Amy Adams, la chica dorada de Hollywood

Steven Spielberg, Philip Seymour Hoffman, Clint Eastwood... Todos se rindieron ante su talento. Viajamos a Nueva York para entrevistar a la actriz más deseada de su generación.

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Estamos en una azotea en Manhattan, donde el skyline no se ve sino que se pisa, en una cena con la firma italiana Max Mara y Amy Adams como invitada especial. La actriz es imagen de su colección de accesorios en una campaña fotografiada por Mario Sorrenti, quien reconoce haber quedado fascinado por ella: «Tiene una mirada muy carismática», nos dice. Y es cierto. Mientras saluda a los invitados, entre los que están muchas de las guapas oficiales de Nueva York (Miranda Kerr, Sophie Auster, la dj Leigh Lezark...), su marido, el actor Darren Le Gallo, nos desvela algunas intimidades, como que compró un anillo para pedirle matrimonio en Italia y que nunca llegó a dárselo. Simpático y hablador, parece anclar a la tierra todo lo que rodea a la estrella: «Para mí es simplemente Amy. La conozco desde hace 13 años, cuando estábamos en una clase de interpretación y nadie sabía quién era. Sigue siendo tan encantadora como entonces», dice antes de contarnos que han dejado a su hija, Aviana, de 4 años, ya dormida con la niñera en el hotel. Viven en Los Ángeles y se encuentran aquí fugazmente, en un alto en el rodaje de Batman vs Superman, donde ella interpreta a Lois Lane.

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Amy Adams (Vicenza, Italia, 1974) fue una actriz prodigiosa desde el primer momento en que la vimos en Atrápame si puedes (2002). Según su director, Steven Spielberg, «hizo un papel que debería haberla lanzado», aunque todavía tuvo que esperar un poco. No mucho. Por la comedia independiente Junebug (2005) recibió una nominación al Oscar y en La duda (2008) saltó a la arena del coliseo con, probablemente, los dos gladiadores más grandes de ese momento, Meryl Streep y Philip Seymour Hoffman, y estuvo más que a la altura de semejante reto. Hoy tiene cinco nominaciones a los Oscar, la última el año pasado por La gran estafa americana, algo de lo que muy pocos pueden presumir.

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Cantaste en bares por la noche y trabajaste en películas pequeñas y series de televisión antes de convertirte en una estrella. ¿Te resultó muy difícil aquella época?
Más que difícil fue frustrante durante mucho tiempo. Se me hacía muy cuesta arriba que no llegaran las oportunidades que me habría gustado tener. No es algo que estuviera relacionado con la fama o el dinero, sino con la sensación de no poder sacar a la luz todo el potencial que yo sabía que tenía, y eso es muy descorazonador. Quería que me fuera bien en la profesión que había elegido y en muchos momentos pensé que nunca llegaría a conseguirlo. No porque no fuera capaz, sino porque no me daban ninguna oportunidad para demostrarlo.

¿Tuviste tentaciones de tirar la toalla en algún momento?
Sí. Me lo planteé porque llevaba mucho tiempo tratando de dedicarme a esto y sentía que, tal vez, jamás lo lograría. Y la verdad es que no estaba disfrutando de ese proceso en absoluto. Al contrario, por eso pensé que tenía que encontrar otro camino. Así no era feliz, de modo que era mejor encontrar otra forma de serlo. En un momento dado me pareció que tenía más sentido buscar una manera diferente de alcanzar la felicidad en vez de empeñarme en construir una carrera de actriz. Esa idea rondaba mi cabeza a menudo, y sí, estuve a punto.

¿Qué sucedió para que no llegaras a dar ese paso?
Cuando estaba en la encrucijada surgió esa oportunidad que esperaba y que cambió todo el paisaje que tenía ante mí.

¿Qué le debes a Spielberg por ese papel en Atrápame si puedes?
Él fue el primero en toda mi carrera que me acogió, que por fin me dio la bienvenida. Para mí era increíble estar en aquel set con él y rodeada de esa gente. Y Spielberg nunca mostró ninguna duda sobre la decisión que había tomado conmigo, y eso me dio mucha confianza. Me abrió las puertas de par en par. Si no fuera por él ahora mismo no estaría aquí.

