Sí, soy soltera, ¿y qué?

En el ensayo 'Solterona', la escritora estadounidense Kate Bolick plantea la necesidad de cuestionar las convenciones sociales que estigmatizan a las mujeres que viven con independencia, sin casarse y que quieren construir su identidad sin tener nadie a su lado. Solterona, sí, y a mucha honra.

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Estás en torno a tus 30 años, y comienza el martirio: “¿No tienes novio? Pues ya es hora de que te busques uno, que te vas a quedar para vestir santos”. Si lo tienes: “¿Cuándo os casáis? Ya es hora de que forméis una familia”. Y si llegas a los 40 soltera e independiente, la tortura se incrementa y siempre hay quien te suelta la dichosa frase: “Se te va a pasar el arroz”.

Este tipo de arquetipos sociales son los que desafían día a día las 'spinsters', mujeres que están convencidas de ser solteras, quieren disfrutar su independencia y no tienen en sus planes casarse. De las 'spinsters' –traducibles en castellano como 'solteronas'– habló hace cinco años la escritora estadounidense Kate Bolick en 'All the Single Ladies', un artículo con título de Beyoncé que revolvió las tripas de su (aún) conservadora sociedad.

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En él, planteaba que la situación socioeconómica de principios de siglo XXI, con la mujer asentada en el mercado laboral y con la adopción de medidas de control de natalidad, podría permitir “abrazar nuevas ideas sobre el romance y la familia y reconocer el fin del matrimonio 'tradicional' como ideal supremo de la sociedad”. Es decir, ¿y qué pasa si decido quedarme soltera? ¿No sería la evolución lógica del feminismo?

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Una idea que desarrolla en su nuevo ensayo, 'Solterona' (Editorial Malpaso, 22 €), en el que aborda con humor su propia experiencia vital: cómo de joven tenía pensado casarse antes de los 30 pero, cuando llegó el momento, se encontró con otras cosas mejores que hacer. El matrimonio, simplemente, molestaba.

Ese descubrimiento personal lo hizo sumergiéndose en la vida de las que llama sus 'despertadoras': Edna St. Vincent Millay, Maeve Brennan, Edith Wharton, Neith Boyce y Charlotte Perkins Gillman. Sus escritos, la actitud, de todas estas mujeres que vivieron en la primera mitad del siglo XX, le hicieron reflexionar y decidir llevar una vida independiente, sin que nadie fuera responsable de construir su propia identidad. Todas ellas fueron “librepensadoras, con un criterio independiente y capacidad de autodeterminación, pioneras”, describe Bolick. 

La presión del 'statu quo'
“Por primera vez en la historia, más de la mitad de la población no está casada y esa realidad está modificando la estructura de la familia y la política a escala global”, asevera la escritora estadounidense, colaboradora en medios como ELLE US, The New York Times o The Wall Street Journal. En España, parece seguirse la tendencia: en 2015, aumentaron en un 4% los hogares unipersonales y en un 1,6% los hogares con parejas de hecho.

Según unos datos publicados por El País en 2011, el matrimonio es la expectativa mayoritaria para los jóvenes de 15 a 24 años: "El 39,5% preferiría casarse por la Iglesia, el 16,8% por lo civil; el 12,7% haría una pareja sin papeles, el 8,9%, con papeles". Y eso genera una presión terrible. “El mundo ha cambiado mucho, pero todavía hay gente que continua viviendo acorde a nociones pasadas de moda sobre lo que significa una vida feliz”, responde Bolick. “El complejo industrial del matrimonio es muy poderoso y real, y si formas parte de un círculo social en el que se prioriza la boda es bastante probable que internalices ese sistema de valores y que te valorarte a ti misma de acuerdo a él”.

Es decir, puede darte un bajón de autoestima si cuando llegas a una determinada edad, te ves sin pareja o sin visos de casarte. Pero Bolick contraataca: “Me parece una desgracia que tu autoestima dependa de eso. El matrimonio no es un logro o un premio. Puede ser maravilloo, pero otros son errores lamentables. No hay ninguna razón para casarse porque sí; vivir sola en este mundo moderno nuestro puede ser una experiencia increíble”.

