parece más emocionante que el G8. Suelo hallar cosas más estimulantes en lo micro, quizá porque creo que, si tengo sólo dos cubos de basura de reciclaje y a veces me salto el del vidrio, no puedo ir por ahí denunciando lo que falla en el mundo. Cuando identificas esto te cuesta más predicar. No soy de los que sienten que el altavoz de un artista ha de utilizarse para combatir: a lo mejor primero debo reivindicar cosas en mí para después exigir al mundo. Uno no puede señalar hasta que tenga el dedo limpio.

¿Y quién es mejor musa, el desencanto o la plenitud?

Yo cuando estoy bien me voy a tomar cañas con mis amigos. El cuerpo no me pide profundizar, me pide coger las olas. En mi caso, de los demonios es de donde salen más canciones, quizá porque las heridas son más fáciles de canalizar a través de la música. Con las emociones soy obsesivo e hiperactivo; bajo a las profundidades y estoy en la superficie varias veces al día. Sin embargo, reconozco que este disco no es como Diciembre, el primero, escrito desde un sitio un poco jodido. Está vez hay equilibro, estoy en un momento dulce y bueno. Eso no quiere decir que no me dé vértigo.

¿Por qué?

Porque he tenido que combatir el bicho de la ansiedad, que yo creo que es la enfermedad del siglo XXI. Cuando oía hablar de ella no pensaba que fuese a pasarme a mí, pero apareció un día.

¿Tienes ya domesticado ese bicho?

Aunque aún le tengo algo de miedo, es verdad que está más domesticado. Ya no es un gran monstruo al que le grito: «¡Hostia tío, déjame vivir!». Ahora es uno al que le digo: «¡Eres muy pesao!». Yo creo que la ansiedad es un dragón al que, para combatirlo, hay que faltarle un poco al respeto (risas).

¿Qué cosas te han ayudado a hacerlo?

La lectura. Y el ejercicio de poner toda tu energía en lo que estás haciendo en cada momento, algo que no había probado nunca. La ansiedad tiene que ver con querer controlar el futuro, así que disfrutar del ahora es un buen antídoto. Eso y quitarte importancia a ti mismo, que me parece el ejercicio más sano. Cuando lo descubres, vives mejor.

Si te digo «cabo de Gata», ¿qué contestas?

Que es un lugar especial donde he encontrado la tranquilidad. Casi todos los temas de mi nuevo disco han nacido en Las Negras, Agua Amarga, en esos pueblecitos preciosos que hay en Almería, con esa luz mágica, ese punto de desierto y su poca gente.

¿Eso que llevas tatuado en la mano izquierda es el símbolo de Om, un mantra hindú?

Sí. He encontrado un espacio muy saludable en el yoga; no puedo ir de espiritual, pero esta disciplina me ha hecho mucho bien. Me permite parar y respirar una hora y media al día, algo que me parecía marciano, igual que cantar mantras, que es algo que también hago. El yoga llegó cuando iba a todo trapo. Ahora busco ir más despacio.

¿Cuál es el hobby de Leiva?

Soy montañero. Mi hobby es hacer picos: Pirineos, País Vasco... La montaña es una forma de conectar con el mundo.

¿Qué le regalarías a alguien a quien quieres?
Open, la autobiografía del tenista Andre Agassi. Habla de superación, éxito y fracaso. Empieza diciendo: «Odio el tenis». Mi disco se llama Monstruos porque lo leí tras grabar y pensé: «Este es de los míos, de estar todo el día luchando contra sí mismo». Así que a alguien a quien quiero le daría el libro y le sugeriría: «Lee esto, que te va a hacer compañía».

¿Cómo llegaste tú a él?

Por Maca (la actriz Macarena García), mi chica.

¿Qué importancia tiene el amor en tu camino?

Todo lo que sea hablar de mí siempre me da pudor, pero es verdad que hay una parte de mi equilibro y del sentido del humor en el disco que tiene mucho que ver con el amor. En mi música siempre ha habido un punto de oscuridad. Ahora cuando hablo del amor es de una manera sana. Y donde hablo de desamor no hay rencor. Nosotros no vivimos juntos, pero, cuando tienes un compañero, aunque hay momentos muy jodidos los buenos son muy bonitos, pura anestesia. Y, dure lo que dure, hay que disfrutarlo.

¿Cuál es tu visión del amor?

Es muy peculiar. Lo concibo con muy poco sentido de la propiedad y con mucho compañerismo. Mi deseo de distancia me ha acarreado muchos problemas para construir una relación, y me los sigue acarreando. Me ha llevado tiempo asumir que soy complejo, pero seguiré ahí, tratando de ser mejor persona. De hecho, en ello estoy.

Dime, ¿cuál es tu pequeño placer?

Crecí en un barrio de Madrid con un parque en el que me pasaba las horas jugando al fútbol. El olor a hierba con barro es lo que me conecta con la vida. Cada vez que me encuentro con él, vuelvo inmediatamente a un sitio donde soy imbatible, donde no tengo miedo ni rivales. Ese niño con rodilleras y lleno de heridas y tierra es para mí la felicidad absoluta, el lugar donde viviría siempre.

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"La popularidad es la calderilla del éxito...

... la parte menos grata. Si entro en un sitio y salta el 'flash', me siento mal: soy ruido, molesto a los demás".

Chaqueta y camisa de flores de Zadig & Voltaire, jeans de Iro, joyas de Uno de 50 y botines de cuero de Diesel. Sombrero 'vintage'.

La nueva cara de Leiva

Camiseta y 'jeans' de Iro, esmoquin en negro al hombro de Dsquared2, gafas de Ray-Ban, joyas de Uno de 50 y botines negros de Christian Louboutin.

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"Aunque todavía me inspira algo de miedo...

... creo que tengo más domesticado el monstruo de la ansiedad. Ahora me parece un bicho muy 'pesao', un dragón que puedes combatir siempre que le faltes un poco al respeto".

Cazadora de cuero de Zara y joyas de Uno de 50. La camiseta y el sombrero son de Leiva.

"Tengo una visión peculiar del amor...

... Lo concibo con muy poco sentido de la propiedad y una gran carga de compañerismo. Mi deseo de distancia me ha dado problemas a la hora de construir una relación. Pero sigo ahí, mejorando".

Traje negro y camisa blanca de Dior, joyas de Uno de 50 y botas de Diesel.

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Descubre 'Monstruos', lo último del artista

Abrigo de Zara, cazadora de Levi's, camiseta y 'jeans' de Iro, gafas de sol de Ray-Ban y zapatos de Christian Louboutin.