Carmen Amoraga, una escritora de premio

La ganadora del Nadal 2014 construye una obra 
sobre el poder sanador 
de las redes sociales. Charlamos con ella sobre Facebook, sobre premios y sobre sueños.

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Desde Picaña, un pueblecito donde trabaja como asesora de comunicación para la Universidad de Valencia, Carmen Amoraga ha escrito La vida era eso (Destino), o lo que es lo mismo, la novela que se ha llevado el Nadal 2014. El premio literario con más solera del país celebra su 70º aniversario con un libro que pone en valor el uso de las redes sociales para drenar emociones y cicatrizar heridas.

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García Márquez dice que toda historia surge de una imagen, ¿cuál fue la tuya?
El cuarto post que leí en Facebook era de una mujer con dos hijas que había perdido a su marido. Escribía cada 29 del mes, día en que él falleció. Yo la tenía agregada porque su hija era amiga de mi hija. La seguí con atención. Y pensé que esa manera de usar la comunicación para exorcizar el dolor era digno de ser narrado, así que le pedí permiso para relatar la historia. Todos los posts son reales menos el último. Tiene un final abierto para que cada lector ponga el suyo y termine él la novela.

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¿Cómo es el tuyo?
Mi final es esperanzador. Para mí es la historia de una mujer que es fuerte pero que todavía no lo sabe. Y que descubre que aprender a perder es aprender a vivir.

¿Y qué se aprende de ganar, en este caso un premio con el prestigio del Nadal?
Que el único sueño imposible es el que no se persigue. Creo que todos los que escribimos hemos soñado alguna vez con ganar un Nadal. Tiene prestigio, historia y una trayectoria que une a las grandes voces de la literatura actual, desde Ana María Matute hasta Carmen Laforet. Es el premio con mayúsculas.

Fuiste finalista del Planeta con Eduardo Mendoza, compartisteis un año de 
vida y presentaciones. ¿Qué te enseñó?
¡A no tomarme nada en serio! (risas). Para mí el premio es que Eduardo Mendoza se haya convertido en mi amigo. Ha leído todo lo que yo he escrito después. Me ha mandado unos correos muy instructivos, pero sobre todo me ha enseñado a cómo estar en el mundo. A comprobar que es posible que el escritor no se coma a la persona.

Hablando de la persona: eres esposa, madre de dos hijos, trabajas como 
concejala socialista... ¿Cómo lo haces?
Tengo apoyo en casa y además un buen jefe. Cuando estaba acabando la novela me dijo directamente: «¡No vengas al despacho!». Por otra parte creo que si dispones de mucho tiempo lo pierdes. En cambio, si tienes poco te dedicas a aprovecharlo al máximo. El otro día le decía a mi marido: «Fíjate, cuando Carmen (nuestra hija mayor) era pequeña yo lo único que hacía bien era fastidiar nuestra relación. Ahora también, pero además hago otras cosas» (risas).

Tus padres te regalaron el vestido del Nadal. Por curiosidad, ¿de qué marca era?
De una boutique de Valencia que se llama El Mundo al Revés. Costó 50 euros. Y no es una tienda barata pero, mira, encontré ese vestido y dije: «¡Pa mí!».