Hechizo gallego

El escritor lanza ‘El último día de Terranova’, una gran historia sobre el paso del tiempo y las tempestades existenciales. Aprovechamos la ocasión para citarnos con él y desgranar las entrañas de su obra.

Lo más popular

Manuel Rivas (La Coruña, 1957) aterriza en Madrid con la poesía de la naturaleza gallega en su maletín. Con él bajamos hasta las profundidades de su nueva obra, 'El último día de Terranova', editada por Alfaguara, donde robamos algunas perlas de su texto para engarzar una entrevista inusual.

«Lo que está a punto de hundir (la librería) Terranova es una tempestad». Las librerías desaparecen; sin embargo, la gente lee más que nunca.
Esa tempestad que afecta a las librerías es una crisis existencial. Lo que se cuenta en esta historia es la desaparición de los lugares donde se produce el encuentro humano. Donde hay memoria, emoción, sollozo, risa... Para que una ciudad exista tiene que haber librerías, tabernas, lugares presenciales de encuentro. Si no, lo que estamos es todos metidos en un gran escaparate.

Publicidad

«Imagina que la mentira se convierte en una creencia apoyada en una supuesta verdad». ¿Así ves la sociedad hoy?
Sí. Para mí hay un relato oficial sobre la situación económica que es un disfraz de una economía canalla. Lo que está debajo es el abaratamiento del ser humano. Y no sólo desde el punto de vista salarial, sino del sentido general, de unos valores, de compartir, de solidaridad. Es la realidad. Al final, lo que se fomenta es la lucha por el mejor camarote del Titanic.

Lo más popular

«Se van creando zonas de miedo y luego es muy difícil limpiarlas, (...) porque el miedo se queda en las zonas». ¿Cómo ves el futuro de Europa tras los sucesos en París?
Yo soy bastante panteísta y me parece que la tierra se expresa. Hay lugares donde notas la alegría y otros donde se instala el miedo. En el mar, que es extraordinario, hay dos espacios contrapuestos: el almeiro o cardumen, el lugar de la vida, adonde van a hacer las puestas los peces, y otro que los pescadores llaman «las marcas del miedo», los lugares esquilmados donde no crece nada. En el libro hay un personaje que habla de una granja de pollos y dice: «Lo que pasa con los animales más débiles, lo que les lleva a morir es el miedo, porque se aplastan entre ellos. Si no tuvieran miedo, tendrían comida para todos o podrían ayudarse. Pero el miedo les ciega». Por eso es tan importante entre la gente frágil e indefensa la idea de la solidaridad, de la unión, porque eso es lo que permite vencer el temor.

«Preguntó qué había que hacer para escribir una novela: perder 15 kilos, fumar 80 atados de tabaco y tomar 3.000 litros de café». ¿Esos datos tienen algo de autobiográfico?
Yo creo que está bien calibrado para una novela (risas).

«Es imprevisible la relación entre vida y lecturas». ¿Qué te sorprendes leyendo?
Las pintadas de los váteres y algún grafiti, como el que vi en La Coruña: «No sé qué pensás vos, pero para mí sos perfecta». Es increíble lo que se puede decir en un solo verso, ¿no?