Cheryl Cole

Estrena ‘single’ y pareja. Esta es la historia jamás contada de su vuelta del borde del precipicio.

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La ex de Girls Aloud, el grupo de chicas que más discos han vendido en lo que va de siglo en el Reino Unido, cuyo patrimonio personal se estima en 16 millones de libras y que ahora arrasa con Crazy Stupid Love, nos habla de su lista de deseos. Le digo que, por lo general, sólo la gente que está a punto de morir hace una. Cheryl Cole (Inglaterra, 1983) asiente con la cabeza. «Llegué a un punto hace poco más de un año en el que me sentía muerta por dentro. Experimentaba subidones y bajones extremos, uno tras otro», nos confiesa.

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DELFINES Y ROSAS No hizo terapia ni necesitaba una cura de desintoxicación («he visto a gente beber y consumir drogas, pero yo nunca lo hice»), a cambio se sentó y escribió una lista de deseos. En primer lugar había apuntado «delfines» y se fue a Hawái a nadar con ellos. «Lloré de pura felicidad. Volvía a emocionarme después de haberme obligado a mí misma a no sentir nada durante tanto tiempo». Otra cosa original que hizo fue tatuarse rosas desde la cintura hasta la parte posterior de sus muslos. «Representan mi vida. Algunas son sólo capullos, otras están abiertas. Eso es lo que yo sentía: que estaba empezando a florecer».

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EL AMOR Y LOS HOMBRES En 2010, vivió un complicado divorcio de su marido, el futbolista Ashley Cole, después de haber sufrido una serie de humillaciones públicas; luego enfermó de malaria y casi muere, y en 2011 Simon Cowell la echó del programa de televisión americano Factor X. De alguna manera todos los hombres en los que había confiado la habían traicionado. Pero ahora estrena nuevo matrimonio con Jean-Bernard Fernandez-Versini y contraataca con una nueva vida. «No quiero que seamos como esas ex parejas que se odian. Es mejor dejarlo estar y mirar hacia adelante. Eso es algo que aprendí de mi madre», dice con una sonrisa un poco triste. «Puedo hablar de todo esto porque ya lo he superado. Pero fue un infierno, me volví, literalmente, loca y tan insensible que podían decirme cosas espantosas y ni siquiera las registraba. Me negué a hablar, fui una tumba. Desconecté, porque no sabía qué más podía hacer».

LAS AMIGAS Y LA TREINTENA Cheryl se refugió en sus compañeras Nicola Roberts y Kimberley Walsh («las dos chicas que me salvaron la vida»). Si sus 20 años estuvieron marcados por hombres, los 30 giran en torno a las mujeres, sobre todo a un círculo femenino de apoyo muy unido a ella. «Muchos piensan que van a odiar los 30, pero para mí son increíbles. Sé que soy afortunada porque nada de lo que pasé ha podido conmigo. De hecho, me ha enseñado todo lo que necesitaré el resto de mi vida. Me encanta sentir que puedo ser fuerte porque tengo mujeres bondadosas a mi lado. Y ya no me importa un carajo lo que piense la gente».