El mito de Pablo Escobar

​Narcotráfico, homicidio, lavado de dinero, terrorismo, secuestro, extorsión... Al verdadero Pablo Escobar no le faltaban cargos criminales, pero la serie 'Narcos', supuestamente biográfica, le retrata con un halo de 'glamour' que enamora a cualquiera. Dos expertos nos dan su opinión sobre tal idealización. ¿Qué ha podido pasar?

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Según la RAE, idealizar es "elevar las cosas sobre la realidad sensible por medio de la inteligencia o la fantasía". Y eso es, sin duda, lo que ha hecho 'Narcos', la serie de Netflix en la que, a través de la vida de Pablo Escobar, el narcotraficante creador del cártel de Medellín, pretende "relatar los sangrientos enfrentamientos en la década de los 80 entre los capos de las drogas y la fuerza legal, política, policial, militar y civil por la invaluable cocaína", asevera la cadena.

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Lo cierto es que hay una gran distancia entre lo que narra la serie y los acontecimientos que realmente ocurrieron. El hijo mayor del narcotraficante, Juan Pablo Escobar, ha sido una de las voces más activas que han denunciado la inexactitud de 'Narcos': en su perfil de Facebook desgranó 28 mentiras de la segunda temporada y en entrevistas como esta o esta no ha dejado de atacar a los guionistas por sus falsedades.

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'Narcos' ha sido capaz de convertir a un delincuente que carga con más de 4.000 muertos a sus espaldas (según la documentación oficial) en un tipo estiloso y lleno de 'glamour', conectado con el pueblo y con un carisma capaz de enamorar a los espectadores. ¿Cómo es esto posible?

"Pablo Escobar es uno de esos delincuentes sin moralidad ni ese glamour que destilan estos personajes en la pantalla. Un bruto egocéntrico carente de escrúpulos. Pero en la serie, parece un héroe romántico, capaz de desafiar a la autoridad", describe Juan Luis Sánchez, redactor en decine21 y secretario del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC). "Escobar fue en la vida real un delincuente cuyas acciones causaron miles de muertos, por la propia droga que produjo y comercializó o por la violencia criminal, pero como personaje en la serie resulta muy atractivo desde el punto de vista dramático", explica Ángel Aranda, guionista de 'El ´angel de Budapest' o 'El ministerio del tiempo', entre otras producciones.

Ambos expertos coinciden en señalar la diferencia al llevar la vida del narcotraficante en la pantalla. Para Sánchez, es un fenómeno habitual desde 1932, año de 'Scarface, el terror del hampa', con la que se establecieron las normas de las películas de 'malos': "Cualquier espectador ha pensado alguna vez qué pasaría si dejara de respetar las normas, y quieren saber qué ocurre cuando uno de estos personajes alcanza la cima rápidamente por métodos sucios. Pero esta gente desata una espiral de violencia y acaba tiroteado. Eso le da al público una razón para no seguir sus pasos, o sea que todo se queda en un sueño puntual", explica.

Parece ser que hay una necesidad de compensar al público que te ha escogido. En opinión de Aranda, "el guionista debe conseguir que el protagonista empatice con el espectador, lograr que quien vea la serie se sienta 'recompensado' por alguna de las facetas de la personalidad del personaje y que hagan de contrapeso a su lado más negativo", señala. En el caso de Escobar, las facetas escogidas han sido "su personalidad arrebatadora y su supuesta cercanía al pueblo más humilde, a todas luces interesada, pero que al espectador le gratifica de alguna manera. Además, la serie como thriller funciona", añade el guionista.

Lo que ellos quieren

Los creadores y guionistas de 'Narcos', encargadas de este sesgo de la vida real de Escobar son Chris Brancato, Carlo Bernard y Doug Miro. Y, para nuestros expertos, tenían muy claro lo que querían contar: "Si hicieran un montaje paralelo entre la buena vida que se pegaba Pablo Escobar y algunas de las numerosas personas que murieron en la época por sobredosis o la tragedia de familias incapaces de reinsertar a jóvenes hijos, obviamente el personaje quedaría a la altura del betún", dice Sánchez."Pero si sólo le presentamos como un bandido romántico, que planta cara a los que mandan, algo que el espectador siempre ha pensado que sería genial, entonces parece otra cosa. Ni a Netflix ni a ninguna otra compañía de la industria audiovisual les interesa rodar historia, sino lo que creen que el público demanda", añade.

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Y eso es lo que pueden querer los espectadores. Has elegido ver una ficción que te satisfaga, y punto. La ficción es ficción y, como dice Ángel Aranda,"quienes quieran ver las historias reales siempre pueden acudir a los documentales". Juan Luis Sánchez apunta que, si te has suscrito a Netflix, es que estás buscando "lo que no te da la tele gratis, historias más desgarradas, pero sin pasarse". ¿Podría ser este giro del guión algo específicamente pensado para las mujeres? Ninguno de los dos lo creen así: "El público femenino de este tipo de productos es inteligente, acepta que se muestren brutalidades, si no es un contenido pueril; es decir, si se muestran también sus consecuencias", explica el secretario del CEC.

Además de un guión que escoge los momentos y los rasgos de personalidad más adecuados, también la dirección artística puede llegar a contribuir a crear esta idealización, ya que sirve para que la serie funcione y sea más auténtica: "Si al personaje Escobar le rodeamos de un entorno de lujo como corresponde a la realidad, será más creíble para el espectador, igual que al personaje de Chanquete el vivir en un barco le añadía credibilidad y le acercaba a los seguidores de la serie", señala el guionista de 'El ministerio del tiempo'. "¿Por qué funcionaron tan bien 'Los Soprano'? Porque además de la faceta mafiosa y delictiva de los personajes se supieron transmitir sus debilidades humanas, que les hacían mortales y les equiparaban al resto de los ciudadanos", añade.

¿Cuestión de cultura?

Al ser Pablo Escobar un personaje desconocido para los 'millennials' y poco conocido para los que pasan de los 40, ¿es más fácil mentir? En opinión de Juan Luis Sánchez, "si hubieran cogido a una figura más conocida colaría menos, si yo hiciera una peli en la que Adolf Hitler en realidad fuera pacifista, pero con mala prensa, la gente me pondría a caldo, no se creería nada. Pero si cojo a un personaje desconocido, queda el beneficio de la duda".

Pablo Escobar, en una foto tomada en la cárcel de Envigado a principios de los 90.

Pero, ¿cuál es el mecanismo para idealizar? Según los expertos, la clave está en la misma narración y en quién la enfoca. "Si yo te cuento una historia sobre mí, siempre quedo bien, habría que escuchar a las demás personas participantes. De la misma forma, aquí se da el punto de vista de Escobar, o de unos agentes de la DEA a quienes les impresionan sus 'hazañas', por lo que el narco queda muy bien", apunta Sánchez. Tampoco hay que despreciar la opinión de los espectadores, porque, para Ángel Aranda, cada uno ya tiene "una opinión de la persona en cuestión o de los hechos que le rodearon".

Juan Luis Sánchez recuerda un western, 'El hombre que mató a Liberty Valance', para mencionar una frase del guión que podría resumir todo este artículo: "Si la leyenda se convierte en hechos, imprime la leyenda". Está claro que la ficción es mucho más atractiva que la realidad, aunque en este caso, no la superó.