Miguel Ángel Silvestre, en la cresta de la ola

Volamos a Los Ángeles para acercarnos a la nueva vida del español que conquista Hollywood. Más feliz y libre que nunca, dice que no tiene prisa por encontrar el amor. Así son las costuras del actor que ‘surfea’ el paraíso.

Lo más popular

Amanece en Los Ángeles, la ciudad donde todo es posible. Hemos venido a conocer la nueva vida de Miguel Ángel Silvestre (Castellón, 1982), que ha puesto un pie en Hollywood tras su fichaje por los hermanos Lana y Andy Wachowski para la serie de televisión 'Sense8'. La historia, centrada en lo que significa ser humano en la sociedad actual y contada por ocho personas conectadas mentalmente, supone el regreso a lo grande de los directores de 'Matrix', esta vez bajo el paraguas de Netflix, plataforma de streaming con sesenta millones de suscriptores. Así celebra sus diez años en la interpretación este amante del surf que ya sabe lo que es ponerse a las órdenes de Pedro Almodóvar, vivir la fama desmedida en el papel del Duque ('Sin tetas no hay paraíso') y desatar huracanes como 'Velvet', un triunfo en toda Europa que puede seguirse en Estados Unidos, ya ha sido comprada en China y en otoño estrena su tercera temporada en España. Llega con la sonrisa puesta, igual que la última vez que lo vi, en Madrid; entonces estaba hilvanándose el corazón después de una ruptura, con esa fe propia de los ganadores en que lo mejor siempre está por venir: «Me han llamado de Estados Unidos. Todavía no puedo contarte nada, pero ¿te acuerdas de aquellos directores que hicieron volar a Keanu Reeves?».

Publicidad

Te dejé haciendo unas pruebas con los creadores de una de las películas de tus sueños. ¿Qué ha pasado en este tiempo?
Que me dijeron que sí. Bambú, la productora de 'Velvet', tuvo que hacer un esfuerzo muy grande y valioso para que yo pudiese compaginar los dos proyectos, porque uno se rodaba en España y el otro, en distintas partes del mundo. Es uno de los mayores favores que me han hecho nunca: gracias a 'Velvet' he podido rodar 'Sense8'. Además, después de escuchar el discurso de Lana Wachowski al recoger un premio de la Campaña Anual por los Derechos Humanos (octubre de 2012), pensé que había que lanzarse al vacío y confiar en nuestra parte vulnerable, que es la que nos hace más bonitos. Hay algo muy modesto en no dejar de intentarlo, en no entregarse a lo que funciona sin más.

Lo más popular

¿Qué aporta estar cerca de los hermanos Wachowski, iconos de la historia del cine por películas como 'Matrix'?
Trabajar con ellos me ha permitido aprender a relacionarme con el fracaso, a confiar en el fallo. Y eso aporta una libertad enorme. Lana y Andy no creen en lo perfecto, sino en tropezar y poner el foco en el proceso de cómo nos levantamos, porque es entonces cuando descubrimos algo nuevo. 'Sense8' ha sido el proyecto donde he controlado menos y he fluido más. Yo intento acertar, pero sé que para eso hay que equivocarse muchas veces. Y a mí me estimula jugármela.

Lito, tu personaje en la serie, es un homosexual que vive en una mentira porque no se permite ser quien es. ¿Cómo fue eso de meterse en la piel de un hombre enamorado de otro hombre?
No hubo ni un solo momento en el que me sintiese incómodo, porque no tengo ningún tipo de pudor ni de complejo. En mi visión del amor entra la admiración, y antes de rodar ya admiraba a Alfonso Herrera, el actor del que me enamoro en la ficción. Y, además, olía muy bien (risas). ¡Era otra cosa que me encantaba! Le decía: «¡Joder, qué bien hueles, hermano!». Pero fue su generosidad con todo el mundo lo que me llevó a adorarlo. Y eso, plasmado de una determinada manera con la cámara, se convierte en amor. Nos hicimos íntimos amigos; sabíamos que la hermandad era la mejor manera de sacar el papel adelante.

Alfonso Herrera es de México, el primer país que permitió el matrimonio homosexual y donde cada día muere una persona por su orientación...
Sí. Teníamos la responsabilidad de divulgar una realidad muy fuerte en México, donde aún no está bien visto ser homosexual. Lo que sufre mi personaje lo padecen muchos mexicanos. Para contarlo bien, habría sido injusto que, cuando nos besamos, hubiese saltado la parte del actor que dice: «Ey, eso no, yo no soy gay». Creo que el actor no debe juzgar nunca al personaje. Además, para mí era importante lo que me ocurría en la ficción: me permitía comparar el drama que sufre Lito con algunos factores de mi vida.

¿Puedes explicarme eso?
Lito vive asustado y yo, de alguna manera, también lo estaba, ¿sabes? Me cuestioné mucho a mí mismo... Tenía muy presentes las cosas que no me gustaban y para nada las que hacía bien. Entiendo el miedo de mi personaje, que es ni más ni menos que el temor al fracaso laboral. Uno piensa que eso es morir en vida, pero creo que el éxito es otra cosa.

