Mi primera semana con el iPhone 5

Hace ya siete días que tenemos en nuestras manos el iPhone 5. Te contamos lo que nos ha parecido.

Es bonito. Muy bonito. Y esto, no nos engañemos, es importante. Cuando un objeto te provoca el deseo de quererlo tocar, de hace pasar el dedo una y otra vez por su biselados y acariciar su pantallas, es que alguien ha hecho algo muy bien.

En Apple afirman que han realizado un exhaustivo estudio para averiguar cuánto se puede llegar a agrandar la pantalla sin perder la condición indispensable de que se pueda utilizar con una sola mano. Y esto es el límite. “Cuando necesitas las dos, ya es una tableta”– dicen en la compañía. Otra preciosidad son sus nuevos cascos. Formas redondeadas y sonido estupendo. ¡Al fin! Los auriculares con una de las pocas quejas que siempre he tenido sobre la marca.

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Pero lo que más me gusta de él es que habla. ¡Y escucha! Su sistema de comando por voz, Siri, ya sabe español (el 4S sólo entendía inglés, y mi acento nunca le debió gustar, porque no nos entendíamos bien). Ahora sí. Llama a quien le pides, copia los mensaje que le dictas razonablemente bien y te cuenta qué restaurantes tienes cerca cuando no sabes dónde ir. Sólo le falta comentar la película después del cine.

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No es perfecto, pero yo lo quiero igual. Sobre sus mapas, que ubican al río Ebro en Brasil, ha habido chistes de todo tipo. Normal. Pero he de decir que me ha llevado perfectamente a todas las direcciones de Madrid por las que le he preguntado. No me ha quedado más remedio que cambiar la tarjeta SIM, ya que ahora es más pequeña, y al tener un conector más pequeño (y más cómodo) no lo puedo utilizar con los altavoces con los que escucho música en casa. Pero tranquilos, se vende un adaptador.