Naciste en Italia, donde tu padre estaba destinado como militar, y pasaste allí tus primeros años. ¿Qué recuerdos tienes de entonces?
La verdad es que no muchos, porque era muy pequeña y enseguida me marché a Estados Unidos, así que tengo más recuerdos de mi infancia aquí. Pero cuando volví a Italia, ya adulta, me di cuenta de que existe una pasión por la estética y por el diseño que yo también siempre he sentido. Fue muy interesante regresar a Vicenza, que es precioso, y plantearme si aquello que formaba parte de mi personalidad tenía que ver con los recuerdos de mis primeros años. 

¿Crees que esto te hace tener una conexión emocional especial con Max Mara, firma de la que eres imagen?
A pesar de que pasé allí poco tiempo creo que he aprendido cosas de los italianos. Tengo una sensibilidad especial en todo lo que tiene que ver con la moda, pero también con otros aspectos de la vida. En la esencia italiana hay una elegancia natural y atemporal que encuentro también en Max Mara. Me gusta pensar que hay algo así en mi personalidad y que transmito eso como mujer.

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Hace unos meses una de tus compañeras, Cate Blanchett, se quejó de la presión que se ejerce en la alfombra roja sobre el físico y la forma de vestir de las actrices. ¿Cómo vives tú esta situación?
Detesto hablar en nombre de otras actrices, pero en lo que a mí respecta estoy totalmente de acuerdo con ella. Los medios ejercen mucha presión analizando y difundiendo cada detalle, sin embargo yo no dejo que esto domine mis experiencias ni controle mi vida. Está ahí, es innegable, pero no me condiciona. 

En realidad ella denunciaba la diferencia de trato entre las actrices y los actores. Las mujeres en Hollywood, además, cobráis menos que los hombres. ¿Percibes cierto sexismo en la industria cinematográfica?
¡Les está empezando a pasar también a ellos! Últimamente analizan cada traje que se ponen, lo que me parece bien, porque así se enterarán de lo duro que es. Pero es cierto que las mujeres siempre vamos a ser evaluadas de manera diferente. No me frustra, es algo que asumo y, la verdad, me preocupa más en lo que tiene que ver con mi hija que conmigo misma. Hago lo que puedo para ir provocando cambios poco a poco y a ella trataré de inculcarle la idea de que lo importante es quién es, que su trabajo será mucho más que los accesorios o los vestidos que lleve puestos, y que, en este sentido, no debería ser diferente a los chicos.    

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¿Cómo se vive la transición entre ser una persona normal y ser parte del star system? ¿En qué momento te diste cuenta de que habías traspasado la línea que separa una cosa y otra?
Hay gente que vive ese cambio de una manera muy clara, yo no. Nunca fui muy consciente. Estaba tan entusiasmada con lo que ocurría en los rodajes que no me planteaba si la gente vería las películas, si después sería conocida o si iba a empezar a perder mi privacidad. Todavía lo vivo con cierta ingenuidad, sé que suena extraño pero, de alguna manera, la transición continúa. La mayor parte de mi vida ha transcurrido alejada del ojo público, así que es algo a lo que todavía estoy tratando de  acostumbrarme.

Trabajaste con Philip Seymour Hoffman en los filmes La duda y The Master. ¿Cómo era?
Me marcó profundamente. Trabajar con él fue una experiencia maravillosa, por su generosidad, por su espíritu... Era alguien que veía de verdad a la gente. No a través de ella, sino dentro de ella. Sin duda, él y Meryl Streep fueron dos de las personas que he conocido que más huella han dejado en mi vida. 

Hollywood suele consumir a gran velocidad actores de moda, estrellas del momento... ¿Cómo lidias con el estrés de una industria tan competitiva?
Hago yoga, hablo mucho con mis amigos y, sobre todo, trato de ponerlo todo en perspectiva. Tengo dos hermanas: una es ama de casa, la otra trabaja fuera y tiene dos hijos, y ambas afrontan los mismos problemas que yo, o mayores, y los solucionan. Eso me ayuda a relativizar. Ellas son mis pilares fundamentales. Diría que las personas más importantes, junto con mi hija. Por otra parte no creo que mi vida sea más estresante que la de otras muchas mujeres que trabajan, tratan de llegar a todo y hacerlo bien.  

Acabas de cumplir los 40. ¿Sufres algún atisbo de crisis?
La verdad es que no. Sólo echo de menos dos aspectos de cuando tenía 20 años: mi metabolismo y mi energía. Hasta ahora he conseguido tantas cosas con las que había soñado que todo lo que pase en adelante me parece un añadido maravilloso. De todas formas, espero encontrar mi lugar.

¿Qué tiene de bueno cumplir años?
Haberme librado de aquellos malos novios que tuve cuando era jovencita. Es fantástico dejar atrás los veintitantos.