¿Sí? ¿En qué consiste entonces el éxito? ¿Cómo se alcanza?
Conquistándose a uno mismo. Tienes que abrazar tus miedos, decirles a tus sombras: «Mirad cuánta luz tenemos». Me he dado cuenta de que no eres mejor por triunfar en el trabajo ni porque las cosas te salgan bien. Eres mejor si te comportas como un amigo de verdad, si escuchas a tu madre, si dices no cuando tienes que decir que no... Eres mejor cuando te quieres. Y, entonces, empiezas a disfrutar más de los cafés al sol, de un ligoteo, de un beso, del surf, de un tropiezo laboral o del exitazo de un proyecto. Así que estoy en un buen momento, pero no porque sea un buen momento profesional, que también, sino porque estoy a gusto conmigo mismo. Aceptarse es igual que volver a nacer.

Publicidad

¿Qué cosas has dejado atrás para convertirte en el actor y en la persona que eres aquí y ahora?
Tenía miedo de que la gente viese que no soy tan guay como el Duque y dejase de quererme. De que viesen al niño que pedía que le dejasen jugar al fútbol en lugar de ser el líder del equipo. Ese es un estrés con el que no puedes vivir. Hasta que un día gritas: «¡A la mieeerda todo!». En ese clic, pensé: «Qué bonito es querer que te dejen jugar, que te salga bien algo, que te quieran un poco». Y empecé a quererme yo más. Me dije: «Igual es que eso de que a uno no le quieran no es pa mí...». Aun así...

Lo más popular

Miguel Ángel, no me dejes en ascuas: «Aun así...» ¡¿qué?!
¡Que no estaría mal que me dejaran jugar al fútbol! (risas).

Un millón de seguidores en Facebook y medio en Instagram. ¿Cómo convives con la visibilidad que implica la fama?
Una de las consecuencias de pensar que no iba a estar a la altura de mi personaje fue que me encerré en mí mismo. Y, de repente, apareció la prensa rosa y me quedé bloqueado. No fui consciente del buen trato que me estaban dando. Ahora veo a los medios con otros ojos: todos han sumado para que siga viviendo de un trabajo que me apasiona.

Treinta y tres años de edad y diez como actor. ¿Tu balance?
Me gusta pasar el día de mi cumpleaños solo. Este último, vi 'Tarde de perros' y 'Pulp Fiction' y luego me fui a tomar un café con tarta a mi sitio preferido. Entonces, miré atrás... Yo era una persona con capacidad de esfuerzo, sacrificio y entrega gracias a mi dedicación al tenis desde los 13 años, pero, por el contrario, tenía una formación muy ligera en otras áreas. Mientras estudié Fisioterapia, tuve que aplicarme más que el resto. Y, cuando decidí ser actor, únicamente había visto 'Pretty Woman', 'Solo en casa' y una obra de teatro que dirigía mi tía. Así que me obligué a devorar tres películas al día para conocer bien el cine español. Siempre llevaba una mochila de desventaja, pero todo es posible. Hoy me siento orgulloso y no sé por dónde empezar a dar las gracias, porque detrás de mí hay mucha gente que me ha apoyado. La vida me cuida un montón, siento que todos los días me concede algo positivo.

¿Qué me dices de tu inglés?
Llevo toda la vida estudiándolo. Antes, cuando me salía un buen trabajo, pensaba: «Venga, con esto me pago un mes de clases intensivas». Creo que es la mejor inversión, porque te permite comunicarte. En Los Ángeles, si me encuentro con latinos en el supermercado, les digo que soy griego. ¡Porque, joder, sólo me faltaba ponerme a hablar aquí en español! (risas). No, no he encontrado ningún problema en el idioma. Y con 'Sense8' he aprendido aún más. Ya tengo un nivel lo suficiente elevado como para disfrutarlo, aunque todavía no he soñado en inglés. Mi madre también se ha puesto a recibir clases aceleradas. Ahora está aquí, conmigo, y creo que vendrá a menudo, porque la veo muy integrada. Estudio en casa con ella y luego la llevo a las cafeterías. Le digo: «Mamá, practica, pide el desayuno». Y ella se lanza: «‘Café olé’ for me and my son».

¿Crees que María, tu madre, es la mujer de tu vida?
Por supuesto. La adoro y la admiro mucho. Como tantas otras madres, representa una época en la que se impuso la idea de que el hombre estaba por encima. Se ha reinventado como mujer: aprende idiomas, conduce sola por un país que no es el suyo... A mí se me cae la baba, no sólo por ella, sino también por comprobar que hay tiempo para las segundas oportunidades. Y eso sirve para todos.

¿Cómo es un día de tu vida en L.A.?
Más solitario que en Madrid, pero eso a mí me gusta mucho. Soy de extremos: o muy solo o muy acompañado.

¿Qué visión tienes de España con el Atlántico de por medio?
Acabo de firmar un contrato por varios años para trabajar aquí, pero en mi país hay muchos directores que me gustan, y eso no me lo quiero perder. Y echo de menos a mis compañeros de 'Velvet', a Paulita Echevarría, que es mi princesita... Así que voy a compaginar Estados Unidos y España.

Trabajo, éxito, dinero... ¿Qué me dices del amor?
Pues que, de momento, no me he enamorado. Nada.

¿Pero nada, lo que se dice nada de nada?
No. Y mira que me han sacado novias. Pero ahora no estoy enamorado. Nada enamorado. Es cierto que tengo muy buenas amigas, pero ninguna de ellas es mi pareja. De hecho, cuando nos lían, las llamo y les digo: «¡Ey, ya nos han vuelto a ennoviar!». Entonces, nos reímos un rato. Sí, en esto no tengo prisa. Cuando llegue el amor, llegará.