María de Villota: "Ahora soy mejor persona"

Un año después del terrible accidente que le obligó a dejar la Fórmula 1, María de Villota ha conseguido seguir ligada a la que es la pasión de su vida: el motor. Ahora, como embajadora de MINI, sigue disfrutando del mundo de las cuatro ruedas, y nosotros pudimos disfrutar de sus ganas de vivir durante esta charla.

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Consiguió ser la primera piloto española en llegar a la Fórmula 1, pero el destino le tenía reservada una mala pasada. En julio del año pasado, un desgraciado accidente mientras probaba su monoplaza, a punto estuvo de costarle la vida. María de Villota perdió el ojo derecho, y con él su futuro en el mundo de la competición. Pero lo que no perdió fue su perenne sonrisa, de la que pudimos disfrutar durante el evento de presentación de su nuevo trabajo: ser embajadora de MINI.

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¿En qué va a consistir tu colaboración con MINI?
La idea es acercar a la gente la esencia de la marca, con una serie de actividades programadas a lo largo de todo el año. Y, por supuesto, voy a conducirlo, de hecho ya llevo un tiempo con el modelo Paceman.

¿Volverás a meterte en un circuito con él?
¡Ya he rodado en el Jarama! Lo hice en la sección que tenemos de seguridad vial y que se emite antes de las carreras de Fórmula 1. Fue especial, volver a encontrarme con el asfalto, que había sido mi casa hasta ahora, y encima hacerlo de la mano de un coche que tiene tanto que ver conmigo. Cuando estás enferma de repente te sientes muy pequeña, y volver a conducir me ha ayudado a recuperar la confianza y a descubrir que, aunque han pasado muchas cosas, yo no he cambiado tanto.

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Dices que el MINi tiene mucho que ver contigo, ¿en qué os pareceis?
En el espíritu de competición del coche. Todo el que lo ha conducido sabe que la sensación es muy parecida a ir en un kart: vas bajita, es muy ágil, muy directo, con un gran motor…. Todo lo que uno espera de un coche, cuando los coches te apasionan, lo tiene. Ha roto moldes, y de pequeñito tiene poco.

Llegar a la Fórmula 1 fue tu sueño, ¿con qué sueñas ahora?
Es muy difícil, porque mi vida ha cambiado radicalmente en ese sentido. Antes sólo quería lograr la pole, y ahora lo que quiero es ayudar a la mayor gente posible, que es algo tan gratificante como cualquier podio. Cuando alguien que lo está pasando tan mal como lo he pasado yo me dice que le estoy ayudando simplemente con mi sonrisa y mi optimismo, en ese momento te das cuenta de lo que realmente es importante. Ahora tengo ese chip, intentar hacer el mundo un poquito mejor, no me cabe duda de que soy mejor persona e intento transmitir mi energía.

En un mundo tradicionalmente tan machista, ¿te sorprendió la reacción de los pilotos tras el accidente?
Sí, en las carreras muchas veces tenía la sensación de que pensaban "bueno, a ver qué ha venido a hacer esta rubia en la Fórmula 1". Era la única chica y, quieras o no, creas un ligero desconcierto. A raíz del accidente, creo que todos vieron a la María que había luchado para llegar hasta allí y entonces llegó el respeto. Estas cicatrices han mostrado realmente la historia de María, que venía de antes, pero que ahora se ha hecho más evidente. Entonces los pilotos me mostraron mucha cercanía, muchísimo cariño. Fueron entrañables.

Y ahora, toca 'reinventarse'…
Sí, ¡qué palabra eh! Si me hubieran dicho que no iba a a volver a competir y que encima iba a tener secuelas en la cara, hubiera pensado que no sería capaz de salir de esto. Pero para todos los que están en proceso de reinventarse, hay un mensaje que transmitir: somos mucho más fuertes de lo que nos imaginamos. Lo que ocurre es que, hasta que la vida no nos pone a prueba, no somos conscientes.

¿Cómo crees que está cambiando la relación de la mujer con el coche?
Está cambiando, ya no es el hombre el único que decide qué coche se compra en casa. Pero aún así, falta mucho trabajo por hacer. Y en el mundo de la Fórmula 1 más, muchos piensan que no está hecho para nosotras, incluso muchas niñas a las que les gusta el karting no se proyectan en el futuro, no se plantean dar un paso más allá porque lo ven un mundo cerrado. Necesitamos que esas niñas vean que, si el crono así lo marca, pueden tener su lugar.