Joël Dicker: el top de la literatura

Descubre al escritor suizo del que todo el mundo habla y su gran novela para todos los públicos: La verdad sobre el caso Harry Quebert.

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Léalo. Si no le gusta le devuelvo su dinero». Este es el cartel que colgó el pasado agosto en las librerías de un París casi desierto un viejo editor enamorado de La verdad sobre el caso Harry Quebert (Alfaguara), una adictiva novela policiaca francesa ambientada en un pueblo costero de Estados Unidos, la localidad de Aurora, en New Hampshire. La obra hoy está bendecida por los premios galos más prestigiosos y las subastas por hacerse con los derechos de publicación en todo el mundo han superado a las de Harry Potter. A punto de que este fenómeno editorial aterrice en nuestras librerías, volamos a Londres para descubrir a su autor: Joël Dicker, un abogado suizo de 27 años (Ginebra, 1985), con el físico de un modelo de Ralph Lauren y el talento de Philip Roth. Así es el nuevo niño prodigio de la literatura.

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¿Cómo has llegado hasta aquí?
Tras escribir en siete años cinco novelas que nadie quiso publicar. De hecho, ya había decidido que este iba a ser mi último libro.

¿Quieres decir que precisamente cuando ya habías decidido tirar la toalla como escritor te conviertes en un boom literario en todo el mundo?
Sí, es gracioso. Cuando mi viejo editor, De Fallois, leyó la novela exclamó: «¡Esto hay que publicarlo ya!». Entonces yo trabajaba como asistente en el Parlamento de Ginebra, no quería precipitarme de nuevo y le dije: «No». Él insistió. Me llamaba, me enviaba mails… Las personas de 87 años tienen las ideas muy claras. Al final le dije que sí sólo porque era la primera vez en toda mi vida que alguien mostraba tanto entusiasmo por mi obra. Así que no esperaba nada, publiqué por el placer que me daba la emoción de lo que estábamos compartiendo juntos. La primera tirada fue de seis mil copias. Recuerdo que empecé a contar quiénes comprarían mi libro: mi abuela, mis padres, yo... Y me dije: «¡Pobre De Fallois!». Después, llegó el éxito.

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¿Y por qué crees que llegó? ¿Qué has metido dentro de tu novela para causar este estruendo editorial?
Es difícil de decir. A lo mejor el éxito de La verdad sobre el caso Harry Quebert tiene que ver con que está impregnada de las buenas emociones que he vivido en la costa estadounidense de Maine, donde he pasado todos mis veranos. Además, la escribí desde el deseo de que fuese un libro tanto para jóvenes como para mayores, para hombres y para mujeres, para aquellos a los que les gusta leer mucho y para los que no leen casi nada. Un libro que fuese un punto de encuentro, como una cena para invitados de distintas procedencias. Un libro que uniese a la gente.

Tu libro Coca-Cola ahora será traducido a 33 idiomas y la crítica dice que sabe a Philip Roth, Jonathan Franzen y Woody Allen, ¿qué se siente?
Philip Roth es precisamente el autor que más admiro. A veces pienso: «¿Esto me está pasando de verdad? ¿Y por qué a mí?». Me siento agradecido a la vida.

¿Qué opinas de los libros electrónicos?
Mi padre es profesor de instituto y mi madre trabaja en una librería. Crecí entre literatura. Desde George Orwell hasta Charles Dickens o Marguerite Duras. Para mí los libros físicos son la verdadera forma de leer. Así que en Francia mi obra no se vende en Kindle. Es mi forma de apoyar el papel.
¿Para qué sirve la literatura?
Para vengarnos de la realidad, para soñar, para cambiar un poco el sabor del día. Yo cuando me siento mejor como escritor es cuando la gente me escribe y me dice que está en un hospital o atravesando una depresión o llorando a alguien que se ha ido, y que durante un rato mi libro le ha hecho sentir mejor.

¿Qué otros placeres no artísticos conviven contigo y con la escritura? ¿Correr, coleccionar mariposas...?
Los dos.
¿Lo dices en serio?
¡Completamente! Bueno, además de mariposas, mi habitación está llena de insectos que compraba con mi padre en una gran feria que había cada año en Ginebra. Tengo algún escorpión y unos escarabajos enormes africanos. ¡Estoy muy orgulloso de mi pequeña colección de bichos!
¿Crees que algún día volverás a tu piel de abogado?
No lo sé. Quiero seguir disfrutando de lo que me gusta: pintar y tocar la batería. Y que en diez años nos volvamos a ver y yo haya publicado muchísimos libros.
¿Ya has empezado a escribir el siguiente?
Sí (risas).