Sin embargo, Bolick insiste en que no quiere emprender una lucha contra el matrimonio, sino en reconocer que, al margen de su estado civil, lo de 'solterona' debe ser un estado mental, una actitud vital: “La independencia sienta bien. Te vuelve una persona más fuerte y, si quieres, te convierte en una pareja también más fuerte. Tras diez años viviendo sola he vuelto a tener una relación estable, y estoy muy feliz, y esto es así porque he aprendido a cuidar de mí misma, emocional y financieramente y, con el paso de los años, he construido una profunda y sólida red de amistades y he consolidado mi carrera”.

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¿Independencia o soledad?
Hay un punto por aclarar: ¿ser soltera supone soledad? Para Bolick, “es muy importante que las mujeres solteras que se sienten solas vean que NO lo están, sino que son parte de un gran cambio demográfico”. Para ello, la herramienta puede ser las redes sociales, para tener contacto con otras personas. En todo caso, la soledad no se debe temer, sobre todo si la has elegido tú: “Te debe servir para conectar con tus propios pensamientos, para trabajar en algo que te sea significativo o para preparar una buena comida. Lo peligroso es el aislamiento social radical. Las conexiones familiares y con tus amistades son vitales para llevar una vida de soltera sana”, señala.

Esa mentalidad por la soltería procede, en muchos casos, de estereotipos procedentes del 'mainstream': “La patética y desesperada Bridget Jones es una representación bastante exacta de cómo mucha gente percibía a las mujeres solteras (incluso muchas de ellas) a finales de los 90-principios de 2000, mientras caía la tasa de matrimonios y el orden social comenzaba a cambiar; fue una época confusa”, asevera.

Pero los roles enseguida empezaron a cambiar: “Carrie Bradshaw es una representación bastante limitada, pero fue radical en el sentido de que las mujeres solteras podían ser independientes, autosuficientes y felices”. Afortunadamente, ahora tenemos una gran abanderada entre nosotras: “Beyoncé es la responsable de que el feminismo sea ahora mucho más popular que nunca antes”, reconoce.

Y a pesar de ese 'mainstream', las circunstancias son diferentes según qué país, por lo que ha podido investigar la escritora: “En términos generales, cuanto más socialista es un país, más receptivo es con las solteras. En América, por ejemplo, donde el capitalismo es el rey, el matrimonio recibe beneficios para el seguro médico y una reducción de impuestos, lo que sirve de incentivo; mientras que en Canadá, donde hay Estado de Bienestar muy potente, es más fácil para la gente vivir sola y no depender del matrimonio para conseguir una mejor atención sanitaria”.

Así que ser una mujer soltera mola. Quítate las cadenas. Busca tu lugar en el mundo y disfruta, hasta que llegue el momento (o no) de la pareja. “Es fundamental que una aprenda a ser honesta consigo misma, pero también con las personas que están más cerca de ti; y esto es, además, un reto”, concluye Bolick.

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¿Sufres cuando te llaman 'solterona'? Aquí va un consejo

"Si quieres casarte algún día, debes saber que, hablando estadísticamente, mucha gente al final se acaba casando. Entretanto, el tiempo que se pasa en soledad es un tesoro muy valioso. Aprender a vivir por ti misma, cultivar amistades y relaciones sexuales o dedicarte a tu vocación son actividades que resultan placenteras y son un fin en sí mismas, independientemente de si te acabas casando o no. La soledad es una cosa real, pero se puede combatir. Échate al mundo. Dedícate a las cosas que te producen curiosidad. Lee libros y ve películas y déjate llevar por ideas nuevas. Hay mucho por hacer y muy poco tiempo. El amor romántico es maravilloso cuando sucede, pero hay muchas otras formas de amor que pueden servirnos de sustento. Es una suerte estar viva. Así que aprovéchalo".

Kate Bolick, para Elle España.

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