Un cuento de Kate Morton

Autora de ‘El jardín olvidado’ y madre de tres hijos, es la escritora australiana más vendida y una de las grandes 'bestsellers' mundiales. Disfruta ya de este cuento que ha escrito inspirado en su propia infancia.

Con el rostro de una modelo, la altura de un avatar y la sonrisa de un niño en los ojos, tan sencilla como sabia, Kate Morton es una de esas mujeres genio. Para muchos, la escritora del momento: más de 10 millones de ejemplares vendidos de sus adictivas novelas victorianas en el planeta (un millón y medio de ellos en España) certifican su sólida reputación de superventas. Ahora publica 'El último adiós' (Suma), una historia habitada por personajes pintorescos que combina el romance con el misterio y reúne lo mejor de El jardín olvidado, Las horas distantes y El cumpleaños secreto. «Todo el mundo necesita guardar algún secreto», dice esta madre de tres hijos, esposa enamorada y amante de la lectura. Quedamos con ella en Madrid para descubrirla y entrevistarla; puedes encontrar la conversación completa en nuestro número de enero, y aquí va un avance:

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DE MADRE A AUTORA
«La experiencia de ser madre ha mejorado mi forma de escribir, a mí como persona y a mis personajes. Ver a través de otros ojos te enseña a ser más comprensiva, y eso es muy útil para un autor».

MUCHO MÁS QUE LECTURA
«El poder de los libros en casos de conflicto es muy grande: muestran puntos de vista diferentes y son capaces de unir a las personas. Leer nos enseña y nos ayuda a ser más empáticos»

Lo más popular

MÉTODO DE TRABAJO
«Escribir no es una ocupación que acabe cuando apagas la luz del flexo, es algo que siempre está ahí. Un amigo me dijo en cierta ocasión: «Lo tuyo es como tener trabajo pendiente el resto de tu vida». 

¿QUÉ COSAS TE HECHIZAN?
«El primer café de la mañana, una copa de vino tinto recién servido y caminar. Me gustan las cosas que me permiten sentir y pensar al mismo tiempo».

EL SECRETO DE SU ÉXITO
«Cuando escribo persigo una sensación que tenía de pequeña: la de desaparecer en las historias que estaba leyendo. Cada vez que redacto vuelvo a experimentar esa sensación. Siempre espero que los lectores, al abrir mis libros, vivan dentro de otro mundo. Que ese mundo les haga respirar de tal manera que, cuando cierren el libro, echen de menos ese lugar como si de verdad existiese».